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Inicio » Entrevista » La colección de Adolfo Autric y Rosario Tamayo

Los abogados Adolfo Autric y Rosario Tamayo han convertido su residencia en las afueras de Madrid en un “museo vivo” en el que cohabitan con sus colecciones de diseño y fotografía española. Lo que singulariza a esta pareja de mecenas es que al constituir sus colecciones por encima de su disfrute personal, ha prevalecido el interés colectivo, el deseo de enriquecer los fondos estatales. El Museo Nacional de Artes Decorativas recibirá en depósito parte de su colección de diseño y el Museo Reina Sofía presenta este mes la sala permanente que llevará su nombre en la que se mostrará una selección de las 650 fotografías del grupo AFAL, donadas a la pinacoteca madrileña. [Foto: David García Torrado]. Vanessa García-Osuna

Ustedes son abogados ¿cómo llegan al arte?
Adolfo Autric (AA): En mi familia no había afición al arte moderno pero yo me hice asiduo de la Fundación Juan March. Iba mucho por allí a escuchar música y ver sus exposiciones.
Rosario Tamayo (RT): A mi me gustó pintar desde pequeña, pero el interés por el arte contemporáneo y el diseño me viene de visitar museos, galerías y ferias con Adolfo.

Formar una colección “a cuatro manos” puede ser un reto
AA: Al contrario, es mucho más fácil. Supone un gran apoyo contar con “cómplices”, y además nos complementamos. Charo tiene un gusto afinado, es muy intuitiva. Nuestra hija Gadea lo ha heredado y nos ayuda mucho.
RT: Me gusta sacar “la artista” que hay en mí. Yo siento el “pellizco del enamoramiento” y luego Adolfo reflexiona sobre si conviene la compra. Él estudia todo más, tiene una aproximación más teórica. Yo prefiero la fotografía y Adolfo el diseño.

¿Ha habido un espejo en el que se hayan mirado?
RT: Yo pienso que una colección es algo personal e inimitable.
AA: Sin embargo, a mi me inspiró un matrimonio canadiense, Liliane y David M. Stewart. En los años 70, se rodearon de un grupo de expertos porque querían constituir una colección de interés para su ciudad, Montreal. Sus asesores les recomendaron apostar por el diseño industrial. El resultado es el Pabellón Stewart del Montreal Museum of Fine Arts. Yo también deseaba coleccionar algo que nos gustara a los dos pero que, además, pudiera enriquecer las colecciones nacionales.

Han logrado reunir una colección de diseño de calidad museística. ¿Cómo nació su interés por este campo?
AA: Hace años, de recién casados viajamos a Londres y nos alojamos en un hotel que tenía al lado un almonedista. Nos cautivó una pieza que había en el escaparate. Entramos a preguntar su precio pero no podíamos asumirlo. Total, que decidimos ahorrar (viajando en metro y comiendo hamburguesas) durante nuestra estancia para poder adquirirla. Justo antes de regresar a España, volvimos a la tienda a despedirnos del amable vendedor. Vimos que la pieza ya no estaba y le dijimos que sentíamos que la hubiera vendido. Él nos respondió: “sí, a ustedes”. Nos quedamos desconcertados pero salió del almacén con un paquete envuelto. “Supe que regresarían a por ella” dijo. Era una radio nurse de Isamu Noguchi. Así empezó todo…

Aquella fue la primera, ¿y la última?
RT: Una gran reja Art-Decó de Edgar Brandt que hemos comprado pensando en el Museo de Artes Decorativas, y una serie de sillas diseñadas por el GATEPAC. Nuestra meta es hacer un recorrido por la historia del diseño del siglo XX, y para ello, en ocasiones, hemos tenido que dejar a un lado nuestro gusto personal.

Hablenme del depósito que efectuarán al Museo Nacional de Artes Decorativas
AA: Nuestra colección personal comprende más de 4.000 objetos y hemos firmado un convenio con el Ministerio de Cultura en virtud del cual, además, aportaremos una suma para que se habiliten las salas que acogerán nuestros fondos. Ya hemos pagado la mudanza de las piezas que estaban almacenadas en el museo a un magnífico almacén construido ex profeso por el Ministerio, para hacer sitio para las nuevas salas. Estarán representados desde los objetos proto-industriales y victorianos hasta los últimos diseños de los hermanos Campana o Marcel Wanders, pasando por las vanguardias históricas, el Arts & Crafts, el Deutscher Werkbund, la Bauhaus, el Art Decó y el Streamline, entre otros muchos movimientos. Estamos muy ilusionados pero el proceso aún sigue su curso.

