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Inicio » Archivo » Bigas Luna: “Pintando es como soy más feliz”

Empezó como artista en la época del arte conceptual en los años 70 y especulando con el concepto Polaroid llegó al cine, convirtiéndose en un director de consolidado éxito. Aun con su larga carrera de director, Bigas Luna no ha dejado nunca de pintar, que es lo que más feliz le hace. Su pasión por la pintura y el cine se han unido recientemente para representar al Pabellón Español en la Exposición Universal de 2010 en Shangai. Su otra gran pasión es el contacto con la naturaleza, tanto como aliado de su pintura, como del crecimiento personal y de la vida saludable, que ha dado lugar a una filosofía de forma de vivir, materializándose en su obra y en su tienda de productos biológicos Pan, Vino y Chocolate. Y como contrapunto, algo divertido: Bigas Luna es el director de El Plata, el Cabaret Ibérico de Zaragoza.

Usted, además de director de cine, es pintor, ¿hay antecedentes artísticos en su familia?
Sí, mi padre era pintor, incluso ganó un Premio Nacional de Pintura, y aquí fue uno de los pioneros de la abstracción; admiraba mucho a Kandinsky y a todos los pintores abstractos de las vanguardias. Era pintor realista, como sus amigos, y un día decidió liberarse y pasar a la abstracción, y sus colegas quedaron muy sorprendidos cuando vieron que era un pintor abstracto.
Creo que mi obra tiene una gran dependencia de lo que hacía mi padre; es algo que he ido descubriendo después y ha sido muy bonito. Nuestro proceso de pintar también tiene relación… yo trabajo mucho con la naturaleza; las texturas y el deterioro de una obra me interesan mucho, y mi padre también jugaba con el agua y con los incidentes que el agua provocaba en su obra.

¿Qué es lo que más le atrae de la pintura?
Una de las cosas que más me interesan de la pintura es que va por delante de mi cabeza y de mi raciocinio, con ella me descubro a mí mismo, es incapaz de condicionarme… estoy de acuerdo con una frase del poeta Gerardo Diego que dice “mi mano dice verdades y alegrías que mi lengua es incapaz de articular”, a través de lo que hago me descubro a mí mismo; en eso conecto mucho con Joseph Beuys y su idea de que todo el mundo es artista y de que el arte es un gran patrimonio del ser humano; y otro artista que me interesa mucho es Anselm Kiefer que dice una cosa que me gusta mucho: que como él no pinta tan bien como Picasso, se asocia con la naturaleza; y a mí me pasa lo mismo; y cuando alguien me dice: “¡qué bonito esto que has hecho!”, digo: “no he sido yo, ha sido la naturaleza, ella me lo ha traído”. Utilizo materiales que duran mucho junto a materiales que desaparecen, y pienso que es parte de mi obra, que está viva… la idea de obra perenne, hoy, no me interesa. Hay obras de otra época que se han conservado, pero obras del siglo XXI… No quemaría obras de arte maravillosas de la historia, que han llegado hasta hoy, pero no estoy a favor de la conservación de las obras; creo que hay una belleza, que la dan el tiempo y el deterioro, que es un bien de la obra. Recuerdo haberme emocionado al entrar en la catedral de la Seo de Zaragoza, pero la han reformado y es la cosa más repugnante que he visto en mucho tiempo, han puesto fanalillos, han iluminado los cuadros, han puesto máquinas para turistas…. ha perdido todo el misterio y el encanto que tenía … ¡es una cosa asquerosa!.
Una cosa es la conservación y otra, las intervenciones agresivas e incultas… En general, estoy en contra de casi todas las conservaciones que se hacen, especialmente de las que pagamos nosotros; sólo estoy de acuerdo en los casos en que la conservación la hace la familia, por ejemplo, en el caso de Picasso, porque para los herederos es un negocio y quieren explotarlo.
La naturaleza es sabia, por eso estoy contra la restauración de obras de arte, porque el tiempo es un patrimonio de la obra de arte. Cuando veo que han limpiado La Pedrera pienso que a Gaudí no le gustaría. Cuando La Pedrera era negra por la polución era preciosa, era mucho más de Gaudí que ahora, una vez limpia, que es de Caixa Catalunya, como un pastelito. Cuando estaba negra se confirmó la esencia de Gaudí… y desde luego mi obra está hecha a partir de este deterioro, todo lo que hago yo mismo lo envejezco, llega un momento en que lo paro, es un momento delicado que me cuesta mucho, pero digo basta. Utilizo lonas y algunas tienen tres años, han estado a la intemperie y voy interviniendo en ellas, haciendo pequeños cortes y pequeñas formas, que a veces las hago yo, y otras veces son formas que han ido surgiendo.

