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Inicio » Entrevista » Érase una vez un castillo: La Colección Khevenhüller

Colección Khevenhüller

El Castillo Hochosterwitz, uno de los más famosos de Austria, se encuentra en uno de los valles más bellos de la región de Carintia, en el sur del país. Su emplazamiento sobre una escarpada roca de 170 metros de altitud lo hace destacar sobre un entorno idílico de lagos y promontorios, convirtiéndolo en único. Gracias a una arquitectura singular de las instalaciones defensivas, la conquista del castillo nunca ha sido posible. Esta fortaleza se menciona por primera vez en un documento del año 860 y pertenece desde el siglo XVI a la Casa de Khevenhüller, una de las familias de más rancio abolengo de la nobleza europea, símbolo de la vinculación de los Austrias en España. Durante el ascenso al castillo, hay que franquear catorce puertas, que acogen a su vez un Via Crucis en bronce realizado por el escultor español Miguel Fuentes del Olmo. Una vez dentro de la histórica fortaleza varias sorpresas aguardan al visitante: una extraordinaria colección de armas y armaduras y una interesante colección de cuadros del Renacimiento, todos testigos de la historia de esta legendaria fortificación defensiva. Tendencias del Mercado del Arte ha hablado con el conde Karl Khevenhüller-Metsch, empresario nacido en Lugano y criado en Madrid, responsable desde 2009 del castillo, cuyas colecciones de arte reflejan la historia a lo largo de ocho siglos de una dinastía trufada de influyentes personajes políticos, diplomáticos, militares y empresarios.

Cuál es la vinculación de la familia Khevenhüller con España?
Nuestra familia tiene relaciones con España desde hace más de cuatro siglos. El primer miembro de la familia que fue a España fue el embajador Juan V el Khevenhüller, conde de Frankenburgo, y heredero de la primogenitura de la Casa de Khevenhüller. Por su erudición, idiomas y formación política fue contratado en 1558 por Maximiliano II, en aquel momento rey de Bohemia, para hacerse cargo de las relaciones internacionales. En 1560 realizó el primero de una serie de viajes a España, para transmitir las felicitaciones del rey Maximiliano II a Felipe II por su matrimonio con Isabel de Valois. En 1572 fue nombrado Embajador Imperial en España, puesto que ocupó durante treinta y cuatro años. [Juan destacó también por su sensibilidad con la naturaleza. En España realizó proyectos grandiosos en arquitectura de paisajes, transformando jardines como los del Palacio de Aranjuez o el Jardín Botánico de Madrid en joyas de la jardinería. Instaló parques y jardines con flora y fauna mediterránea, africana y sudamericana, en los palacios imperiales en Austria, Alemania y Bohemia. Fue el suministrador de caballos andaluces más importante, enviando a lo largo de su vida en España alrededor de 100 caballos al Imperio]

¿Quién le sucedió?
Su sobrino Franz Christoph Khevenhüller le relevó como Embajador Imperial en 1617, durante el reinado de Felipe IV. Franz Christoph no fue solamente un influyente embajador por su gestión diplomática entre las casas austriaca y española. Era además muy aficionado a los caballos y los toros. ¡Fue uno de los primeros rejoneadores de la historia!. Su silla española de rejoneo está expuesta en el museo del Castillo Hochosterwitz. Trescientos años más tarde, en 1947, llegó a España mi padre, Max, VIII príncipe de Khevenhüller-Metsch. En esta ocasión las razones que le llevaron a España eran de índole personal, quería olvidar los terribles sufrimientos que padeció durante la Segunda Guerra Mundial. En Marbella encontró a familiares que residían en España por aquel entonces. Buscando nuevas oportunidades consiguió trabajo como representante de varias empresas austriacas. Se dedicó a la instalación de altos hornos metalúrgicos y plantas de laminados metálicos e industria pesada. Al final de su carrera laboral, fue nombrado Embajador de la Soberana Orden de Malta.

Con su esposa, mi madre, la condesa Henckel von Donnersmarck tuvo cuatro hijos y dos hijas. Todos nos hemos criado en Madrid. En 1977, después de treinta años en España, mi padre regresó a Austria, tras el fallecimiento de su padre, para ocuparse del patrimonio histórico de la familia.

Háblenos de la excepcional colección de armas
Esta colección es lo que queda de una armería del siglo XVI que fue saqueada por las tropas napoleónicas a principios del XIX. Mi antepasado Christoph Khevenhüller, fundó y financió un ejército para proteger la frontera sur de Austria contra los turcos. Una de las armas más valiosas es un cañón de principios del siglo XIV.

Probablemente sea el arma de fuego más antigua que se conserva en el mundo. También sobresale una colección de armaduras del siglo XVI, en especial veinticuatro piezas de la famosa armadura conocida como “el arnés Khevenhüller”.

