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Inicio » Archivo » Gilbert & George: “Intentamos estar lejos del arte para no contaminarnos”

Juntos desde hace más de cuarenta años, Gilbert Proesch (Dolomitas, Italia, 1943) y George Passmore (Devon, Reino Unido, 1942), la pareja artística más original y famosa del mundo, se conocieron en la escuela de diseño y escultura Saint Martin’s School of Art, en Londres, en 1967. Han venido a Madrid para la inauguración de su exposición dedicada a las postales, en IvoryPress Art + Books Space. La muestra se llama Urethra Postcard Pictures, un proyecto sobre tarjetas postales que han realizado cuatro décadas después de su primera exposición de postales. Se trata del mayor conjunto de los artistas expuesto hasta el momento con siete grupos individuales de nuevas tarjetas.
Cuando llegamos a la galería, muchos de sus cuadros están aún por colgar, y los carteles con sus nombres en inmensas letras, aún por pegar a la pared. Gilbert & George andan de un lado para otro. Lo miran todo. Lo deciden todo. Ultiman los detalles del montaje. Mandan cambiar la altura de las letras y discuten el precio de los carteles que han firmado para que la gente se pueda llevar bajo el brazo una de sus obras.
Un rectángulo de postales con otra en el centro, reinterpreta el símbolo sexual de la uretra utilizado por el que fuera teósofo C. W. Leadbetter (1853-1934). Para la exposición, han seleccionado 76 postales con tres temas, las diseñadas para turistas, las que se encuentran en las cabinas telefónicas inglesas con referentes sexuales y las que ofrecen un anuncio. Sus temas son lo marginal, lo proscrito, lo que incomoda, la prostitución o las enfermedades de transmisión sexual.

¿Qué significa para ustedes ser un outsider?
Ser libre. Hacer lo que quieras. Es muy importante, si eres un insider te comprometes inmediatamente. Tienes que ser simpático con la gente, con tus amigos. Pero si eres un outsider no tienes por qué. Pueden decirnos lo que quieran y ya está. No nos afecta. ¡Es mucho mejor!.

¿Cuándo empezaron a trabajar juntos como pareja artística?
Al final del curso en Saint Martin’s, hicimos una exposición conjunta que se llamó Three works, three words. Pero realmente empezamos a trabajar juntos al terminar la escuela.
Nos habíamos conocido en un curso privado de escultura, en un programa extra oficial.
La mayoría de los alumnos de St Martin’s se concentraban en sus futuras carreras. Querían ser artistas. Pero nosotros no pensábamos lo mismo, sentíamos que ya lo éramos. No necesitábamos encontrar un trabajo a media jornada o una beca. En ese sentido, no éramos los típicos alumnos modelos. La mala suerte trae luego la buena, así pensábamos y así lo seguimos haciendo. Cuando las cosas van mal es porque acabarán por ir bien. Así ha sido nuestra experiencia y ha funcionado. No teníamos dinero. Los demás estudiantes estaban preocupados por conseguirlo, nosotros no. Sin dinero, lo único que teníamos era a nosotros mismos, y, por eso, lo que hicimos fue convertirnos en nuestro propio arte. Seguíamos queriendo ser escultores, y nos convertimos en nuestra propia escultura. Fue una escultura muy humana, con sentimientos, emociones, lo que no tienen las esculturas de piedra.

¿Cómo es su rutina diaria de trabajo?
Nuestros días en Londres están muy organizados. Nos levantamos a las 5.30, leemos el periódico a las 6.30 y desayunamos en la misma cafetería de siempre. A las 7.30 empezamos a trabajar. Nuestro trabajo se divide en tres casos. Si creamos las obras, trabajamos de 7.30 hasta las 5 de la tarde. Si cogemos nuevas imágenes para hacer los cuadros, entonces es diferente, hay que ser más espontáneo y creativo, tienes que estar en un estado diferente. El tercer supuesto es cuando dibujamos y planeamos la composición. Buscamos las imágenes, las componemos y las plasmamos. Hasta que sacamos las imágenes al mundo, sin que nadie las haya visto antes. Así es como nos sentimos más libres.

Y, si viajan al extranjero…
No viajamos tanto. De hecho, no es lo que más nos gusta. Solo lo hacemos al exponer. Estar allí desde el principio para hacer campaña, instalar las obras de la forma que más nos gusta y asistir al montaje. Lo que pretendemos es hacer arte para todos, que cualquier persona tenga la oportunidad de venir a verlo. Por eso nos gusta anunciarlo en los diferentes medios y que la gente del lugar se entere. No somos de los que se quedan escondidos y esperan a que las cosas ocurran.

Cuando viajan, ¿toman fotos, notas…?
No. El viaje no nos inspira lo más mínimo.

