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Inicio » Entrevista » Debbie Reynolds: “Viví en un mundo que para la mayoría era un sueño”

Reynolds

Cuando tenía diecisiete años, gané un concurso de belleza, me descubrió un cazatalentos y de pronto me vi dentro del maravilloso mundo del espectáculo. Me crié en el seno de la Metro Goldwyn Mayer, el estudio que se jactaba de tener “más estrellas que en el cielo”.
Tuve la gran suerte de empezar mi carrera al lado de las leyendas de la gran pantalla. ¿Se imagina ir a trabajar cada día y ver a Fred Astaire pasar pirueteando a tu lado mientras iba de camino al estudio de sonido?. Yo vivía en un mundo que para la mayoría de la gente era un sueño” confiesa Debbie Reynolds (Mary Frances Reynolds, 1930, El Paso, Texas), la inolvidable protagonista de clásicos como Cantando bajo la lluvia y Molly Brown siempre a flote, una de las últimas leyendas de Hollywood, la “novia de América” en la década de los 50, madre de la también actriz Carrie Fisher (la princesa Leia de La Guerra de las Galaxias) con quien Tendencias del Mercado del Arte ha tenido la oportunidad de conversar sobre su extraordinaria colección y sus recuerdos de España.
“Mi amor por el coleccionismo surgió al comienzo de mi carrera en la Metro. Solía pasar mi tiempo libre en el departamento de vestuario, disfrutaba viendo cómo gente increíblemente talentosa creaba el guardarropa de los actores. Me fascinaba que fueran capaces de traducir una simple sugerencia del guión, a veces incluso un diálogo entero, en un traje magnífico. Aquella era la época de los grandes diseñadores que trabajaban para la Metro, como Walter Plunkett, que hizo el vestuario de Cantando bajo la lluvia. Helen Rose fue la diseñadora que probablemente tuvo más influencia en mí. Helen trabajó en muchas de mis películas e incluso diseñó mi vestido de novia. ¡En mis tres bodas!.”
Reynolds comenzó a coleccionar más en serio en 1970, cuando la MGM cambió de dueño y el estudio, buscando aligerar sus deudas, decidió sacar a subasta más de 300.000 trajes antiguos y accesorios.
La actriz siempre soñó con convertir los estudios de rodaje de la Metro en un lugar turístico, mucho antes de que los estudios Universal pusieran en práctica esa idea. Y aunque la Metro recibió una oferta de 5 millones de dólares por toda la colección prefirió vender los objetos por separado a un subastador. “Cuando la Metro anunció que subastaría todo, excepto los inmuebles, yo aún seguía bajo contrato con ellos y conocía perfectamente el inventario. ¡Eran las prendas que el estudio ni siquiera nos prestaba para acudir a fiestas y eventos!. Asistí a todas las sesiones y me centré en comprar vestidos y objetos de películas oscarizadas. Antes de aquella subasta, yo era una coleccionista “normal”. Pero después, preservar la mayor cantidad de estos trajes se convirtió en una obsesión para mí. Después de aquella licitación, otros estudios siguieron su ejemplo. Fui muy afortunada porque como conocía al presidente de la Fox, éste me permitió adquirir muchos artículos directamente antes de que salieran a pujas. Con los años, seguí tratando de salvar tantas piezas como me era posible, mientras los estudios amenazaban su propia existencia. Y rápidamente esto se convirtió en una obsesión para mí” admite la actriz.
Debbie se gastó 400.000 dólares adquiriendo artículos de la historia del cine. Y dio un fuerte empujón a su colección en 1975, cuando la Twentieth Century Fox liquidó sus fondos. Así llegó a sus manos el icónico vestido blanco plisado de Marilyn Monroe. ¿Cómo dejaban escapar los estudios estos tesoros?. “No es que yo tuviera una vista de lince”, reconoció recientemente al Wall Street Journal, “es que ellos no tenían ninguna.”
Durante cuarenta años, Reynolds continuó persiguiendo con ahínco tanto piezas clásicas, que datan de los albores de la industria cinematográfica (como el sombrero hongo, que tiene más de un siglo, con el que Charlie Chaplin entonaba Smile) hasta indumentaria de las películas más recientes (como la estrafalaria vestimenta de Austin Powers: La espía que me achuchó, de 1999).