¿Hace usted todo el proceso o tiene ayudantes?
Lo que es la intervención pictórica la hago toda yo, pero tengo un ayudante que cuelga las lonas, las descuelga… y si hay que poner 50 metros de pintura blanca me lo hace él, claro; es sobrino mío, Joaquim Pagès, y es quien me hace posible hacer cosas muy grandes. Para mí la pintura es una necesidad física; vivo inmerso en las tecnologías y el mundo virtual y necesito la manualidad; por mi trabajo de director de cine, he viajado mucho y he pintado mucho durante los viajes, las series Las Caras del Alma, las Semillas… que son una parte importante de mi obra pictórica, siempre las he hecho en habitaciones de hotel y en mesas pequeñas, y siempre he tenido el deseo de hacerlas más grandes y por ello he recurrido a tecnologías como el plotter… pero siempre a partir de una cosa pequeña. Pero a partir del año 2000, cuando tengo mi huerto, tengo ya un espacio grande, abierto a la naturaleza, donde lo que hacía en pequeño puedo hacerlo también grande. Y desde 2002 empiezo a hacer cosas todavía más grandes; el huerto es la clave del cambio de mi medida.

Para usted es importante hacer meditación, ¿tiene tiempo de hacerla cada día?
¡Si no hiciera meditación cada día no podría hacer lo que hago!. Pero esto del tiempo es una cosa curiosa, porque yo hago muchas cosas pero yo tengo el mismo tiempo que todo el mundo… Me gustaría tener más tiempo para pintar, por eso tengo como aliada a la naturaleza, preparo los cuadros, pinto un día, lo giro, dejo que las hierbas se peguen y me voy, y vuelvo al cabo de un mes, vuelvo a girarlo y veo qué ha pasado, hago una pequeña intervención y vuelvo a girarlo… Paso horas en el huerto, en la naturaleza, intento pasarlo bien con lo que hago…

24 horas al día.
No, 24, no, menos, menos… Empecé como diseñador y artista conceptual y luego pasé a hacer cine, y al cabo de diez años de hacer cine volví al arte conceptual y a pintar. Recuerdo que a Fellini le preguntaban qué le gustaba hacer y decía “fare” (hacer); me gusta hacer cosas, me lo paso bien…

¿Se siente más cómodo en el cine o en el arte?
A mí lo que me gusta es pintar, sin ninguna duda. Pintando es con lo que soy más feliz, me gusta trabajar con mis lonas, pero si fuera solo pintor ¡me volvería loco!

¿Puede explicarlo un poco?
Mi relación con la pintura es muy intensa y me lleva a un estado peligroso…la soledad y el crear es tan intenso que tiene un punto que te vas un poco; lo he probado y he visto que necesito estar con gente…

Así, el cine le va muy bien para equilibrar…
Sí, y afortunadamente, hacer películas y pintar son cosas muy distintas, me muevo en dos mundos muy opuestos: en uno, necesito estar solo, tocar, y aprender de lo que hago; y el otro es totalmente al revés, necesito una gran preparación, tengo que trabajar con 80 ó 90 personas, es todo virtual…

