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Inicio » Reportaje » Gala, la musa cósmica y terrenal

“Llamo a mi esposa: Gala, Galuchka, Gradiva, Oliva (por el óvalo de su rostro y el color de su piel); Oliveta, diminutivo catalán de oliva (aceituna). También Lionette, porque ruge, cuando se enoja, como el león de la Metro-Goldwyn-Mayer; también Noisette Poilue-Avellana Vellosa (a causa del finísimo vello que cubre la avellana de sus mejillas); y “campana de piel” (porque lee para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura, produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual aprendo todas las cosas que, sin ella, no llegaría a saber nunca”. Con esta retahíla de amorosos apelativos describía Dalí a quien fuera su esposa y musa. Estos días su figura cobra protagonismo gracias a la esperada exposición que le dedica el MNAC en la que se reconstruye su compleja y fascinante personalidad. También coincide con el lanzamiento de La intrusa. Retrato íntimo de Gala Dalí (Galaxia Gutenberg), en el que Monika Zgustova saca a la luz aspectos hasta ahora ignorados o poco conocidos de la vida de Elena Ivanovna Diákonova. [Gala con el sombrero-zapato de Elsa Schiaparelli inspirado en un diseño de Salvador Dalí, 1938.
 André Caillet. París. Derechos de imagen de Gala y Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2018]

Gala