¿Cómo les ha afectado la eclosión del mercado del diseño?
RT: Hoy no podríamos comprar algunas de nuestras piezas de Le Corbusier, Eileen Gray, Bugatti, Ettore Sottsass o la Bauhaus, incluso de contemporáneos como Ron Arad o Marc Newson. Pero siempre hay épocas o autores que quedan “a la sombra”, que pasan de moda y que son accesibles.
AA: Si me piden que destaque algunas citaría una fachada de yeso de Frank Lloyd Wright, una escalera de caracol de Roger Tallon, una cocina de Frankfurt completa de Margarete Schütte-Lihotzky (tuvimos que ponerle otra cocina nueva a la señora que nos la vendió), o un “ring” de Umeda por la complicadísima logística y los permisos que debimos tramitar para traerlas a España.

¿Hacen también encargos?
RT: Hicimos algunos para nuestra anterior casa al grupo madrileño ENPIEZA. Estaban tan ajustadas al sitio que al mudarnos no quisimos sacarlas de allí. Para nuestra actual residencia diseñaron un enorme mueble contenedor que resolvió elegantemente muchos problemas de almacenamiento y comunicación. El buen diseño es “inteligencia hecha visible”.

Han realizado una histórica donación al Reina Sofía del grupo AFAL. ¿Qué les ha empujado a hacerlo?
RT: El que exista un hueco incomprensible en nuestro patrimonio museístico. Aquella fue una época de la fotografía española maravillosa y no entendíamos por qué se había ignorado.
AA: Como movimiento fotográfico, AFAL es extraordinario. Fueron unos autores valientes que, en los años 50, se enfrentaron a la censura política y social. La fotografía que predominaba en aquella época era pictorialista, propagandista, alejada de la realidad; ellos aportaron una visión novedosa sacando las cámaras a la calle. Joan Colom se iba al Raval a retratar ancianos, homosexuales y prostitutas; Leopoldo Pomés captaba mujeres que se salían del canon de la madre y esposa; nuestro querido amigo Carlos Pérez Siquier hacía fotos en un barrio marginal de Almería, La Chanca, reflejando cómo vivían sus habitantes, y así todos. Cada uno, desde su subjetividad, fueron un espejo de la sociedad de la época.

¿En qué términos han planteado esta donación?
AA: Manuel Borja-Villel nos hizo una oferta irrechazable: organizar una exposición, publicar un catálogo y dar nuestro nombre a una sala. Pero, adicionalmente, asumimos un programa de adquisiciones para subsanar las eventuales lagunas de nuestra colección; por ejemplo, no teníamos obras de Schommer, de Ontañón, de Gonzalo Juanes ni de Paco Gómez. El Reina Sofía encargó a Laura Terré, una de las máximas expertas en el grupo AFAL que nos asesorase en las adquisiciones, en coordinación con el propio museo. Nos fijamos un presupuesto inicial de 300.000 euros para adquirir 100 fotos, ¡y hemos acabado comprando más de 500!

¿Qué obras son los puntales de la colección?
AA: La unión de nuestra colección con las adquisiciones ha resultado un conjunto impresionante. Por ejemplo a Carlos Pérez Siquier le hemos comprado la serie completa de La Chanca en color; de Ramón Masats hemos adquirido la maqueta de Los sanfermines, el más importante fotolibro español; además del Costa Brava Show íntegro de Xavier Miserachs, o el proyecto completo de Vivir en Madrid de Francisco Ontañón, una serie muy representativa del Raval de Colom, fotos únicas de Juanes (como el álbum de Isabel)…

¿Con que criterios han realizado las adquisiciones?
RT: El museo quería fotografías de época del principal proyecto de cada fotógrafo; y que las imágenes hubieran sido positivadas o al menos supervisadas por su autor.

¿De qué imágenes no han querido desprenderse?
RT: Hemos escogido un par de fotografías cada uno. Yo me he quedado con una de Miserachs en la que aparece un niño que mira maravillado un globo…
AA: Y yo una de La Chanca en color de Pérez Siquier que habíamos comprado con gran esfuerzo y que estaba duplicada; nuestro hijo Rodrigo también se ha quedado con alguna de Pérez Siquier porque se han hecho muy amigos. Aunque está estudiando Relaciones Internacionales en Londres es un apasionado de la fotografía. Han publicado fotos suyas en la web de Vogue Italia y también en las marquesinas de Londres tras ganar un concurso.