Usted también es director artístico del El Plata, el Cabaret Ibérico de Zaragoza, ¿puede hablar un poco de su experiencia?
¡Es un trabajo maravilloso!; la dirección artística de un cabaret es una experiencia muy divertida porque permite hacer algo rápido, ver la reacción de la gente… eso es algo que no permite el cine, que requiere una gran preparación. Para El Plata hago el guión, los ensayos, y he hecho 116 números en tres años, está siempre lleno y cuando cambio el espectáculo, cada dos o tres meses, voy cada semana; es un fenómeno impresionante y la gente siempre repite; tengo un amigo artista, Benet Rossell, que dice: “El Plata cura”.

Ahora tiene en proyecto la película Segundo Origen, ¿es fiel a la novela?
Bueno, cuando hago una película con una chica no quiero ver al padre, y ocurre algo así cuando hago una película, pero Segundo Origen es muy fiel a la novela y ha intervenido mucha gente.
Estamos en el proceso de conseguir la financiación, que son diez millones de euros; es una coproducción entre Inglaterra, Francia, Bélgica, España y Cataluña, y se producirá en catalán y en inglés. De momento, todavía se está trabajando en el casting porque hay sólo dos personajes pero aparecen a distintas edades y esto introduce la dificultad de cambio de actores en diferentes épocas.

En la película, el protagonista es del Barça…
Sí, es del Barça, aunque yo no soy demasiado futbolero; no lo soy probablemente porque mi padre era del Barça -tenía los carnets 36 y 37 del Club-, murió su hermano y quería mantener los dos carnets, me obligaba a ir al fútbol, y yo lloraba porque no quería ir.

Parece que hoy el fútbol es como “el opio de los pueblos”
Se habla mucho de partidos políticos, pero hoy dependen de tres canales de televisión; hay un nivel de manipulación de la democracia espectacular; con seis canales de televisión se controla el planeta, hay países y gobiernos que han llegado a ser maestros del control; por eso, la democracia, para mí, ha perdido el carro, ahora es parte de la burocracia. Además, la democracia está pensada para el ser humano, pero no para los animales y la tierra… por eso ahora se habla de Biocracia, una fase superior de la democracia.

A veces, usted habla de felicidad, ¿cómo la definiría?
La felicidad es desear lo que se tiene. Es para practicarla a un nivel personal, creo que cada vez hay que ser más líder de uno mismo. En cualquier trabajo ser feliz debería ser el objetivo prioritario; el segundo, hacer cosas que estén bien y que no hagan daño a nadie, y el tercero, ganar dinero, pero este último sigue siendo el que falsamente se vende como el camino a la felicidad.

En su blog de Pan, Vino y Chocolate hay un documental de la industria cárnica y de cómo se trata a los pollos, que quitan las ganas de comer carne, ¿es usted vegetariano?
No, tomo huevos de gallinas felices y jamón de cerdos también muy felices; estoy totalmente en contra del trato que se da a los animales en la mayoría de casos en la industria de la alimentación; tenemos que cuidar a los animales y más, si queremos comérnoslos. Para mí, una parte importante de la bondad de los alimentos reside en los cuidados que estos reciben.
Pan Vino y Chocolate [www.panvinoychocolate.com] es nuestra tienda de productos biológicos, un proyecto del que estoy muy contento porque me permite una gran proximidad a la tierra y compartir nuestras experiencias.

¿Puede avanzarnos algo del experimento que está realizando ahora y que empezó en Ingestum?
Los experimentos con el agua de Masaru Emoto (youtube- Masaru Emoto), son fundamentales para comprender la nueva filosofía de la alimentación en el siglo XXI; si el agua tiene conciencia, como demuestra Emoto, ¿qué sucede con una lechuga, una gallina o un cerdo?, no quiero comer pollos maltratados. Ahora estoy a punto de empezar un experimento que empecé en Ingestum, (youtube- ingestum- Bigas Luna) en el que ponemos en práctica todas estas teorías. Saber de todo lo que comes, qué es, de dónde viene y qué contiene. Todo siempre sin olvidar la sensualidad y el espíritu lúdico y social que tiene la acción de comer.

