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Hannah Collins

Hannah Collins (Londres, 1956) se dio a conocer en la escena internacional como pionera en el género de la fotografía con imágenes monumentales e íntimas creando un arte poético y al mismo tiempo político que abordaba la fugacidad de la vida moderna, la interrelación entre memoria e historia, y la voluntad de expresar estas experiencias intangibles a través de las imágenes.
El carácter épico y sin embargo tierno de sus fotografías panorámicas también se evidencia en sus películas. La Mina, Paralelo e Historia en curso son exploraciones ricas y complejas del poder de la localización. Su obra está presente en numerosas colecciones públicas, entre las que se encuentran la Maison Européene de la Photographie de Paris, la Tate Gallery de Londres, y entre los museos españoles, el MACBA y el Reina Sofía.
El último proyecto que la ha traído a España ha sido The Fragile Feast, un fascinante viaje culinario traducido en imágenes que le ha llevado por Europa, América Latina y Japón para fotografiar treinta ingredientes escogidos por el chef Ferrán Adriá. El resultado son unas sugerentes fotografías –exhibidas en Ivorypress Art + Books Space II– que revelan el lugar de origen, el proceso de transformación y la preparación en cocina de cada uno de los ingredientes.
La artista inglesa ha creado bellas composiciones que tienen a las anémonas gaditanas, el kuzu japonés, la miel de abejas nómadas cultivada en Italia o los pinos pirenaicos, como protagonistas.

¿Recuerda su primera experiencia con el arte?
Creo que una exposición de Warhol en Londres cuando tenía unos 7 años. Recuerdo perfectamente el color del papel vaquero de las paredes y también las latas de sopa -poco después me llevaron a ver a Hamlet al Roundhouse Theatre –y a continuación echamos una agotadora carrera hasta un local donde actuaba Marianne Faithful.

Usted empezó como pintora y escultora, ¿cómo llega a la fotografía?
Empecé pintando porque mi abuela, Prunella Clough, era una pintora muy conocida –además era sobrina de Eileen Grey, la diseñadora irlandesa que vivió en París –y me apoyó mucho cuando yo era jovencita.
Siempre dibujé mucho –aún conservo un dibujo que hice cuando tenía 2 años en el que me retrato a mi misma al lado de un fantasma- así que supongo que, de alguna manera, utilizaba el arte para hacerme compañía.
En la escuela me dieron un premio que era La Historia de la Fotografía de Beaumont Newhall así que desde adolescente me acostumbré a mirar la historia a través de imágenes fotográficas.
Lo cierto es que no poseo el sentido del tiempo necesario para ser pintora –tendría una enorme paciencia para la tarea pero no para estar todo el rato de pie frente a un lienzo que es lo que uno debe hacer cuando es pintor.

¿Cómo surge The Fragile Feast?
Quería hacer un trabajo sobre España –un periodista de la BBC lo llamó “mi poema de amor a España”, un país en el que he vivido durante veinte años. Pasé mucho tiempo recorriendo España porque deseaba hallar la manera de vincular las fotografías con la tradición de las naturalezas muertas y con el paisaje. Hablé con Ferrán Adriá sobre cómo unir la creación y la transformación con el paisaje y él escogió 30 ingredientes que le interesaban y yo seguí su trayectoria desde su entorno originario hasta la cocina de ElBulli. Este proceso sirvió para unir a España con Sudamérica, Japón y otras regiones de Europa y salieron a la luz descubrimientos increíbles; la caña de azúcar, por ejemplo, que ocupa un lugar esencial en la dieta mundial, tiene una historia curiosísima –Colón tuvo un romance con la gobernadora de las Islas Canarias y llevó la planta a las Américas… no tardó mucho en nacer nuestra
adicción…

Este proyecto le ha llevado por todo el mundo… ¿Qué momentos fueron los más especiales?
En Sudamérica fui a Colombia –donde se celebraba una exposición de mi obra en el Museo de la Universidad Nacional, en Bogotá- y pude conocer la Colombia profunda, la parte más rural y salvaje del país, donde no hay carreteras solo senderos… descubrí frutas sensacionales que jamás había visto en Europa.
Fue una genuina experiencia ‘anti-cultural’ estar tan cerca de una naturaleza abrumadora; en Bogotá visité el Museo de Oro y me quedó claro que existen profundos lazos culturales enterrados dentro del paisaje –las montañas de oro, los abalorios y las cerámicas yacen sepultados en estos paisajes que han sido testigos de tantos combates.
En Galicia me quedaba absorta contemplando las formaciones de algas marinas increíblemente bellas que quedan al fondo de las olas mientras que en la orilla hay rocas de las que hablan las leyendas.
Y en Japón fotografié una fabrica de soja del siglo XVII donde cada objeto me retrotraía al pasado; además encontré un libro con 300 años de antigüedad que mostraba símbolos sobre la producción de soja –el pasado unido al presente a través de hilos, hebras, superficies y trozos de papel.

