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Inicio » Entrevista » Andreu Alfaro, poeta de acero y hierro

Mientras Andreu Alfaro (Valencia, 1929) prepara una exposición para el centro de arte valenciano que él mismo impulsó, el IVAM, la Galería Principal Art de Barcelona presenta una exposición de obras de diversas épocas. Alfaro, Premio Nacional de Escultura 1981, fue uno de los fundadores del Grupo Parpalló en los años 50, trabajando des- de Valencia para salir del árido panorama que había dejado la represión franquista, tratando de recuperar el espíritu de las vanguardias europeas en la España de posguerra. El escultor valenciano ha sido -y sigue siendo- uno de los artistas de trayectoria más comprometida socialmente y con su tierra; sus constantes referencias a la libertad y sus homenajes a Raimon, Miguel Hernández y Joan Fuster son una muestra de ello. Conocido principalmente por sus esculturas de tubos y varillas en parques y jardines de muchas ciudades, fue uno de los pioneros en la utilización de materiales industriales, como su popular acero inoxidable. Marga Perera

¿Qué repercusión tuvo el grupo Parpalló, a finales de los 50? Creo que no tuvo mucha importancia, pero llamó la atención porque fue un intento de abrir un camino. Después (ahora) se le ha dado mucha más importancia y por ello creo que si se le ha dado es porque realmente la debió tener. Yo ya no recuerdo muy bien, pero me parece que éramos Doro Balaguer, Monjalés y yo los que abrimos el grupo Parpallò, pero ahora resulta que todos estaban y que todos pertenecieron. Perdona, pero no puedo aclararlo demasiado bien.

¿Qué contribución tuvo usted en la creación del IVAM? Consideré que sería interesante un centro de arte; entonces Ciprià Ciscar era Conseller de Cultura y se creó el IVAM, y fue importante no sólo aquí sino también en Europa.

¿Qué influencia tuvo el IVAM? Se había pasado de la historia conocida a una situación en que la gente pensaba que había cambiado, pero era igual en todo el mundo; El IVAM significó en Europa un gran cambio, París se cambió por Nueva York, y esto ocurrió, según yo creo, por la introducción, dentro de los hombres importantes del IVAM, del nombre de Vicente Todolí, que yo conocí en Nueva York trabajando, creo yo que para aprender, en el Whitney Museum, y aprendió demasiado y lo trasladó a Valencia, y fue también un personaje muy importante en el IVAM.

¿Qué es para usted la escultura? Es una forma de expresarme…

Usted empezó como pintor, pero lo destruyó todo cuando empezó con la escultura… Sí, destruí toda la pintura; fue un error, ahora me gustaría conservar alguna, pero ya está hecho.

Sus referencias fueron el constructivismo ruso y Oteiza Sí, el constructivismo formalmente, pero Oteiza ha sido para mí el más importante de los escultores. Sus Muebles metafísicos son realmente esenciales. Para mí, ideológicamente, Oteiza es más importante.

¿Qué cree que le une al minimalismo? Bueno, no debían saber dónde colocarme y decían que era precursor del minimalismo, y yo no sabía ni que existía. Simplemente, yo creía que se podía trabajar con pocos materiales y decir lo mismo, e incluso más, con el mínimo de recursos.

Usted empezó a trabajar con materiales de producción industrial, como planchas, varillas, barras y tubos Realmente fui uno de los introductores de los materiales industriales en la escultura; fui el primero en trabajar con acero inoxidable; después trabajé también con otros materiales más propios de la escultura, como madera y piedra, pero lo más característico de mi obra son los materiales industriales tal como son, trabajándolos de forma peculiar, sin ensamblarlos con tornillos.

