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Inicio » Entrevista » Axel Hütte: «La fotografía digital altera la idea de la verdad»

La obra de Axel Hütte está basada en la exhibición de la naturaleza en su estado más natural y libre. Sin embargo, ninguno de sus paisajes puede ser considerado natural a pesar de que puedan parecerlo, ya que forman parte de un elaborado proceso cultural; todos ellos están manipulados de acuerdo con la percepción de diferentes perspectivas, toda ellas impensables en otras coordenadas históricas. Rodeado de imágenes en gran formato expuestas en la muestra En tierras extrañas que se expone en la Fundación Telefónica de Madrid, Axel Hütte (Essen, Alemania, 1951) me citó para hablar de sus ideas, proyectos y hacer un entretenido repaso a su carrera internacional. Rosalind Williams

¿Cómo te interesaste por la fotografía? Al matricularse en la Escuela de Bellas Artes de Düsseldorf, hay que inscribirse en muchas asignaturas, cursarlas, examinarse y finalmente optar por la disciplina artística que desees para seguir una preparación básica. En un principio me interesó el cine, pero (afortunadamente) hubo graves carencias económicas en la escuela y el departamento no fue dotado del equipamiento necesario. Así que tras un año de obstáculos, dejé el curso de especialización en cine. Justo en este período el matrimonio Becher empezó a impartir clases en la academia. Les mostré algunos de mis trabajos y Bernd Becher vió una relación entre mis fotos sobre Berlín y la obra de E. Rucha sobre Sunset Boulevard. Había fotografiado unas casas de una calle de Berlín cerca del Muro. Me comentó que el trabajo era bueno y me invitó a formar parte de su clase. Así es como empecé.

¿Cómo recuerdas tu experiencia como estudiante de los Becher? ¿Cuál era la tesis principal de su método pedagógico? Recuerdo que un sábado me invitaron a acompañarles a un complejo industrial minero. ¡Ahí estaba Bernd Becher, trepando por todas partes y sacando fotos!. Me aconsejó que era mejor positivar todas mis fotos en gran formato. Para la clase escogió a sólo cinco alumnos. Más adelante nos enseñó libros sobre fotógrafos que consideraba interesantes, tal como Ruscha y Shore. Así que no existía una teoría o metodología específica de enseñanza; éramos un grupo de alumnos muy reducido, lo más importante para él era que el alumno aprendiera sobre fotografía haciendo fotos. Le gustaba dejarnos trabajar y mantenernos al tanto de lo que estaban haciendo otros fotógrafos. En aquella época, Düsseldorf era el epicentro del arte vanguardista en Alemania. Estábamos más cerca del arte moderno que de la fotografía; había un diálogo entre la pintura y la fotografía. Después de las clases en la academia -que abría de ocho de la mañana a ocho de la tarde-, nos juntábamos por la noche en estudios de artistas, incluso los fines de semana.