Han sido muy críticos con el respaldo institucional a la fotografía española.
RT: Que no exista un Centro Nacional de Fotografía es algo lamentable. Prácticamente todos los países europeos lo tienen, y hasta la antigua Yugoslavia abrió el suyo al poco de acabar la guerra. Teniendo en cuenta la calidad de la fotografía española contemporánea, resulta difícilmente entendible.
AA: Es necesario un centro que promueva nuestra fotografía, conserve los archivos, organice cursos y estudios… La Comunidad de Madrid está realizando una labor valiosa, y especialmente Alcobendas que tiene un programa permanente de exposiciones y adquisición de fotografía; el Ministerio de Cultura expone dignamente en Tabacalera los Premios Nacionales, y la Fundació Catalunya-La Pedrera también presenta notables muestras sobre fotógrafos españoles, pero no es suficiente.

Sin embargo, nuestra fotografía es muy reconocida fuera
AA: Sólo le diré que el Centro Nacional de Fotografía de Bratislava acaba de editar una monografía sobre la fotografíaeuropea. La portada es una foto de Chema Madoz y en el interior hay decenas de páginas hablando sobre los fotógrafos españoles.
RT: No entiendo que no honremos a nuestros artistas como se merecen. Tal vez sea por nuestro atávico complejo de inferioridad.
AA: Lo que sucede es que el arte español no está de moda. Una colección de arte español es como de segunda fila. Hay que tener nombres extranjeros para que le den valor…
RT: Aquí también tenemos la idea de que el Estado es el que tiene que ocuparse de todo. Pero la sociedad civil tiene que implicarse. Es tu país, es tu cultura.
AA: Cuando terminemos con la colección AFAL, vamos a poner en marcha otro proyecto relacionado con la fotografía española porque estamos convencidos de que debe tener mayor presencia institucional. En general el arte español contemporáneo está hoy inexplicablemente infravalorado y por ello es una inmejorable oportunidad de inversión. Es lamentable que como generación no estemos sabiendo valorar a nuestros artistas.
RT: Nosotros somos optimistas. Creemos que la solución pasa por la educación. Si se ayuda a la gente que se está formando en Bellas Artes a lo mejor podríamos transformar algo.

Creo que esta no ha sido su primera donación
AA: Es cierto, donamos al Reina Sofía un sillón del Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937. Salían a subasta y el museo los quería porque tiene un interés particular por todo lo relacionado con el Pabellón de la República. Aunque hubo 30 o 40 sillones iguales se les ha perdido el rastro a casi todos .

¿Cómo nace su compromiso por el mecenazgo? ¿Con qué instituciones colaboran?
AA: Bueno, la palabra “mecenazgo” nos va algo grande, preferimos hablar de “colaboración” porque además no se limita a financiar sino que también nos implicamos en la planificación y desarrollo de los proyectos. Nuestras ganas de colaborar nacen de constatar la situación de enorme necesidad que vive el arte y la cultura en España, en algunos casos prácticamente de indigencia, por más que se sobrelleve con dignidad. Pero también de la enorme necesidad por parte de la sociedad de Arte y Cultura.
RT: Hay que considerar que en las instituciones culturales más del 80% del presupuesto son gastos fijos (personal, suministros…) por lo que cuando se reduce su dotación en realidad se les está privando de gran parte de su presupuesto operativo, del dinero que tienen para mantenimiento, actividades o adquisiciones. Se les vacía de contenido. Colaboramos con Museos como el Lázaro Galdiano, (donde financiamos el cambio a iluminación LED), la Academia de Bellas Artes (ayudando Publio López Mondéjar a construir la colección de fotografía), el Reina Sofía y el Museo de Artes Decorativas. También con la Universidad Complutense (patrocinamos una Cátedra en Bellas Artes y Diseño) y con ONGs como AI, en su proyecto Arts for Amnesty.
AA: El mecenazgo no es la panacea de los males de la financiación de la cultura, que tiene que seguir dependiendo de los Presupuestos públicos para mantener las Instituciones culturales de nuestro país (y garantizar el derecho de todos a acceder a la cultura), pero puede ayudar.