Algunos de sus objetivos son el compromiso social con su tierra, con su historia y con la lengua catalana Esto es una parte de mi trabajo, lo que yo tenía que expresar: mi tierra. Nunca he hecho las cosas porque sí, siempre hay una razón u otra. Yo no soy abstracto, aunque sí en el resultado final porque utilizo medios de producción industrial. Por eso ha sido muy difícil que me aceptaran, no ha sido fácil que me entendieran y hasta hace cuatro días yo era casi desconocido, pero no me ha preocupado nunca ni me preocupa ahora; esto me ha pasado porque creo que nadie tiene que darme nada, cuando trabajo no pienso en si me van a dar un premio o no; nunca he buscado la satisfacción de ser importante porque se es o no se es.

¿Cómo ve el compromiso político en el arte? No se puede politizar el arte, pero sí el artista. Mi obra ha estado comprometida siempre y lo está todavía. Es un compromiso de izquierdas porque me preocupa la gente que sufre, pero es difícil ser de izquierdas y triunfar, por eso me ha costado tanto. Creo que un gobierno socialista siempre es más comprensivo en determinadas cosas. Las ideas no son abstractas, son reales; si son metafísicas, sí son abstractas. Si pienso en catalanismo, no es en sentido mítico con demasiada pasión, pero tengo que decirlo porque es bueno para todos.

¿Qué pasa con la polémica entre catalán y valenciano? Toda la polémica es para apartarnos de los catalanes. Los leridanos iban con Jaime I a la conquista de Valencia, he pensado si no habrá un recuerdo ancestral leridano de las cosas que nos han pasado.

¿Solución? Muy clara, pero no se hará nunca; es como los vascos, nadie discute si tienen derecho a ser vascos. La Península Ibérica es un territorio muy particular, con muchos territorios de historias diferentes.

¿Qué le une a poetas como Raimon o Joan Fuster? Son poetas en los que yo creo. A Raimon me une el hecho de que él ha nacido en Xàtiva, parte importante de mi país; además, tiene una fuerza que, cuando canta, acaba dominando totalmente al auditorio, a mí me pasa. En los años 60, hice un cartel de Raimon abriendo la boca, era El grito.

Uno de los objetivos de las vanguardias fue acercar el arte a la vida, ¿cree que en su caso es una realidad? Siempre he hecho lo que la vida me ha pedido; no he hecho nada que no estuviera relacionado con mi vida y mi tierra.

Ahora está preparando para el IVAM una exposición de homenaje a Joan Fuster… Sí, fue un hombre extraordinario, muy inteligente, al que recordaré toda mi vida; fui amigo suyo, iba cada semana a “confesarme” porque él era muy sabio y siempre sabía contestar.

Ha hecho también un homenaje a Goethe… Me parece una persona muy consecuente con lo que decía y hacía y esto lo valoro mucho; fue un personaje muy importante en mi vida.

Lo más conocido de usted son sus “Generatrius”, ¿es de lo que está más orgulloso? Quizás es la ilusión de estar más cerca de la tecnología y se ha copiado mucho, incluso arquitectos de renombre internacional me han copiado. Las Generatrius han sido una parte de mi trabajo, pero en ningún caso he querido hacer una marca; he dedicado también trabajos al cuerpo humano porque me ha interesado mucho.

¿Qué hace ahora? Ahora trabajo por encargo. Voy cada día al taller pero me interesa menos porque lo que yo quisiera hacer ya no puedo hacerlo.

Hablando con usted se ve que es muy modesto… No, no… soy lo que soy.

De sus grandes esculturas ¿cuál le gusta más? La que más me gusta es la que está en Madrid, en la salida de la carretera hacia Burgos, en la Vaguada; son arcos que van hacia un lado y hacia otro, se parece mucho a la que hay en Barcelona delante del puerto, una escultura muy difícil porque por debajo pasa la autopista. De la escultura de Madrid se ha hablado muy poco, pero yo tengo un gran recuerdo porque cuando la montamos, muchas mujeres bajaron de las casas felicitándome y abrazándome, fue muy emocionante.

Andreu Alfaro