Cuando empezaron a crear, ¿se fijaron en la obra de algún otro artista?
Muchos artistas ingleses se han convertido en su propio arte. Es como si le dice a cualquier persona por la calle “Charles Dickens”, aunque nunca haya leído uno de sus libros, algo aparece en su mente. “Vincent Van Gogh”, igual, una imagen se crea. Muchos artistas se han convertido en el tema de sus propias creaciones. Al final, lo que a nosotros nos inspira es pasearnos por las calles de Londres. De hecho, ¡intentamos estar lejos del arte en general! Nunca vamos a exposiciones, por ejemplo, no queremos “contaminarnos”. Lo mismo con películas, conciertos, música…, no queremos oír nada, ver nada, que pueda modificar o influenciar nuestras ideas. ¡No tenemos música en casa desde hace treinta años! De hecho, pensamos que la música es una verdadera enfermedad hoy en día. Te ponen música en todos los lugares.
Cuando estuvimos en Nueva York, la semana pasada, nos quedamos impresionados por el ruido de esa ciudad. Imagínese al revés. 500 personas en un concierto. Silencio absoluto, las luces se apagan, empieza la orquesta y, de repente, la gente se pone a comer. ¿A qué eso sería impensable? ¡Una locura!. Pero eso es lo que está ocurriendo. La música tiene el poder de transportarte a otro mundo. Nosotros no queremos eso sino estar en nuestra realidad.

Su obra busca la reacción de la gente, desconcertar. ¿Es fácil seguir provocando hoy en día en un mundo donde todo parece permitido?
¡Es muy fácil!. Solo con las palabras “religión”, “descriminalización del sexo”. En todo el mundo, incluso en Europa, el sexo es un crimen. En África, se ahorca a la gente, en Japón, en Rusia, en Polonia… no somos libres. Es como el ir bien vestido, en Londres, ya es motivo para que te ataquen. ¡Increíble!. Es sinónimo de homosexual.

¿Para sobrevivir en el mundo del arte es necesario provocar?
No, es necesario hacer lo que a uno le apetezca. Nosotros estamos muy concentrados en lo que queremos hacer. Y al estar tan solos no tenemos que justificarnos, ni justificar nuestro arte ante nadie. Ni siquiera a las galerías. No enseñamos nada hasta que todo esté totalmente concluido. Lo toman o lo dejan. Cuando está colgado en la pared y ya no hay más remedio, entonces es cuando pueden emitir sus opiniones. Diseñamos las instalaciones, los catálogos, los grandes libros, las exposiciones, las investigaciones. Y también supervisamos los precios para que sean accesibles a todo el mundo. Sino el precio sería mucho más alto.

Entonces, ¿no les preocupan sus cotizaciones en el mercado?
No. Nunca nos han interesado.

¿Y si las obras salen a subasta?
Nuestra regla más importante es: no tener una opinión sobre algo que no podemos modificar. De esta forma tenemos mucha más energía para pensar en las cosas en las que sí podemos intervenir.
Ni siquiera queremos saber donde colocan nuestras obras los coleccionistas. Las pocas veces que hemos ido a verlo, hemos salido decepcionados.

¿Cuál fue su primera experiencia memorable con el arte?
Gilbert: En mi caso, fue muy temprana. Mi tío era pintor. Y desde pequeño he estado en contacto con el arte.
George: Para mí fue a través de las cartas de Van Gogh. Me dí cuenta de que para ser artista no había por qué hacer las cosas bien. Van Gogh lo hizo todo al revés y se convirtió en un gran artista. Sus vecinos no le querían, y la iglesia tampoco.

Si no hubieran sido artistas ¿qué les hubiera gustado ser?
Gilbert: George probablemente un vicario.
George: No. Hubiera preferido ser un plantador de té. Tendría una casa bonita. Como tienen en la India. En medio del campo. Y trabajaría en silencio recolectando las hojas.
Gilbert: Yo dudaba, de pequeño, entre el arte y la música. El cura de mi pueblo quería que fuera organista. ¡Llegué incluso a cantar en la coral!.

Háblennos del barrio en el que viven en Londres, Spilafields, desde hace cuarenta años, y en el que también se han instalado algunos de los YBA (Young British Artists)…
¡Es un barrio extraordinario! La pena es que ya nos están rodeando otros artistas pero nosotros no nos socializamos. Solo decimos ‘buenos días’. La regla es no ir nunca a la casa de otra persona. Si hablas con alguien, que sea siempre en un restaurante, nunca en tu casa. Te resta intimidad y libertad. Es peligroso.
El barrio es multicultural, el mundo entero está allí. Tenemos amigos que viven en otro distrito de Londres cuando vas a visitarles parece que vuelves al pasado. No ha cambiado nada. La misma viejecita regando las flores, los árboles están igual, la señora con su perro… ¡Nuestro barrio en cambio se transforma cada día!. Cada día hay un nuevo anuncio, una nueva voz. Esos cambios suelen ser por algo relacionado con el sexo, el dinero o la religión. Los franceses protestantes, los “hugonotes” acabaron en Spilafields, cuando expulsaron a los judíos de Rusia. Al final de nuestra calle había una iglesia francesa, que se convirtió en una sinagoga, y ahora es una mezquita. ¿Qué vendrá después?.

