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Inicio » Mercado » Bill Viola, el ‘Rembrandt’ del videoarte

Bill Viola (Nueva York, 1951) comenzó a experimentar con el videoarte a principios de la década de 1970, a raíz de su participación en el programa de Estudios Experimentales de la Universidad de Siracusa (Nueva York), dirigido por su profesor, Jack Nelson. Allí conoció a David Ross (comisario de videoarte) y trabajó como asistente de iconos del Media Art como los artistas Peter Campus y Nam June Paik en el Everson Museum of Art. Interesado en el misticismo, la poesía y las filosofías, tanto de Oriente como de Occidente, Viola aprovechó las posibilidades técnicas del vídeo para indagar acerca de la condición humana, el nacimiento y la muerte, o los procesos de cambio, renacimiento y transfiguración, temas destacados en su producción.
La exposición Bill Viola: Retrospectiva que acoge el Museo Guggenheim Bilbao hasta el 9 de noviembre, patrocinada por Iberdrola, ofrece una completa visión del trabajo de este pionero. El recorrido se inicia con sus primeras experiencias con el vídeo e incluye tempranas cintas monocanal como Cuatro canciones (Four Songs, 1976) y El estanque reflectante (The Reflecting Pool, 1977–79) en las que su contenido poético aborda ya cuestiones tan importantes como la noción del tiempo y su deconstrucción, el significado de nuestra existencia y lugar en el mundo.
En las obras de la década de 1980, cuando Kira Perov (su esposa y colaboradora desde entonces) comienza a trabajar con el artista, se centra en reunir imágenes que se emplearán en piezas para ser transmitidas por televisión. Esta etapa también sirve de transición hacia las instalaciones de los 90, que ocupan salas enteras y sumergen al observador en la imagen y el sonido. Con la llegada del nuevo milenio y las pantallas planas de gran definición, comienza a producir piezas de pequeño y mediano formato en una serie que tituló Las Pasiones, un estudio en torno a las emociones a cámara lenta, como La habitación de Catalina (Catherine’s Room) inspirada en la predela que el pintor sienés del siglo XV Andrea di Bartolo Cini dedica a la figura de Santa Catalina de Siena en oración. A estas obras íntimas le siguen instalaciones monumentales como Avanzando cada día (Going Forth By Day, 2002), creada por encargo del Deutsche Guggenheim de Berlín. Esta es su producción más ambiciosa hasta la fecha, para la que necesitó contar con colaboradores profesionales: un director de fotografía, productores, especialistas en efectos especiales, iluminadores, directores artísticos, estilistas, especialistas para escenas peligrosas, ingenieros de sonido, montadores y numerosos extras. Durante la última década y empleando diversos medios y formatos, Viola ha seguido mostrando lo fundamental de la experiencia de la vida, algo que ilustra, de manera elocuente, su empleo del agua en obras como Los soñadores (The Dreamers, 2013), en las que, en siete pantallas verticales, recrea a una persona sumergida en el lecho de un río, con los ojos cerrados y en aparente paz. [Foto © Bill Viola. Foto: Kira Perov]

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