No siempre tenía que pagar por sus piezas porque muchos de sus célebres amigos le hacían regalos. Incluso su legendaria ‘enemiga’ Elizabeth Taylor (que en 1959 le había “robado” a su marido, el crooner Eddie Fisher) le regaló uno de los llamativos cascos que lucía en Cleopatra.
En total, la actriz acumuló cerca de 3.500 trajes, 20.000 fotografías y miles de carteles, junto con infinidad de accesorios, cámaras vintage y bocetos originales realizados por los diseñadores de vestuario. Su colección atesora prendas utilizadas por todas las leyendas de Hollywood, como Katharine Hepburn, Charlton Heston, Marlon Brando, Grace Kelly, Barbra Streisand, Rita Hayworth, Frank Sinatra, Natalie Wood, Joan Crawford, John Wayne, Gregory Peck, Clark Gable, Humphrey Bogart, Cary Grant, Sean Connery, Tom Cruise, Mel Gibson, Sally Field y Tom Hanks.
Aunque intentó en repetidas ocasiones abrir un museo, ningún proyecto fructificó. Hubo intentos fallidos de colaborar con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Un edificio situado al lado de Dollywood, el museo dedicado a Dolly Parton en Tennessee, está vacío debido a que otro socio quebró. Reynolds a menudo tenía que pagar las facturas de los arquitectos y consultores, lo que la sumió en grandes deudas que ahora aspira a liquidar gracias a lo que recaude en la serie de subastas organizadas por la sala Profiles in History [Paley Center for Media. Beverly Hills. California].
Ya se celebró una primera venta el pasado 18 de junio, y los mitómanos tienen una segunda oportunidad el próximo 3 de diciembre. Salen a pujas 400 lotes, entre trajes, cámaras de época, atrezzos completos de películas, pósters cuyos precios de salida van de unos pocos cientos de dólares hasta los 2 millones que piden por el vestido blanco de Marilyn de La tentación vive arriba.
“Adoro cada pieza que he coleccionado. No soportaba verlas perderse ni olvidarse. Cada traje conserva el aura de la estrella que lo llevaba en la gran pantalla. ¿Se puede pensar en El Mago de Oz sin los chapines rubí de Dorothy?. ¿O en La tentación vive arriba sin el vestido vaporoso de Marilyn en la escena del metro?. Yo no puedo. Por eso compré doce de los trajes de Marilyn. Todos estos complementos son tan famosos como las estrellas que los llevaron.
Hay magia en cada hilo, en cada botón y en cada lazo. Muchos de estos artículos maravillosos capturan ese momento especial de una película que nos conmovió profundamente. Para mí, el recuerdo de aquel momento pervive en cada una de estas piezas.”
Con 79 años y una estupenda forma física, Reynolds sigue siendo la actriz pizpireta que enamoró a América. A pesar de su pequeña estatura -1,57 cm-, fue una talentosa bailarina, cuyas cualidades no pasaron desapercibidas para Fred Astaire y Gene Kelly que la eligieron como pareja de baile en varias de sus películas (“¡Rodar Cantando bajo la lluvia y dar a luz han sido las dos cosas más difíciles de mi vida!”).
Todavía hoy Debbie está en la carretera 42 semanas al año recorriendo infatigable Estados Unidos representando un monólogo sobre su vida en el que rememora los viejos tiempos. Tras su debut en Broadway en 1973 con el musical Irene por el que fue nominada a un premio Tony, volvió a pisar las tablas en 1983 sustituyendo a Lauren Bacall en La mujer del año. Aunque no hace cine desde hace años (“Dejé de hacer películas porque no quería quitarme la ropa. Algunos lo llamarán realismo, para mí es basura”) en los últimos tiempos ha participado en series televisivas de éxito como Will & Grace.
“Siempre soñé con abrir un museo, un lugar que alojara y exhibiera mi colección de forma permanente, para que todo el mundo pudiera apreciar de cerca estos trajes y complementos maravillosos.
Durante los últimos cincuenta años, he coleccionado, conservado y amado cada uno de estos tesoros. He tenido el privilegio de ser su defensora y cuidadora.
Lamentablemente, mi sueño no se hizo realidad. Al sacar estos preciosos objetos a subasta, mi deseo es que encuentren un hogar en el que se les venere y conserve junto con su historia.”
La actriz y cantante tiene previsto desprenderse de toda la colección, conservando únicamente un par de vestidos que llevó en sus dos películas más emblemáticas, Cantando bajo la lluvia y Molly Brown siempre a flote, por la que recibió su única nominación a los Oscar, en 1964, como legado para sus hijos.

