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Inicio » Entrevista » Beatriz Milhazes, arcoiris carioca

El inconfundible estilo de Beatriz Milhazes (Rio de Janeiro, 1960) se caracteriza por el empleo de colores atrevidos, la yuxtaposición de formas geométricas y decorativas y motivos sacados de movimientos de la historia del arte, desde el Barroco colonial, al Modernismo europeo pasando por el Pop norteamericano. La artista carioca celebra hasta el 11 de enero su primera exposición retrospectiva en Estados Unidos en el Pérez Art Museum Miami (PAMM). La muestra lleva por título Jardim Botânico en referencia al barrio de Río de Janeiro donde se encuentra el estudio de Milhazes y que toma su nombre del jardín botánico del siglo XIX que forma su centro. Un jardín botánico es un lugar de gozo sensual, un sitio romántico lleno de texturas, colores y olores de sus flores y árboles. Al mismo tiempo, es un espacio ordenado así como un área para la investigación científica y la observación objetiva. La forma del jardín botánico también refleja una dicotomía presente en la práctica de la artista brasileña: su interés por crear una experiencia sensual de inmersión, al mismo tiempo que persigue un acercamiento racional a la historia de la pintura. Tobias Ostrander, conservador-jefe del PAMM, reconoce: “Lo más interesante del estilo de Milhazes es su mezcla de orden y sensualidad. Sus pinturas son exuberantes y densas y, de vez en cuando, caóticas, pero cuando se pasa tiempo frente a ellas se aprecia el insólito equilibrio de formas y colores. Son pinturas alegres que celebran el placer visual.” En 2008 la artista brasileña marcó un hito al vender en Sotheby’s un cuadro por un millón de dólares –una cifra que ha reeditado una docena de veces en los últimos años-. Milhazes bromeó entonces diciendo que le había llevado 25 años convertirse en el éxito de una noche. Desde su estudio de Rio, la afamada artista responde a las preguntas de Tendencias del Mercado del Arte. [Foto: ©João Wainer. Cortesía Galería Fortes Vilaça]. Vanessa García-Osuna

 La exposición en PAMM es su primera retrospectiva en Estados Unidos. ¿Cómo ve su propia evolución a lo largo de los últimos 30 años? Jardim Botanico es una gran antológica sobre mi obra que reúne 40 trabajos creados entre 1993 y 2014. La mayor parte son pinturas y collages. Hay una sala especial dedicada a un pequeño grupo de grabados y también se exhiben 2 libros de artista que hice en 2002 y 2008. La exposición recorre mi ya dilatada trayectoria que comienza con pinturas en las que estructuraba la composición recurriendo a motivos barrocos y figurativos en los que utilizaba la novedosa técnica de “mono-transfer” (iniciada en 1989), pero con una combinación de colores más melancólica. En las piezas más recientes puede verse que he abordado la abstracción a través de una construcción cromática intensa y poderosa. Mi propósito ha sido crear un sistema personal dentro de la pintura.

Usted entró muy joven en la escena internacional y ahora está considerada la artista brasileña más cotizada. ¿Cómo recuerda sus comienzos? ¿Cuál fue su primera exposición importante? Creo que he desarrollado una trayectoria larga y coherente desde mis comienzos en los años 80 en la escena artística de Rio de Janeiro, hasta conseguir el reconocimiento internacional. Es dificil mencionar exposiciones concretas pues cada una de ellas ha tenido su propia relevancia en mi carrera pero, definitivamente, mi participación en la 50ª edición de la Bienal de Venecia de 2003, en el Pabellón de Brasil, fue un momento inolvidable.

Su estudio en Rio está justo al lado del Jardín Botánico. ¿Suele ir allí en busca de inspiración? Lo cierto es que no suelo visitarlo muy a menudo. El Jardín Botánico forma parte de mi vida, de mi rutina diaria en Rio. No necesito ir allí porque puedo verlo cada día cuando voy camino de mi estudio.

