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Inicio » Entrevista » Zurbarán y el mecenas inglés

El filántropo Jonathan Ruffer ha frenado la dispersión de una valiosa colección de pintura española del siglo XVII propiedad de la Iglesia de Inglaterra.

Sabían que uno de los tesoros del arte religioso europeo, obra de un artista español, se conserva en un castillo inglés?. Durante 250 años el Castillo de Auckland, en el condado de Durham, al norte de Inglaterra, ha atesorado una pequeña joya de gran significación para España: una docena de cuadros del maestro Francisco de Zurbarán. Esta insólita colección acaparó titulares en marzo del año pasado cuando el financiero Jonathan Ruffer hizo pública una donación de 18 millones de euros para impedir la dispersión de las obras del pintor español que iban a ser vendidas por la Iglesia de Inglaterra para recaudar fondos. Ruffer adquirió las pinturas con el propósito de que estas no abandonen su histórica morada y sigan contándole al público un capítulo esencial de la historia de la Cristiandad en ese país. Además de adquirir los cuadros, Ruffer ha destinado idéntica suma a la reforma y acondicionamiento del castillo para que éste recupere su antiguo esplendor. Tras anunciarse su generosa acción, Nicholas Penny, director de la National Gallery, declaró: “Es una noticia excelente que los zurbaranes se queden en su hogar y que el castillo sea más accesible al público”. “Para los ricos, ahorrar es mucho más peligroso que gastar, porque gastar te deja un vacío, pero es duro comprobar que ahorrar te lo deja aún más. Tener un montón de dinero solo te envenena.” Jonathan Ruffer, un hombre de modales sencillos y afables, dice de sí mismo: “Crecí en el Norte de Yorkshire, estudié Lengua Inglesa en Cambridge, me formé como abogado y más adelante entré en el mundo de la inversión fundando mi propia empresa, Ruffer LLP en 1994. Me gustaría servir de estímulo a quienes trabajan duramente por el bienestar de los demás y para quienes procuran trabajar, pero no han tenido la oportunidad.”

El Castillo de Auckland ha sido el palacio del príncipe de los obispos de Durham durante más de 900 años. El castillo era el centro del poder en el noreste de Inglaterra y tras la conquista normanda y el acoso de sus vecinos del norte se le concedieron al obispo de Durham poderes excepcionales para actuar como líder político y militar. El rey le permitió aumentar los impuestos, acuñar moneda y tener su propio parlamento. Tales privilegios reales le convirtieron en el segundo hombre más poderoso del país. El castillo posee importantes obras de arte pero la “joya de la corona” son la docena de cuadros de Francisco de Zurbarán.

¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con el arte?
Cuando era niño, en casa teníamos una lámina barata de La Adoración de Gentile de Fabriano; recuerdo que una vez vi una ilustración de este famoso cuadro en un libro y pensé que era una copia del nuestro. ¡Por suerte nadie me quitó la ilusión de que escondíamos este ‘tesoro’ en nuestro cuarto infantil!.

¿Cómo empieza a coleccionar?
Empecé tarde. La primera obra que adquirí fue un cuadro de George Romney, era un retrato de la señora Crouch, una célebre cantante de ópera que cantó en el Covent Garden. No estaba claro si había salido del pincel del propio Romney pero descubrimos que se había vendido en Christie’s en 1898 por una suma elevada. Las dimensiones del lienzo eran insólitas, lo que reforzó nuestra tesis. Esto sucedió hace seis años.

¿Qué tipo de arte le seduce más?
Le compro todas las obras de arte a un reconocido marchante, Anthony Mould, que tiene un ojo magnífico y un buen criterio. Nos hemos especializado en naturalezas muertas, (Seicento, Settecento) y paisajes, principalmente ingleses del período de 1740 a 1800. Después de aquella fecha una generación nueva de artistas -Turner, Constable, Bonington y Girton en particular-, irrumpió en la escena artística.

¿Le interesa la pintura religiosa?
En efecto, adquiero principalmente arte de la Contrarreforma, fechado entre 1600 y 1650, y realizado por artistas de Francia, Italia y España. Precisamente esto fue lo que me hizo sentir que los zurbaranes del Castillo de Auckland debían ser salvados. Zurbarán fue un pintor poco conocido en la Inglaterra del siglo XVIII, y durante un tiempo estos cuadros fueron atribuidos a José de Ribera, el Españoleto, el único nombre reconocido por el mundo del arte en la Inglaterra de aquella época. Tengo una copia de finales del siglo XVIII de un San Francisco de Zurbarán – esta obra me suscita dudas como ¿de donde le vino la inspiración a su autor? ¿dónde vio el Zurbarán del que se copió?- Lo que más me influyó a la hora de decidirme a comprar los zurbaranes fue que yo era la única persona que tenía un motivo para adquirirlos y el dinero necesario para ayudar. Una buena parte de mi motivación era evitar que la Iglesia de Inglaterra hiciera un espectáculo ofendiendo a una pequeña parte de su mundo al arrebatarle sus derechos de nacimiento.

¿Por qué su pasión por el arte español?
¡Mi gran sueño el año pasado hubiera sido comprar la parte principal de la colección de pintura de la Edad de Oro del Museo Filatélico a los administradores de aquella empresa, que había quebrado. Por desgracia, la junta de exportación se puso nerviosa, y prohibió la exportación de los cuadros. No logramos convencerles de que la combinación de los 83 cuadros del Bowes Museum, junto con estos zurbaranes, y algunas pinturas de mi propia colección, hubieran contribuido a dar un esplendor internacional al arte español.

Qué lástima…
A pesar de ello, este verano hemos expuesto los zurbaranes en el Castillo de Auckland junto con una pequeña colección de pintura de la Contrarreforma de la misma época que los cuadros de Zurbarán –que representan a Jacob y las doce tribus de Israel. En la muestra incluimos tres Riberas (uno es una copia de taller del San Pablo el Ermitaño del Museo del Prado) y un espléndido San Andrés de Luis Tristán.

¿Qué siente al contemplarlos?
El contraste entre Ribera y Zurbarán es asombroso. Mientras que Ribera alcanza su cénit a través del drama de la acción, Zurbarán lo consigue mediante el poder de la quietud. ¡Es una yuxtaposición fascinante!. Uno de los Riberas, otro San Pablo el Ermitaño, una variante del que posee el Museo de Baltimore (si no me equivoco), tiene rasgos faciales muy similares al Zebulón de Zurbarán. Hay una deliciosa Santa Catalina de Giovanni Bilivert, que demuestra cuán artificial y ostentosa era la Escuela florentina comparada con la española. Aunque entonces no podían apreciarlo, el paso del tiempo ha probado la autenticidad del arte español, en detrimento del italiano.

Además de arte español, ¿qué otras obras pueden verse?
Es inspirador ver que el apasionamiento, el fervor del arte de la Contrarreforma es resaltado por la calidad pastoral de los paisajes ingleses. Hay dos obras maestras de Gainsborough, un paisaje boscoso tardío, de 1780, semejante al famoso Watering Place de la National Gallery; y una obra anterior, ligeramente más pequeña que su cuadro Cornard Wood, también en la National Gallery.

¿Seguirá coleccionando?
Es una suerte para mí que estos Maestros Antiguos sean tan poco coleccionados. ¡Ojalá así siga siendo por mucho tiempo!. Esto nos permitirá crear en el Castillo de Auckland una magnífica galería consagrada al arte español.

Vanessa García-Osuna
www.aucklandcastle.org