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Inicio » Archivo » Antonio López: “Me pongo nervioso cuando se subastan obras mías”

Es difícil llegar, pero una vez en la calle madrileña en la que reside el pintor Antonio López (Tomelloso, CIudad Real, 1936) nos invade una extraña serenidad. ¿Seguimos en la ciudad? Sí, aunque el silencio, los árboles y el poco movimiento del barrio nos indiquen lo contrario.
Antonio López, es, hoy en día, el pintor español más reconocido, admirado y cotizado del mercado. Sus cuadros hiperrealistas, han conquistado las mentes más avanzadas y han emocionado por la exactitud de su trazo, la minuciosidad con la que reproduce el más mínimo detalle y su perfecta asimilación del color.
Lo suyo es vocación. A los trece años, visitó junto a sus padres y su tío el pintor Antonio López Torres, el Museo del Prado donde por fin pudo contemplar las pinturas de Velázquez, el pintor que más influencia ha ejercido en su obra. A partir de ahí, empezó a pintar junto a su tío. Desde entonces, Antonio López será siempre un apasionado de Velázquez.
En 1949 se trasladó a Madrid para preparar su ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí conoce a Amalia Avia, Lucio Muñoz, con los que conformó lo que se ha venido a denominar Escuela Madrileña.
En 1969, fue profesor encargado de la Cátedra de Preparatorio de Color en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En 1985 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
En enero de 1993 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y en 2006, recibió el Premio Velázquez de las Artes Plásticas. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta la exposición más grande y más ambiciosa dedicada al pintor castellano. Comisariada por María López, hija del artista, y Guillermo Solana, director de la pinacoteca, reúne unas 130 obras, entre pinturas, dibujos y esculturas, que recorren toda su vida como artista.

Háblenos de su día a día y del tiempo que le dedica a la pintura…
En este momento poco. No son horas las que le dedico a la pintura sino la vida. Siempre ha sido así. Empecé a los 13 años y desde entonces, lo único que he hecho ha sido pintar, influenciado por mi tío Antonio López Torres.

Al ver el detallismo en su cuadros, se diría de usted que es una persona metódica, ¿es eso cierto?
Todos somos metódicos. Aunque tengamos una profesión que nos guste, siempre tiene que existir una rutina diaria. En el arte, pese a su fama de lo contrario, hay mucho método y rigor.

Se ha dicho de usted que pintaba siempre en su estudio con música. ¿Sigue trabajando de esta manera?
En absoluto. ¡Hace años que ya no pinto con música! De hecho, en mi estudio, ya no pongo ni un disco. Me he hartado de la música, de los sonidos, de los ruidos de fondo. No tiene nada que ver con los ruidos propios del espacio. Esos me gustan, no me molestan. Si estás en la calle, por ejemplo, con los ruidos de los coches, de la gente y en tu estudio con los del entorno, con tu propio sonido.

¿Donde busca la inspiración un pintor realista como usted?. ¿En lo que ve exclusivamente? ¿Hay lugares que le inspiren en especial?.
Yo me inspiro en todo lo que pueda ayudarme a encontrar un tema o una forma de relacionarme con la vida, con lo cotidiano, y en ese campo de trabajo, entra todo. Desde las noticias, hasta lo que lees, lo que ves, las películas… pero sobre todo la vida que llevas. Uno puede ser “mirador o inspirador”. Siempre hay algo que te llega, que te conmueve, incluso el trabajo de otro pintor. Todo lo que te rodea. He pintado básicamente donde he vivido, en mi pueblo de Tomelloso y en Madrid. En otros lugares he trabajado poco y de una forma episódica. Necesito tiempo para realizar un cuadro y nunca he estado el tiempo suficiente en otros sitios que no fueran los ya mencionados. En Nueva York, por ejemplo, pasé varios días, en Roma también, pero una cosa es ver y otra ponerse a trabajar. He intentado utilizar fotografías, es algo que hago a veces, pero no me sirve mucho para trabajar.

¿Qué momentos recuerda como los más importantes en su vida artística?
¡Cuando uno tiene 75 años, hay muchos momentos que recuerdo como maravillosos! Algunos tienen relación con la pintura, con el amor, y con muchas otras cosas. Si hablamos de pintura, quizá lo más emocionante de mi vida profesional fue mi ingreso en la Escuela de Bellas Artes. Eran los años 50, y tuve que presentar un dibujo. Fue muy importante ya que decidió mi profesión.

¿Se considera usted coleccionista?
No, aunque tengo una colección de pintura contemporánea, en general de mis compañeros, bastante importante. Pero no me considero coleccionista.

Habiendo cultivado durante tantos años el realismo, ¿le fue difícil abrirse camino en el mundo del arte, sobre todo en un momento en el que imperaba la abstracción?
Siempre es difícil. Para todos. Ya seas realista o abstracto. Casi todos los pintores tienen que compaginar su vocación con otros trabajos. El mundo del arte es difícil, aunque te vaya bien.
Yo tengo la suerte de poderme dedicar al arte exclusivamente.

¿Considera que el arte español es un arte local o es importante para un español exponer en el extranjero?
Lo primero a lo que te abres es a lo más cercano. Para salir al mundo necesitas encontrar oportunidades y estas vienen más tarde. Hay gente que salió de España porque aquí no encontraba un medio apropiado. Es difícil programarlo con anticipación, normalmente viene dado por la vida. Pero esa especie de emigración ha existido siempre. Velázquez, por ejemplo, pasó de Sevilla a Madrid buscando un mundo mejor. El Greco también. Picasso. Miró. Dalí. Yo también. Es una especie de exilio dentro de tu propio país que ya significa mucho.
Lo importante para un artista es poder vivir de su trabajo. Por mi parte, si tengo que exponer en el extranjero, lo hago. Me da igual siempre y cuando viva de mi profesión. Si tu tierra te da, no sales fuera. No es algo voluntario sino una necesidad.