¿Cómo han evolucionado tus ideas sobre tu obra? Respecto a la fotografía en color, la Escuela sólo tenía un laboratorio para revelar fotografías en blanco y negro. Al terminar los estudios -entre 1979 y 1980- me interesé por el retrato y empecé a usar el color. Tenía que encontrar un laboratorio de color y al final opté por montar el mío propio. También abordé la arquitectura en color. Tengo que decir que Bernd Becher nos enseñó en sus clases algunos trabajos de Stephen Shore, por supuesto, en color también. En cuanto a la evolución de mi trabajo… en cada artista existe un proceso que no tiene un rumbo específico. Creo que tuve algo de suerte (aunque no llegué a vender mis fotos) porque algunos arquitectos empezaron a pedir que hiciera fotos de sus edificios, así que pude poner en práctica profesionalmente los conocimientos adquiridos. Al finalizar la Academia, mi objetivo era ganar una beca para ir a trabajar a Londres; lo conseguí y eso me permitió pasar allí un año y medio. Llegué a hacer una serie sobre vistas urbanas de la ciudad. A continuación durante mis viajes a Italia empecé a combinar trabajos de temas arquitectónicos con los del paisaje. Así es como se inició mi proyecto sobre la naturaleza, temática en la que estoy volcado desde entonces. Con mi preparación, basada en la historia del arte, me doy cuenta de cómo fueron pintados ciertos temas o de cómo aparecieron en tarjetas postales o en el cine… Mi sentido de lo estético se ha desarrollado no sólo a través de la fotografía, sino también por mi interés en otras disciplinas artísticas. He evolucionado hasta captar en mis fotos no una realidad en sentido puro, sino una especie de alucinación o realidad onírica. En realidad todas las fotografías son una construcción, según la clase de cámara que uso. No pueden tomarse simplemente instantáneas. Se tarda bastante tiempo en montar el equipo y luego hago sólo unos pocos disparos. El encuadre de la imagen está siempre en mi mente y en la fotografía de arquitectura el sujeto ocupa el 98% del negativo. Con el paso del tiempo, las fotografías de los reflejos en el agua se van haciendo más complejas. Al fotografiarlos soy consciente del efecto del viento y trato de calcular la duración de la exposición. La imagen captada es el resultado del riesgo, siempre por casualidad o accidentalmente. Aquí, he pasado de hacer dos disparos de cualquier imagen a hacer ocho..

¿Cuál es tu ritmo de trabajo?. ¿Cuánto tiempo dedicas a cada proyecto? ¿Trabajas sobre varios proyectos al mismo tiempo? Algunos colegas hacen trabajos por encargo, por ejemplo, Sugimoto, pero yo tengo que confesar que nunca lo he hecho. Una vez me pidieron que viajara por los cinco continentes. Fue una propuesta del comisario Thomas Weske, que trabaja con fotógrafos americanos y tiene interés en este tipo de proyectos. Convenció a una empresa para que lo patrocinara, y ésa fue la única vez que he hecho un trabajo de este tipo. Tengo mis propias ideas sobre los temas y me lleva cierto tiempo desarrollarlas. Si aceptara encargos me vería sometido a estrés y a plazos de entrega fijos. Además los que hacen los encargos generalmente tienen una idea preconcebida sobre sus expectativas. Esto no me influiría pero sí podría dar pie a malentendidos. Cuando empiezo un nuevo proyecto nunca me pongo una duración preestablecida: el plazo de ejecución es abierto. Por ejemplo, empecé uno que suponía visitar varios países latinoamericanos. El resultado fue un libro y una exposición. Suelo trabajar en varios proyectos al mismo tiempo. Por ejemplo, aún sigo trabajando en una serie de retratos, que empecé en el 2001, donde los sujetos aparecen reflejados en el agua. Hasta la fecha he hecho veinticuatro los retratos, y lo más probable es que haga unos cuatro o cinco más. Tengo la intención de tomar algunos dentro de una selva tropical. Lo que me atrae de esta idea es el ambiente que se creará en los retratos gracias al entorno y las referencias visuales. Sigo echando de menos los climas cálidos. En la fotografía la clave está en la percepción de la realidad. Cuando uno piensa en la historia de la fotografía, tomando por ejemplo la obra de Walker Evans y su grupo, y August Sander, existe siempre una relación entre la fotografía y el sentido del tiempo. Me fascinan los fotógrafos que se dan cuenta de que en la fotografía lo que aparece ya no es la realidad o la verdad. Y esto tiene que ver con la fotografía digital que altera la idea de la verdad o la objetividad. También tiene que ver con los fotógrafos, como Jeff Wall, que se interesan más por crear una idea que se construye como si fuera una película de Hollywood (que no es una realidad, sino más bien una especie de decorado).
Yo puedo tratar el simbolismo y extenderme en la narración al mismo tiempo. No es como si estuviera contando un relato y el lector tuviera que seguir la frase, sino que la fotografía es minimalista y siempre existen “capas de realidad”. Lo que aparece en la foto parece real pero es imaginado. Lo que enseño en la fotografía permite al espectador proyectar su imaginación o sus propios sueños dentro de la fotografía y esto, para mí, es fundamental—esto es una realidad, no un producto digitalizado.

Axel Hutte