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Inicio » Entrevista » Jessica Stockholder: “El color es el alma de mi trabajo”

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Jessica Stockholder (Seattle, 1959) es una de las artistas más influyentes de su generación. En la actualidad da clases en el área de Artes Visuales de la Universidad de Chicago, y antes fue jefa del departamento de Escultura de la Universidad de Yale.
Galardonada con el prestigioso premio Lucelia Artist del Smithsonian Museum, ha desarrollado un modo singular de la escultura, que se formaliza tanto en piezas independientes como en proyectos site specific, en los que dialoga con la arquitectura o interviene sobre ella.
Sus creaciones se caracterizan por un marcado carácter monumental aunque también es muy conocida por sus pequeños objetos que surgen del ensamblaje de diversos materiales y formas. Las grandes construcciones que realiza parten de su afán por tomar conciencia del espacio en el que trabaja y de adherirse a él por medio de los materiales que utiliza. A Stockholder le vale cualquier cosa. “Los objetos que utilizo no tienen importancia. ¡Podrían ser cualquier cosa!. Desde cosas encontradas en un basurero hasta elementos más elegantes que podrían adornar un cuarto de estar. Uso todo tipo de cosas, viejas y nuevas” dice la escultora. Su referente máximo es el color y su constante búsqueda de vibraciones cromáticas explica que algunos críticos la hayan llamado la “Matisse de los 90”. Al color de las formas, la artista añade alfombras de colores encendidos pero también pintura en sí misma con la que integra los diferentes elementos que componen la pieza. Los suyos son siempre colores brillantes, amables o ácidos, en su inmensa mayoría frescos, lejanos de cualquier aspecto trágico o doliente. Los objetos e instalaciones que crea son inmóviles, pero a través de su prolongación en el espacio, la luz –que alarga su influencia a través de sus rayos- y el movimiento del visitante, adquieren movilidad. Su toque lúdico seduce y cautiva al público, que se encuentra atrapado, sin darse cuenta de su transición de observador pasivo a participante activo.
En sus instalaciones se detectan variopintas influencias: el caos y el azar que cultivaban Allan Kaprow, Jean Tinguely y los surrealistas pasando por la pintura formalista y el Minimalismo. La voz de John Cage también se siente. Stockholder empezó como pintora y nunca ha dejado de pintar. Le seduce la manera pictórica de ver las cosas “mirar a través de los cuadros forma parte de nuestra experiencia en el mundo.”
La artista presenta una selección de sus últimas propuestas en la Galería Max Estrella de Madrid en una exposición titulada Nubes “son obras que acaban de salir de mi estudio. Son acumulaciones de color y gesto, volúmenes”.

¿Cuál fue su primera experiencia con el Arte?
Recuerdo ser arrastrada por mis padres, en París, a una gran piscina y también a un pase de diapositivas. En el Louvre me fascinó descubrir el Puntillismo. Y también recuerdo estar en el sótano de mi casa, pintando un cuadro con mi padre, mi hermano y mi hermana.

¿Cómo descubrió que quería ser artista?
No sé si descubrí que quería ser artista ¡simplemente sucedió así!. ¡Hay muchas otras cosas que hacer en la vida!

En la universidad usted estudió Pintura. ¿Cómo llega al universo de las instalaciones?
Nunca he hecho una gran distinción entre pintura, escultura e instalaciones.
Aunque creo que las palabras “pintura” y “escultura” son más significativas que la de “instalación”.

Sus intervenciones específicas han sido descritas como “pinturas en el espacio”. ¿Es una buena definición?
Sí, mis trabajos pueden entenderse como ‘pinturas en el espacio’. Disfruto mucho orquestando la colisión de la experiencia estática de la pintura con la experiencia temporal de moverse por el espacio. ¿Mi mayor logro?. Vivir una vida llena de placer, nuevos desafíos ¡y trabajar en proyectos elegidos por mí!.

Sus complejas instalaciones incorporan la arquitectura en la que han sido concebidas. ¿Qué espacios le han planteado mayores retos?
En mi trabajo no juzgo la arquitectura ni la calidad de los espacios. Me interesa más comprenderla y aprovechar su naturaleza específica. Llego a ella desde el interior y voy averiguando mi camino.
Me atraen los edificios y la arquitectura como lugares para la pintura o como marcos para la escultura. También me atrae la arquitectura del paisaje.

Usted lleva más de tres décadas en la escena artística ¿Cómo han evolucionado sus intereses?
No estoy segura de que la evolución, el progreso o la crítica sean las cuestiones más apremiantes para los artistas. Me interesa levantar la alfombra que hay bajo mis pies. Por eso me gusta que me desafíen proyectos nuevos. Esa es la razón de que me haya mudado recientemente a Chicago desde la Costa Este.
Por ejemplo, ahora mismo estoy trabajando en un par de proyectos que me han encargado para exteriores y es probable que esta primavera haga otro para una calle. Me divierte mucho el reto que implica presentar mis obras fuera de las galerías.

¿Cómo combina la práctica artística con su trabajo como profesora en el Departamento de Artes Visuales de la Universidad de Chicago? ¿Ha tenido profesores que le hayan influido?
Llevo en la Universidad de Chicago unos cinco meses y estoy muy feliz. Aprecio el carácter comprometido de su comunidad académica. Además hay un grupo de artistas interesantes por aquí –también hay grandes museos como The Art Institute y el MCA [Museum of Contemporary Art Chicago]. Me parece útil poder participar de los distintos valores que me propone la Universidad y el mundo comercial.
Me gusta mucho estar en contacto con gente más joven que yo y formar parte del proceso de articular un trabajo que se está desarrollando. Como alumna, el profesor que más me influyó fue Mowry Baden.
También tuve la suerte de trabajar con muchos otros, George Trakas, Judy Pfaff, Judith Lodge, Norah Blanch, Jake Bertolt y Mel Bochner.

Sus instalaciones multimedia incorporan objetos encontrados y pinturas de colores vibrantes y llamativos. ¿Podría hablarnos un poco de la importancia del color en su obra?
Valoro el color como una experiencia por derecho propio, y también como metáfora o para establecer paralelismos de nuestra vida emocional interna. El color es efímero y estable al mismo tiempo. Está fijo para los objetos y flota a través del aire en la luz. El color es un factor organizador de mi obra, y también su corazón y su alma.

¿Qué papel juegan los espectadores en sus instalaciones? ¿Piensa en el público al crear una obra?
Yo soy el primer público de mis obras y adoro compartirlas con todos aquellos que deseen tomar parte.

¿Qué recuerda de su exposición en el Palacio de Cristal de Madrid? ¿Le interesa el arte que se hace en España?
Disfruté mucho del tiempo que pasé en Madrid mientras trabajaba en Peer out to See [Atisbar para Ver]. ¡Hacía mucho calor!.
Me encantó pasar tiempo con gente nueva. El Palacio de Cristal y el Parque del Retiro eran románticos y suponían un desafío. En cuanto al arte… la colección del Museo del Prado es extraordinaria –tanto las pinturas que ya conocía como aquellas de las que nunca había oído hablar. ¡Un verdadero placer!.

Dragones de Playmobil
“No soy una gran coleccionista pero tengo algunos grabados de artistas históricos de la Costa Noroeste como Robert Davidson y Susan Point, dos creadores cuyo trabajo me encanta. ¡También tengo una pequeña colección de dragones Playmobil! –revela riendo-. Y he hecho algunos intercambios de obras con Marilyn Minter, Haim Steinbach y Bernard Frize.”

Jorge Kunitz