Madrid desde Torres Blancas, es una de las vistas urbanas de Madrid más importantes de su producción. Es un monumental óleo sobre tabla (1,45 x 2,44 mts), que pintó entre 1976 y 1982. Se vendió en Christie’s en 2008 por 1,74 millones de euros, y le coronó a usted como el pintor español vivo más cotizado. ¿Qué sintió al saber que un cuadro suyo había alcanzado un récord mundial?
Cuando salen mis obras a subasta, normalmente, me inquieto. Bastante difícil resulta vender algo una vez, ¡ni le cuento conseguirlo dos veces!. Además no todo lo que sale a pujas se vende, por eso yo lo vivo con inquietud y desasosiego. Cuando sucede algo como lo de Madrid desde Torres Blancas es un gran alivio. Sientes como si hubieras superado un salto. Aunque no es lo más hermoso de nuestra profesión.

¿Piensa que su tío Antonio López Torres y su mujer María Moreno, han alcanzado el reconocimiento que merecen?
No lo han alcanzado. En esto no hay justicia. Hay gente que no tiene el reconocimiento que merece y en cambio otros tienen demasiado, más del que se merecen. Los méritos no se pueden medir en el mundo del arte, de manera que la justicia no se da siempre, ni con los años. La justicia no se cumple ni dentro ni fuera del arte.

Usted ha impartido durante cinco años clases de color en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. ¿Considera al color el componente esencial del cuadro?
El color, igual que la forma para la escultura y los sonidos para la música, es la pintura. Para mí es la clave de un cuadro, lo más importante sobre la tela.

¿Se puede descubrir a Antonio López a través de su pintura?
¿Mi manera de ser? Pues si el espectador es muy inteligente, sí.

¿Qué consejos daría a un joven que quisiera hoy en día convertirse en pintor?
Mejor no darle ninguno. ¡Que se las apañe como pueda!. No creo que los consejos sirvan de nada. Si a esa persona la quisiese yo muchísimo, más que consejos, hablaría con él. Vería a través de lo que hace, si tiene condiciones para convertirse en artista. Le hablaría de la parte positiva y negativa de lo que yo conozco. ¿Consejos? Creo que no le daría ni uno.

¿Tiene la pintura hoy alguna función social?
A algunas personas, como a mí, nos mejora la vida. Pero la función social, ahora mismo, creo que pertenece al mundo de la ciencia exclusivamente. Cuando hay problemas gordos, el mundo de la ciencia es el que interviene.

LA HEGEMONÍA DE LA ABSTRACCIÓN
“Al realismo hace tiempo que no se le trata de una forma justa –proclama Antonio López- Hay excepciones, pero se le ponen demasiadas pegas. Incluso en las facultades no se imparte el realismo al nivel de los otros lenguajes. En mi época ya se consideraba que la fotografía suplía la forma de representar el mundo cotidiano, visible. Y que la pintura estaba para representar más los deseos, los anhelos, los sueños, las situaciones mentales y espirituales, pero no el mundo objetivo. Pero esto ha sucedido siempre, incluso a Velázquez le ponían pegas por no representar el mundo imaginativo. En el arte han existido dos tendencias claras. Una es la objetiva, la que tiene que ver con el mundo de la representación, tal y como se presenta ante los ojos del espectador. La otra, es aquella en donde los sueños, la imaginación, la fantasía, intervienen en mayor medida. Ahí, en esos dos espacios, se ha movido el arte. Ahora las cosas se han complicado aún más porque ha surgido un nuevo lenguaje pictórico, completamente alejado del mundo objetivo. Es la abstracción la que impera y domina en todo, no solo en la pintura. Son lenguajes para los cuales ya casi ni necesitas coger el pincel. Lo de ahora es extremadamente caótico y amplio, en el buen sentido. Se han sumado muchas formas de contar. Eso está bien, a pesar de que siempre ha habido víctimas, gente a la que no se ha entendido.”

HEREDERO DE LA TRADICIÓN
Considerado como el gran representante del realismo y la figuración española contemporánea, la obra de Antonio López es demasiado personal para ser fácilmente clasificada. Defensor de la libertad como fuente máxima de la creatividad y de los sentimientos como materia básica del proceso creativo y de comunicación con los demás, el maestro manchego busca entre la realidad que le rodea aquellos aspectos cotidianos susceptibles de ser retratados en su obra, y lo hace con una elaboración lenta y meditada; rehace, retoca y corrige a veces durante años, buscando captar la esencia del objeto o paisaje representado. El Thyssen propone un paseo por los tres grandes núcleos de su producción y sus obras maestras de los últimos veinte años. Estarán prácticamente todas sus famosas vistas de la ciudad de Madrid y de una de sus principales avenidas, la Gran Vía, incluida la serie en la que se encuentra aún trabajando. Habrá también una completa selección de dibujos y pinturas en torno a otro de sus grandes motivos: el árbol y su huerto particular. Y, en tercer lugar, la representación de la figura humana, tan importante en su producción tanto en escultura como en dibujo y heredera de la proporción del mundo clásico.

Jacinta Cremades

Antonio Lopez 3