Pinta menos de 10 cuadros al año y eso hace que los coleccionistas tengan que hacer cola para adquirir sus nuevas creaciones. ¿Qué nos contaría de este proceso tan meticuloso? ¿Cuánto tiempo puede dedicar a una sola obra? Mi trabajo tiene mucho que ver con el propio proceso creativo. Un proceso necesita tiempo. La técnica es importante y conseguirla también requiere tiempo, pero lo esencial es pensar el desarrollo de la pintura. Pintar demanda mucha energía y yo asumo esa exigencia. Necesito alejarme del cuadro de vez en cuando. Me alegra poder desarrollarme también haciendo collages, grabados, obras site specific, y decorados para la compañía de danza de mi hermana, la Marcia Milhazes Dance Company, que me permite establecer un diálogo muy rico entre distintos medios que aporta frescura a mis pinturas.

¿Es el color el eje de su obra? El color es el elemento que hace aflorar una composición. La construcción y el sistema pictórico que he concebido depende de los resultados del color. Necesito que el lienzo plasme los choques que pueden surgir de la disposición de los colores. El color puede hacer que tu imaginación se active, en especial cuando se trata de un color abstracto. Sin embargo, la materialidad de la superficie y las capas de colores son cruciales para el desarrollo de los conceptos. El color por sí solo nunca sería un tema único de mi obra.

En mayo de 2008 su cuadro O Magico se vendió por 1 millón de dólares en Sotheby’s. ¿Fue emocionante? ¿Siente ahora la presión del mercado del arte? Fue un momento especial pero mi rutina diaria no se ha visto alterada a consecuencia de ello. Pienso que lo más importante es el hecho de que por primera vez en la historia un artista brasileño -ya fuera hombre o mujer- haya conseguido esa cifra en una subasta de arte contemporáneo. La generación de artistas brasileños a la que pertenezco han inaugurado ‘una nueva era’ para el reconocimiento internacional del arte de nuestro país.

Los críticos dicen que su obra resulta atractiva para tanta gente porque habla un idioma internacional sin dejar de ser intrínsecamente brasileña. Su estilo ha sido descrito como ‘un equilibrio perfecto entre la abstracción geométrica y la ornamentación’. ¿Cómo se enfrenta a un lienzo en blanco? ¡Ese es el momento más feliz!. Cuando empecé a estudiar pintura la motivación más fuerte que me empujaba a ser artista era poder tener ante mi un lienzo en blanco. Es por eso que adoro ser pintora. Ese espacio en blanco me pertenece. Me interesa ser capaz de construir un mundo bidimensional que únicamente me pertenece a mi.

En 2009 Cartier le encargó una colosal instalación móvil hecha de diamantes, rubíes, esmeraldas, zafiros y perlas. Teniendo en cuenta que usted es pintora, no escultora, ¿fue aquel el desafío más grande al que se ha enfrentado en su carrera? En 2009 la Fondation Cartier pour l’art contemporain organizó una exposicion preciosa sobre mi obra. Colgaron dos pinturas y yo creé un collage gigantesco para una de las salas así como dos proyectos site specific para las fachadas de cristal del edificio. Aquella muestra fue un tremendo desafío. Justo después, la Fondation Cartier junto con la firma Cartier me invitaron a trabajar con su archivo de piedras preciosas. Les sugerí construir un móvil utilizando materiales preciosos, desde gemas a metales como el oro. Trabajé codo con codo con el Atelier Cartier durante dos años y finalmente creamos una pieza increíble llamada ‘Aquarium’. Aquella propuesta tan arriesgada fue el origen de mi diálogo con la escultura. Sin embargo, el germen de todo esto está en los decorados que he estado diseñando desde principios de los años 90 para la compañía de danza de mi hermana Marcia.

¿Es coleccionista? No, no tengo vena de coleccionista pero en mi casa tengo varias obras de arte. ¡Me encanta vivir rodeada de arte!. Poseo obras de artistas con los que mi trabajo ha entablado un diálogo inspirador como Ione Saldanha, Atsuko Tanaka, Noa Eschkol y Niobe Xandó.

Usted se licenció en Periodismo por la universidad. ¿Se ha arrepentido de no haberse dedicado a la profesión? En el segundo curso de la carrera comprendí que si trabajaba como periodista no podría utilizar mi imaginación …¡fue una gran decepción para mi!. A pesar de ello, llegué a graduarme en la universidad. Cuando me matriculé en la Escuela de Arte sentí que había dado con lo que realmente quería hacer durante el resto de mi vida. Y nunca me he arrepentido desde entonces. A veces, sin embargo, pienso que hubiera sido bonito escribir en un periódico o revista…¡quién sabe lo que me deparará el futuro, todavía podría sacar mi diploma del cajón!.

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