Los Khevenhüller fueron mecenas de las artes, ¿Cuáles son las pinturas más importantes?
Tenemos retratos de personajes famosos de la familia, pintados por artistas como Juan Pantoja de la Cruz, Alonso Sánchez Coello o Jacopo Tintoretto. Tintoretto fue amigo personal del Embajador Juan, quien le retrató en 1592, cuando visitó Madrid en su camino a Praga. Juan atesoró un importante conjunto de cuadros de Tintoretto, que hoy forman parte de la colección del Museo del Prado. Entre ellos estaban el famoso Rapto de Helena o La coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, que fue el retablo de su sepulcro en la Iglesia de los Jerónimos, justo al lado del Museo del Prado. Además poseemos pinturas de gran interés histórico que recrean el Madrid del siglo XVI.

¿Cuál es su obra predilecta?
Es difícil decidirse por una. Probablemente una de las más especiales sea la talla en madera de una Venus de principios del siglo XVI. O la talla fúnebre de mi bisabuelo, de hace dieciséis generaciones, Jorge Khevenhüller. Existe otra versión, muy deteriorada, del círculo de los Leoni que está en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. Lamentablemente se encuentra en un estado de conservación pésimo.

¿Es cierto que la herrería del castillo sigue abierta?
En efecto, sigue abierta. Y el herrero es, quizás, el único que aún sabe hacer las antiguas armaduras, de tal manera, que hasta los especialistas no son capaces de detectar la diferencia entre una nueva y una antigua. En la actualidad hemos recibido el encargo de confeccionar 70 armaduras nuevas para la Guardia Suiza del Vaticano. Una veintena de armaduras, entre otras la de gala para el comandante, ya se han entregado. El herrero, Hans Schmidberger (cuyo apellido en español significa: el herrero de la montaña) está orgulloso de su maestría heredada de sus antepasados, que hace 400 años ya hacían armas y armaduras para mi familia y el castillo de Hochosterwitz. Además enseña los secretos de su arte a quienes se apunten a sus clases. Se puede aprender a hacer espadas, cuchillos o piezas de armaduras.

¿Cómo es el día a día en un castillo tan famoso y antiguo?
Bueno, depende. Durante el verano nos visitan muchísimos turistas para conocer el castillo, comer en su magnífico restaurante, admirar la colección de armas, visitar las diferentes exposiciones de arte de maestros contemporáneos, o simplemente para atravesar las 14 puertas que jalonan el ascenso mientras gozan de un paisaje único.

Háblenos del castillo ¿Qué estancias impactan más a sus visitantes?
El castillo realmente no tiene estancias. Se remonta a la época de los celtas, y en sus terrenos se asentaron también pueblos de tiempos prehistóricos. Fue construido como cuartel y fuerte de retiro para la población, sobre todo para mujeres y niños, en época de guerras. Lo más espectacular son sus vistas, una sobrecogedora panorámica desde una altura de 170 metros.

¿Es cierto que Walt Disney se inspiró en este castillo para su película La bella durmiente?
¡Es verdad!. Walt Disney lo visitó a principios de los años 50, acompañado de su amigo Will Curry, y se quedó fascinado. Hay una anécdota muy graciosa sobre esto. Al parecer mi abuelo hizo llegar a la prensa la noticia de que había vendido una de las puertas del castillo a unos inversores americanos, para conseguir dinero con el que arreglar el tejado. Aquella información, que era más bien una estrategia de marketing, generó tal polémica, que fue recogida por todos los medios de comunicación de Austria. ¡Fue la mejor propaganda que nunca habían tenido!. Gracias a esto empezaron a llegar grandes oleadas de visitantes para conocer la puerta que, aparentemente, había sido vendida a Walt Disney. Tras esa visita, mi abuelo llevó a Disney a conocer el castillo del rey Luis de Baviera, a Neu Schwanstein. La razón es que aquel castillo pertenecía a la familia real de Baviera, que pronto iba a convertirse en su familia política. Su hija -mi tía- se casó después con el príncipe Konstantin de Baviera, que falleció en los años 60 en un accidente aéreo. Conociendo los dos castillos, Hochosterwitz y Neu Schwanstein, es evidente que Walt Disney se inspiró en ellos para idear el de La bella durmiente.

¿Cuáles han sido los visitantes más ilustres?
Han visitado nuestro castillo casi 15 millones de personas desde que abrió sus puertas al público. Es uno de los lugares emblemáticos de Austria y, sin duda, el sitio de referencia de la provincia de Carintia. Entre los visitantes más insignes figuran reyes como Alfonso XIII, Gustavo Adolfo de Suecia y Olav de Noruega, políticos como la Primera Ministra británica Margaret Thatcher –que vino acompañada de su esposo Sir Dennis Thatcher– o el Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, entre otras muchas personalidades. Para muchos diplomáticos españoles, además, es una visita ineludible por su profunda vinculación con la historia de España.

 

V. García-Osuna