Empezaron a ser famosos con la exposición Underneath the artist. ¿Cambió de alguna forma su estilo de vida?
Esa exposición se celebró en los años 70. Y sí. Fue un cambio enorme. Nos demostró que nuestra teoría era cierta. Que se podía hacer arte, hablar con la gente, transmitirles nuestras propuestas, sin tener en cuenta los límites de la educación, la clase, la nacionalidad o la religión. Se podía crear una escultura, una imagen, un cuadro que fuera más allá de esos parámetros.
En aquella época, el arte era formalista. Minimalista. Líneas de texto. Colores. Nuestro arte, en cambio, es emocional. Por aquel entonces, los artistas, los espectadores en las galerías, se buscaban a sí mismos en las obras.
No creíamos en los tabúes. Como el que decía que demasiados colores era cursi, por ejemplo. Nosotros en 1974 hicimos un cerezo en flor, un árbol que tiene mucho significado en Japón. Representa la estación pero también significa el primer soldado que avanza primero y muere primero.

¿Han estado en Japón?
Sí, nos apasiona Japón. Estuvimos en 1974. Y regresamos fascinados.

Entonces los viajes tienen cierta influencia en su obra…
Sí [se ríen], no se lo queríamos admitir, pero sí, alguna tienen… La mayor influencia que hemos tenido viajando fue cuando expusimos en Australia en 1973. En Sidney y luego en Melbourne. Logramos un éxito enorme y el patrocinador del show estaba tan contento, tan feliz, que nos propuso invitarnos a unas vacaciones. Nos quedamos una semana en un hotel de Bangkok.
Allí descubrimos que lo que está mal visto en unos lugares es muy importante en otros. En Bangkok, la gente te anima a hacer el amor. En Londres, hay que convencer al taxista para que te lleve a un lugar donde se pueda hacer el amor. Existía una libertad sexual absoluta en aquella época en los países asiáticos.

Siempre han sido asiduos de los anticuarios. Grandes compradores de cuadros, de objetos, de libros hasta formar una verdadera colección. ¿Cuáles son las curiosidades de su colección?
¡Ya no vamos tanto a los anticuarios!. Tenemos una colección muy grande, de cuadros del siglo XIX, objetos de arte, jarrones… los adquirimos cuando nadie los buscaba. Por eso tuvimos donde elegir y ahora poseemos piezas muy valiosas, objetos de Christopher Dresser, por ejemplo, mesas, sillas, libros de esa época. Nos gusta adquirir cosas que están descuidadas, que nadie quiere. Así, tenemos la sensación de que contribuimos en algo. ¡Coleccionar nos relaja!. Con todas las obras hemos creado una fundación, en nuestro estudio, que podrá visitarse cuando ya no estemos aquí.

Amor a primera vista
George nació en Plymouth en 1942, y Gilbert, un año después, en un pueblo al norte de Venecia. Ninguno procede de hogares privilegiados. La madre de Gilbert era cocinera y su padre, zapatero, y aunque tiene hermanos que aún viven en Italia, no echa de menos especialmente su país natal. La madre de George entró a trabajar en el servicio doméstico cuando éste tenía 12 años, y la educación de sus hijos fue desde siempre su gran preocupación. George vio a su padre una única vez en su vida, cuando tenía 21 años, durante media hora, en un bar. De los dos, fue George quien primero tuvo claro que sería artista, dejó la escuela a los 15 años y se empleó en una tienda, aunque por la noche asistía a clases de arte en Dartington Hall. Cinco años más tarde, su tutor, le recomendó: “Debería estudiar arte. Yo se lo organizaré”. Y eso fue lo que pasó. Se matriculó en el St Martin’s College of Art de Londres, donde conoció a Gilbert quien, después de haber empezado tallando madera, ahora estaba, igual que George, en el curso avanzado de Escultura.
Les gusta bromear diciendo que fue “amor a primera vista”. Detalles de su vida han sido recogidos en libros de varios autores, siendo el más reconocido el de Daniel Farson. George estuvo casado y tiene dos hijos, de quienes se separó al poco de conocer a Gilbert, y aunque nunca se definen como “gay” –término que les disgusta- reconocen con naturalidad que son pareja sentimental.

¿Vida social? No, gracias
“Cuando exponemos somos tremendamente sociables, pero si no, somos las personas más solitarias que conocemos –explican- Nuestro día a día es de lo más simple. No hacemos la compra, no cocinamos… No queremos ocupar nuestra cabeza con asuntos domésticos, ni pensando en otras personas. Cuando conoces a otros artistas, te cuentan historias que, en realidad, no quieres saber. Es más, cuando vamos a un restaurante y la camarera me pide que elija entre diferentes platos, eso ya me perturba y siempre le contesto: ‘el que usted prefiera’. No queremos pensar, ni tener que comparar cinco cervezas diferentes, por ejemplo.”

Jacinta Cremades

Gilbert