¿Puede un mito como usted ser mitómana? ¿Quiénes son sus artistas favoritos?
¡Por supuesto!. Adoro a muchos actores, a las grandes estrellas como Fred Astaire, Judy Garland o Barbra Streisand…
El 3 de diciembre saldrá a pujas parte del guardarropa de Marilyn Monroe con trajes tan especiales como el corpiño azul con el que interpretó la canción That Old Black Magic en la película Bus Stop. También habrá algunos vestidos de Ava Gardner, Katharine Hepburn y Barbra Streisand, de su película Funny Girl.

¿Cómo empezó a coleccionar objetos de Hollywood?
Poseo la mayor colección privada del mundo de recuerdos de Hollywood. Abarca toda la historia del cine, desde las películas mudas hasta la actualidad, con maravillosos objetos y vestidos de todos los tiempos. Es una colección muy grande, por eso, para dispersarla, se celebrarán varias sesiones: ya ha habido una venta, en junio, y habrá cuatro más, la primera de ellas, como le decía, en diciembre en Beverly Hills. Empecé a coleccionar en 1970, en una subasta de Metro Goldwyn Mayer, que duró tres semanas. Adquirí muchos artículos que pertenecieron a Greta Garbo, Clark Gable, Lana Turner y a otras grandes estrellas de la MGM.
Luego hubo otra subasta en 1975 de los fondos de la Twentieth Century Fox en la que me convertí en la mayor compradora de memorabilia de Hollywood. Más tarde hubo otra de Columbia Pictures, y ahí me hice con vestidos de las grandes estrellas de la Columbia. Conseguí, por ejemplo, el que llevaba Kim Novak en la película Picnic. Después de más de cuarenta años comprando trajes y objetos, me he convertido en la mayor coleccionista privada de recuerdos de Hollywood.

¿Qué piezas tienen un significado especial para usted?
Bueno… ¡hay muchas!. Pero mencionaría la primera cámara de cine de Charles Chaplin. La compró durante la época del cine mudo, en la década de 1920. Es una pieza rarísima, muy especial [Fue la única cámara adquirida directamente por el cineasta y la empleó para rodar algunas de sus míticas películas como Tiempos Modernos, Candilejas y La fiebre del oro] Pero también tengo un aprecio especial por un vestido de Mary Pickford, por el que lucía Ava Gardner en Magnolia, así como el corpiño que Marilyn Monroe llevaba cuando cantó That Old Black Magic. De hecho, en esta subasta se ofrecerán varios vestidos y accesorios utilizados por Marilyn, además de un fragmento de su última película, Something’s got to give.

¿Cuáles han sido las piezas más caras?
El objeto más caro que he vendido fue el vestido plisado blanco que Marilyn vestía en la escena del metro por el que pagaron 5,5 millones de dólares. Otro de sus vestidos subió hasta 3,5 millones de dólares. Y el que llevaba Grace Kelly en Atrapa un ladrón se remató por 1,5 millones de dólares. También recuerdo los chapines rojos de Judy Garland en El Mago de Oz que se vendieron por 600.000 dólares.

¿Por qué vende ahora su colección?
Mis hijos querían que la vendiera porque perdí la ilusión de tener un museo donde todo el mundo pudiera ir a ver de cerca estos trajes y objetos. Un museo así requiere mucho dinero y mucho tiempo y no ha sido posible encontrar a nadie que se hiciera cargo del proyecto. Por eso mis hijos, Carrie y Todd, han decidido que ya era hora de que me tomara un respiro y dejara de gastar dinero. Creen que es el momento de compartir mi colección con los demás.

