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Inicio » Entrevista » Martin Creed, puro show

Feliz le ha hecho la última exposición en el Centro Botín de Santander. No es un estado habitual en él. En absoluto. Martin Creed (Wakefield, Reino Unido, 1968) dice no sentirse bien la mayor parte del tiempo. Ni la vida es fácil ni él se proclama artista. Es persona, y hace cosas “sencillas y sólidas”. Una de ellas, el apagarse y encenderse de la luz sin interrupciones en una sala de arte completamente vacía, le valió el Premio Turner en 2001. Lo suyo es convertir situaciones de la vida cotidiana en shows —prefiere esta palabra a la de exposiciones— donde la música, las paredes pintadas, los objetos… arropan al público en su discurrir por la vida. Por eso interviene con sus colores y sonidos en los ascensores y los jardines, incluso en los uniformes del personal de los museos: “Para hacer feliz a las personas”. Amigos es el título que le ha dado a su último proyecto en el edificio varado de Renzo Piano en la bahía cántabra. Persona llana y afable en el conversar, su hacer lo es todo menos irritable o estúpido. “Cualquier cosa utilizada por la gente para hacer arte es arte”. Hasta el punto de lograr convencer a los ciudadanos para hacer sonar las bocinas de coches, motos y bicicletas al unísono con el repicar de las campanas de Londres coincidiendo en 2012 con la ceremonia de inauguración de los Olimpiadas. [Foto: Hugo Glendinning].             Inés Martínez Ribas

Martin Creed