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Inicio » Entrevista » Alberto Campo Baeza: «No entiendo la posesión privada de arte»

“¿Cómo podríamos vivir sin la Belleza? Es para el ser humano tan necesaria como el aire que respiramos. Sin ella, esta vida no merecería la pena ser vivida” proclama Alberto Campo Baeza (Valladolid, 1946) en un manifiesto en defensa de las Bellas Artes en la enseñanza. “Un profesor tiene que saber cómo encender de conocimiento el alma y el pensamiento de sus alumnos, cómo transmitirles el fuego sagrado de la Cultura. Y para mantener encendido ese fuego, la búsqueda de la Belleza, las Bellas Artes son imprescindibles”, sostiene este Catedrático Emérito de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid (ETSAM), que, a su larga lista de honores, acaba de sumar el Premio Nacional de Arquitectura. En 2014, Campo Baeza ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con un discurso cuyo título era el resumen perfecto de los afanes de toda una vida: “Buscar denodadamente la Belleza”, una aspiración que este “maestro de la luz”, nacido en Valladolid pero criado en Cádiz, ha hecho realidad en edificios como el Museo de Caja de Granada, el Museo de la Memoria de Andalucía, la Guardería para Benetton en Venecia, la Casa Olnick-Spanu en Nueva York o el Centro de Conservación para el Museo del Louvre en Lievin. En su horizonte inmediato se perfila un proyecto que le tiene especialmente entusiasmado: “Es un centro de arte metido en el mar, entre las rocas, en la playa de El Tecuán, en Jalisco, México, que haré con el arquitecto mexicano René Pérez Gómez.”

Campo Baeza