Como mecenas ¿qué tipo de proyectos les resultan interesantes?
AA: Colaboramos en los proyectos en que podemos aportar algo además de dinero, participando en su configuración y desarrollo. Pero igual que para comprar arte no hay que ser “coleccionista”, para colaborar con la cultura no hay que hacer inversiones cuantiosas. Todos podemos comprar una obra sin más intención que decorar nuestra casa u oficina, acompañarnos o ser una inversión de futuro. Cabe casi en cualquier presupuesto, hay pequeñas piezas, fotografía, grabados… Del mismo modo hay proyectos casi para cualquier presupuesto en los museos y las instituciones culturales
de nuestro entorno, que van a recibir las aportaciones con los brazos abiertos. También podemos colaborar desde el voluntariado y las Asociaciones de Amigos, que hacen una encomiable y callada labor. Sólo el asistir y apoyar las actividades o mantener una actitud positiva son ya apoyos muy bienvenidos. Tenemos que sacudirnos el prejuicio elitista de la cultura y el arte; participar en lo que nos interese y no desdeñar lo que interesa a los demás.
RT: Otra forma de mecenazgo muy importante en España es el corporativo. Apoyar a las marcas y empresas que se implican en la cultura, que patrocinan y apoyan actividades para todos es también una forma de mecenazgo. Imaginamos lo difícil que resulta a los responsables culturales de estas corporaciones convencer a sus directivos y accionistas de la importancia de esta colaboración. El premiar y reconocer esta labor como pequeños accionistas y consumidores es de gran importancia.

¿Qué piezas de su colección tienen una historia detrás?
AA: Ésa radio que ves ahí es un diseño de W. D. Teague de 1936. La compramos en Nueva York hace 5 años, y es un modelo especialmente frágil, así que decidimos llevarla como equipaje de mano en el avión. El problema se planteó en el control de seguridad. La llevaba nuestro hijo Rodrigo, que tendría 12 años. Cuando vimos cómo discutía con la seguridad del aeropuerto, que no quería dejarnos pasar con la radio, y como se resistió a facturarla (rodeado de policías, que asistían divertidos a la escena) supimos que la colección iba a quedar en buenas manos. Por supuesto viajó “sentada” a su lado, con otros muchos cachivaches.
RT: Yo valoro especialmente lo que nos han regalado. Retratos de familia que nos ha hecho Cristina García Rodero, una pequeña foto de un chimpancé adolescente de Isabel Muñoz, una “piedad” de Samuel Aranda, u obras hechas ex profeso para nosotros, como una instalación que nos hizo Daniel Canogar o las esculturas de Mar Solís que nos acompañan allá donde vamos.

¿Es cierto que Tàpies les hizo un obsequio especial?
RT: Cuando le conocimos, a través de su hijo Toni, ya era mayor, estaba al final de su carrera y tenía esa candidez que sólo ves en los niños. Escogió para nosotros la obra Koan, que alude a un instante de revelación budista.
AA: Los budistas dicen que hay dos momentos de iluminación: antes de conciliar el sueño y al despertarte. Tàpies nos decía: “me da rabia tener esa clarividencia cuando me voy a dormir”. Nos dijo que estaba haciendo una obra sobre ese tema “y si me gusta y la acabo, os lo diré.” Y así surgió el regalo.

¿Qué otras obras tienen un valor sentimental?
RT: Cada año abrimos nuestra casa para celebrar el Premio Nacional de Fotografía, y en una de esas veladas, conocimos a Cristina García Rodero; surgió la complicidad y, espontáneamente, quiso tomarnos unas fotos con nuestros hijos. Samuel Aranda, es como un “sobrino adoptivo”. Le concedieron el World Press Photo en 2012 en la categoría absoluta, un premio que nunca antes había ganado ningún español, y nos regaló la foto premiada. La original es en blanco y negro pero nos la hizo en color. Las fotos solemos colgarlas en sitios un poco raros, como pasillos, escaleras interiores o sótanos, porque son delicadas y no les puede dar la luz.

¿También acuden a las subastas?
AA: Sí, pero procuro no asistir porque acabas picándote… Hace poco se ofreció un banco de Gaudí en Londres. Me desplacé hasta allí confiado en que podría hacerme con él. Me marqué una oferta interesante pero, para sorpresa mía, quintuplicó su estimación alcanzando un precio disparatado. Pero también me ha pasado lo contrario. Por ejemplo, las sillas del Pabellón Español de la República se quedaron en el precio de salida.

¿Alguna otra compra memorable?
AA: Una casa de subastas de Barcelona licitó una veintena de pequeñas piezas de Lluís Domènech i Montaner procedentes del Palau de la Música. El único interesado fui yo. ¡Me adjudicaron todos los lotes!. Y otra subasta inolvidable fue la de la colección de Hector Guimard. Viajé hasta París, pero entre que mi francés estaba un poco oxidado y la emoción del momento, me adjudiqué una estación de metro entera, un montón de balaustradas entre otras muchas cosas… veía que la gente me miraba y se sonreía, pero yo estaba pletórico. Acabada la subasta se me acercó una dama muy elegante para decirme que era la representante del Estado francés, y que todo lo que yo había comprado, se lo habían quedado ellos. Como consolación me dejaron quedarme con un par de piezas, que guardo para el Museo de Artes Decorativas.

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