¿Qué papeles, de sus películas favoritas, le hubiera gustado interpretar?
Me hubiera gustado hacer el de Julie Andrews en la película Sonrisas y lágrimas, por ejemplo. Por cierto la guitarra que tocaba en aquella película también estuvo en mi colección y se vendió por 500.000 dólares. También me hubiera encantado hacer el de Audrey Hepburn en My Fair Lady, que es una de mis películas favoritas de todos los tiempos. El precioso vestido blanco y negro que lucía en la escena de la carrera de caballos de Ascot se vendió en la primera subasta de mi colección en junio.

Historia de una obsesión
“Desde que tengo memoria, mi madre ha sido una gran fan del cine además de ser una estrella de la gran pantalla. Con el tiempo, coleccionar y preservar objetos históricos de Hollywood se convirtió en una prioridad -casi una obsesión para ella. Ha atesorado vestidos, accesorios y muebles de las películas más famosas y queridas de todas las épocas, forjando la colección privada más extensa y extraordinaria del mundo. Con el propósito de abrir un “Museo de Hollywood”, que abarcara desde los orígenes del cine, las películas mudas, hasta la actualidad, formó una colección que resume la quintaesencia de Hollywood. Mi madre vio el valor de estos objetos mucho antes de que lo hicieran otros, y consiguió hacerse con los mejores trajes que llevaban las grandes celebridades en las mejores películas.
Gracias a su dedicación hoy podemos disfrutar de muchos de los trajes y complementos utilizados en las películas más icónicas y apreciadas de todos los tiempos.” (Carrie Fischer)

Debbie y España
“¡Me acuerdo muy bien de España!. De hecho, ¡adoro España!. Recuerdo una anécdota que me ocurrió en Madrid mientras me alojaba en el Hotel Palace. Estaba rodando la película Empezó con un beso, en 1959, con Glenn Ford y Eva Gabor, y fuimos a una corrida de toros.
Teníamos una escena importante en la arena, y de repente empezó a diluviar. Ya conoce el dicho “The rain in Spain is mainly in the plain”. El caso es que empezó a llover a cántaros y todo el equipo salió disparado ¡olvidándose de Eva y de mí!. Nos dejaron plantadas bajo la lluvia y se marcharon sin nosotras. Tuvimos que salir de la plaza a buscar un taxi pero no encontrábamos ninguno, menos mal que al final un señor se ofreció amablemente a llevarnos en su coche al hotel. A pesar de mi pobre español fui yo quien tuvo que explicarle adonde íbamos. ¡El equipo de rodaje se había olvidado de nosotras!. ¿Puede creerlo?. ¡Se olvidaron de las dos estrellas de la película!.
Me encanta España, hasta me compré un apartamento en La Manga que conservé durante 15 años.
Yo nací en El Paso, Texas, así que me crié a base de tortillas. ¡Me encanta el español, México y España!.”

Para sentirse Marilyn
La subasta de la primera parte de la colección celebrada el pasado 18 de junio logró varios récord Guinness recaudando más de 22 millones de dólares. La casa de subastas californiana, dirigida por Joe Maddalena, pone a la venta en diciembre 430 lotes que harán las delicias de los mitómanos. Destacan varios vestidos lucidos por Marilyn Monroe en algunas de sus películas más conocidas. De Los caballeros las prefieren rubias, se ofrece el sexy vestido de noche diseñado por William Travilla que llevó la actriz en su papel de Lorelei Lee (150.000 a 200.000 dólares). También diseñado por Travilla se ofrece el corpiño de lentejuelas con el que la mítica rubia interpretó a Cherie en Bus Stop (200.000 a 300.000 dólares).
Esta fue una de las últimas colaboraciones entre la malograda actriz y su diseñador favorito. La escena en la que Marilyn, esposa infiel de Joseph Cotten, ataviada con un ajustado traje de chaqueta color verde agua, camina decidida, contoneando sus caderas, a la cita ilícita con su amante en la película Niagara, está considerada una de las secuencias más sensuales del cine del momento, que tenía que sortear el severo código de censura (100.000 a 150.000 dólares). También de Jeakins se licita el exuberante vestido de seda plisado y talle imperio que lucía Amanda Dell, el personaje que Marilyn interpretó en la comedia Cómo casarse con un millonario (200.000 a 300.000 dólares).

Vanessa García-Osuna