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Nicolás Romanov

Además de los libros de Nicolás Mikhailovitch, que le he mencionado, las cartas privadas que mi abuelo escribía a mi abuela. Mi abuelo no escribía mucho, se dedicaba fundamentalmente a su trabajo militar y a servir a la armada, pero su deseo era poder llegar a la frontera y dejar la función militar y poder vivir la vida civil… Aspiraba a vivir la tranquilidad en el extranjero porque estaba obligado a vestir el uniforme. Quería instalarse en la Costa Azul y vivir al lado del mar. Para terminar, me gustaría añadir que deseo volver a ver Rusia fuerte y respetada, una Rusia mirando, como la bandera del águila bicéfala, a derecha y a izquierda, hacia el este y el oeste.

Con la llegada de 2013 se cumple el 400 aniversario de la Dinastía Romanov: en febrero de 1613 Mijail I fue elegido primer zar de Rusia, y a partir de su coronación, los Romanov gobernaron Rusia durante algo más de 300 años, hasta la revolución de febrero de 1917, cuando Nicolás II abdicó; fue el último zar de Rusia. Con el fin de los zares, los descendientes varones de Nicolás II crearon la Asociación de la Familia Romanov, “la última generación de los genuinos Romanov”, como dice su Presidente, Nicolás Romanov, príncipe de Rusia, con quien Tendencias del Mercado del Arte ha tenido la oportunidad de conversar. Los padres del príncipe Nicolás (en ruso, Nikolai Romanovich), junto con otros miembros de la Familia Imperial Rusa, incluida la emperatriz viuda Maria Feodorovna, esposa de Alejandro III y madre del último zar, Nicolás II, abandonaron Rusia a bordo del buque real HMS Marlborough en 1919. Nicolás Romanov nació en el exilio en Antibes, en 1922, cuando sus abuelos y sus padres se exiliaron a la Costa Azul. Creció con el sueño de que algún día podría volver a Rusia, y fue preparado para ello, educado en ruso y en francés, las lenguas de la Corte Imperial Rusa. Pero su primera visita a San Petersburgo, ciudad que amaba y conocía como su hubiera vivido en ella, fue en 1992, cuando tenía 70 años. Casado con una condesa italiana, ha vivido también en Italia, y en la actualidad reside en Suiza. Su gran pasión es la historia de su país. El príncipe ruso ha estado en el Hôtel des Ventes, casa de subastas ginebrina, con motivo de la licitación de objetos de la familia imperial rusa y nos ha descubierto cuáles eran sus objetos preferidos y las personalidades históricas de su familia que han sido más fascinantes para él, algunas de las cuales ha recordado con claro entusiasmo.

Príncipe Romanov, de los objetos que ha subastado, ¿cuáles han tenido un significado especial para usted?
Hay objetos curiosos que han pertenecido a mi familia, pero las fotos y la colección de retratos para mí son banales porque los he visto desde niño. Lo que curiosamente sí he apreciado desde siempre es un libro religado, maravillosamente editado, que ha sido de la familia toda la vida; habla de la tradición, la historia, el Estado, el servicio… y está tan bien presentado, es tan decorativo, que es la única cosa que realmente me ha interesado; el resto de cosas no tienen ningún encanto especial para mí.

¿Quiénes han sido las personalidades históricas de su familia especialmente fascinantes para usted?
Nuestra familia ha tenido muchos personajes importantes por nuestra relación con el zar; uno de los que me parecen más interesantes es Nicolás Mijailovitch, Gran Duque de Rusia, muy inteligente [hemos subastado sus libros de retratos rusos, en 7 volúmenes]. Fue un intelectual, gran conocedor de la Academia Francesa, muy agradable, contestatario e idealista, tanto, que le llamaban “Nicolas Egalité”; tuvo una inteligencia excepcional y un gran valor. Otro personaje fue el Gran Duque Constantin, un hombre excepcional. Otro fue Alexander II, el único que trató de liberar a los campesinos, y las consecuencias las pagó más tarde; consiguió la liberación de los campesinos y de la tierra; entonces los campesinos no eran propiamente esclavos, sino gente que trabajaba la tierra pero en régimen de servidumbre: cuando se vendían las tierras estaban incluidas las familias que las trabajaban, de modo que no eran libres, no podían dejar la tierra. Gracias a él consiguieron el derecho de marchar. Naturalmente, todos los terratenientes estaban en contra. Los otros personajes de la familia fueron absolutamente nulos. Catalina II la Grande también fue un personaje excepcional, pero nos queda demasiado lejos.

Los Romanov han sido legendarios mecenas de arte. ¿Es usted también coleccionista?
Sí he coleccionado algunos objetos, pero nunca he tenido la costumbre de acumular cosas. Por ejemplo, lo que le decía antes de los libros: me interesan libros sobre la historia de la familia; si encuentro un libro sobre el príncipe Gabriel Constantinovich, que vivió en Montecarlo, que iba al Casino… pues yo hago resúmenes y los colecciono.

De la colección de la familia Romanov, ¿cuál cree que es la pieza de más valor histórico?
Entre los objetos que salían a pujas, destacaban dos importantes cartas autógrafas, firmadas “Nicki”, del zar Nicolás II (1868-1918) dirigidas a su tío, el Gran Duque Nicolás Nicolaievich, Comandante Supremo de los Ejércitos Imperiales al inicio de la Primera Guerra Mundial. La carta está fechada el 2 de marzo de 1916 y situada en el palacio Tsarskoe Selo, residencia de la familia imperial rusa en San Petersburgo, y Nicolás II felicita a su tío por la victoria de sus ejércitos sobre los turcos tomando Erzurum, punto estratégico de control en el Cáucaso. Otra carta autógrafa, también firmada “Nicki”, del zar Nicolás II y también dirigida a su tío, escrita desde la Stavka (Cuartel General de la armada con sede en Maguilov), en plena Primera Guerra Mundial. Nicolás II se posiciona como Generalísimo de los ejércitos rusos. Esta carta posee un interés histórico importante: demuestra hasta qué punto el zar estuvo involucrado en esta guerra junto a los aliados -aunque la historia lo presenta como un emperador principalmente preocupado por la esfera familiar- y hasta qué punto es consciente de la debilidad de su ejército: por un lado, la falta de medios eficaces de comunicación para mover tropas armadas en el interior del país y llevar refuerzos allá donde fuera necesario “demora mucho [sus] planes de acción militar”; también reconoce la falta de munición: “un detalle pesa sobre mi alma como un fardo: el problema de la gran falta de obuses para la artillería pesada. Como el año pasado, tú y yo hemos sido oprimidos por la falta de municiones para fusiles y la falta de obuses para los cañones. Una vez más, nos exponemos a la misma amenaza para las municiones de gran calibre”. Además de estas valiosas epístolas del último zar de Rusia –por las que se pagaron más de 100.000 euros-, se ofrecieron objetos, fotografías y libros.

Marga Perera
Fotos: Cortesía Hôtel des Ventes. Ginebra