Usted ha descubierto talentos en el cine. ¿Sigue en contacto con ellos? ¿Con Penélope Cruz y con Bardem, por ejemplo?
Bueno, con él más que con ella, de vez en cuando me mandan un sms, pero no… Yo no tengo demasiada relación con los actores; mientras se hace la película sí, pero los actores van con la producción; si no se tiene producción es más complicado tratar con ellos.

Una colección austera
“No soy coleccionista. Tengo una silla de Gaudí; una Venus de Milo con cajones de Dalí, que sólo hay dos, la mía y la del Museo Dalí de Figueres; un cuadro pequeño de Seurat, que es un mono;
y cosas de algunos amigos, como Àngel Jové, Sílvia Gubern, Gemma Pichot, Bartolozzi…; algunas piezas las he comprado para ayudar al artista en algún momento o las hemos intercambiado o me las han regalado, pero no me gusta tener muchas obras de arte, ni siquiera de las mías, tener muchas cosas me marea. En mi estudio solamente tengo visibles 3 ó 4 cosas, cuando están acabadas las tengo tapadas, sólo lo que no está acabado está a la vista. Ahora me acuerdo que conocí a Enzo Cucchi en Roma y fui a su estudio y no tenía nada, cuatro cosas, nada; creo que es una cuestión de la energía de las cosas…”

Dalí y yo
“Conocí mucho a Dalí. Nos lo presentó Óscar Tusquets, a mí y a Consol Tura, mi primera mujer, cuando éramos muy jovencitos; yo tenía algo más de 20 años, y Dalí nos cogió mucho cariño.
A Consol le encargó unos vestidos, nos invitaba a su casa, éramos como una parejita joven que le gustaba tenernos cerca, hasta el punto de que un día, cuando todavía yo no tenía ni idea de que haría cine, Dalí tenía una visita de Passolini y Jodorowsky y nos llamó para invitarnos a cenar al Ritz. Fue una relación muy divertida gracias sobre todo a Consol… en aquel momento yo estaba dejando el diseño y empezando a hacer arte conceptual haciendo mesas rotas y Dalí las vio y dijo que quería una, la compró y la puso en el Museo de Figueres y está en la sala de Mae West. Pero quien generaba que nos conociéramos era Consol porque le hacía vestidos, íbamos a probárselos… un día le hizo una capelina preciosa con unas pirámides con pelos, que le encantó, y cuando se la puso, Consol le dijo que apretara un botón y se encendieron punteros hacia el techo, como rayos luminosos, como estrellitas; tenían una instalación eléctrica con una pila y Dalí quedó entusiasmado; se la ponía de día y por la noche cuando tenía gente apretaba el botón y se encendían las luces. Todo esto nos dio la oportunidad de conocer un Dalí muy interesante, que poca gente ha conocido. Dalí estaba en su casa tan normal y llegaba una chica, que le hacía vestidos, con su novio. Era una persona muy normal con una capacidad teatral muy importante, y he tenido la suerte de conocerlo mucho a un nivel cotidiano, yo le he visto tratando con un galerista belga muy seriamente y al llegar un periodista ponerse a hacer el papel de Dalí diciendo “las margaritas se han masturbado…” o cosas así; le gustaba mucho hacer montajes teatrales… pero no sé si era feliz, lo he pensado muchas veces, creo que él era feliz en aquellos momentos de estar con gente y todo el aparato. No sé si logró ser feliz, en cambio, pienso que Miró fue muy feliz… Creo que Dalí creó un personaje y cuando representaba el papel era feliz, pero en su intimidad, no creo que lo fuera, como toda la gente que inventa un personaje… Por ejemplo, Johnny Carson, el gran entrevistador americano, decía que si no veía la lucecita roja de la cámara rodando no se sentía bien.”

Marga Perera

bigas luna