De las 250 fotografías que componen el proyecto ¿de cuáles se siente más satisfecha?
Tardé mucho en encontrar la forma de presentar los ingredientes que había fotografiado –por ejemplo, el zumo de lulo de Colombia es algo muy simple pero al final fue una de las imágenes más elocuentes –el lulo es una planta dura, exótica y colorida, y el zumo se plasma en una copa coronada por una densa espuma –aquí se ve como la naturaleza es transformada de forma increíble.
¿Le gusta cocinar?Algunos ingredientes plantearon un auténtico desafío, por ejemplo, el jamón. El jamón está ligado al paisaje, a los robles, a la lluvia, al viento y a la forma en que los cerdos son alimentados, y Ferrán condensa todo esto en un zumo, una forma extrema de refinamiento.

¿Le gusta cocinar?
Sí, siempre he cocinado, de hecho todavía conservo un libro que me regalaron cuando era niña y he preparado casi todas las recetas para mi familia. No tengo tiempo libre pero me gusta leer y ver películas –ahora mismo estoy leyendo Cándido de Voltaire- un maravilloso compendio sobre la conducta humana, el deseo y la locura.

Usted trabaja con ocho colaboradores… ¿Qué ventajas tiene trabajar con varios colaboradores?
Depende totalmente del proyecto. A veces las cosas son el resultado del puro azar –rodé una película en Rusia que surgió porque alguien -Edouard Chiline-, que vivía en Beshencevo, una aldea en las afueras de Nizhny Novgorod en el centro de Rusia, vio mi documental sobre La Mina en el Festival de Cine de Rótterdam y me invitó a conocer su pueblo. Fue tan convincente que viajé a Rusia en medio del crudo invierno y acabamos haciendo una película muy compleja juntos; él conocía su propia sociedad pero no sabía cómo utilizar el lenguaje fotográfico para poner sus pensamientos en imágenes.
En cuanto a mi, nunca había trabajado en climas extremos como el de Rusia ni había llevado a cabo ningún proyecto tan íntimamente fusionado con su paisaje como este. Este es un ejemplo de colaboración real, se llama Current History [Historia en curso, fue un encargo de la Fundación “la Caixa”].

¿Cuáles son sus influencias?
Bueno, las primeras fueron las de Stieglitz y los pioneros americanos. Una de las primeras exposiciones de fotografía que vi fue una dedicada a Robert Frank pero me han interesado todo tipo de cosas…
Recientemente he estado viendo la obra de Roger Fenton, uno de los primeros fotógrafos británicos –tenía una capacidad extraordinaria de analizar su entorno y cultivó tanto la fotografía de paisaje como las naturalezas muertas.
En mis comienzos me influyó mucho Tina Modotti. Me seducía que fuera capaz de ofrecer una perspectiva social y política y al mismo tiempo poseer una estética propia aceptada, y ante sus fotografías tienes la sensación de que estaba físicamente presente en ellas.

Si tuviera que limitarse a un único medio ¿Cuál escogería?
Tal vez el cine, pero no creo que lo importante sea el medio ya que todos están profundamente ligados entre sí…

¿Sigue adelante su proyecto sobre Lorca –Bodas de Sangre? ¿Le interesa el arte español?
¡Me encantaría! Escribí un guión y he hablado con algunas personas y creo que saldrá adelante en el futuro pero ¿quién sabe?. Pienso que sigue pendiente de hacerse una versión de Bodas de Sangre, y en el sur de España donde realmente suceden hechos como los que describe Lorca.
No es sencillo hacer un largometraje –es un gran salto, pero me encantaría darlo.
Me interesa mucho el arte español –durante mucho tiempo sentí que no sabía demasiado- aunque no podría haber sobrevivido a lo que España ha pasado, pero he estado yendo y viniendo durante 20 años y creo que tengo algo más de un vínculo con el país…

Una humilde joya
“Colecciono de todo –en su mayoría objetos modestos- pero tengo un libro que aprecio mucho hecho por Roy de Carava y Langston Hughes llamado The Sweet Flypaper of Life.
Este librito constituye una colaboración muy estrecha entre un gran fotógrafo afroamericano y un gran poeta afroamericano. La historia empieza ya en la misma portada con un mensaje y la imagen de un par de ojos que te observan. Aunque solo es una edición en rústica que me costó un dólar es un hito en la historia de la edición y de la fotografía.”

Jorge Kunitz