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Inicio » Archivo » José Manuel Ballester. Cuando la luz es magia

En una nave industrial, habilitada con su obra monumental, plantas tropicales, objetos con historia, colecciones, máscaras, música, José Manuel Ballester (Madrid, 1960), ganador del último Premio Nacional de Fotografía, trabaja sin descanso. Es difícil hacer una selección de lo que allí encontramos. Cada instrumento reposa en su sitio, cada objeto tiene su lugar, su cajón con etiquetas que separan pinceles, colores, resinas, cartones y telas. En una mesa, dos ordenadores con los que Ballester trabaja a diario y en un rincón, algo escondido tras los cuadros monumentales, un viejo piano de media cola. La carrera artística de Ballester se inició en la pintura con especial interés por la técnica de las escuelas italiana y flamenca de los siglos XV y XVIII. A partir de 1990, se centró en la fotografía arquitectónica. De entre sus numerosas exposiciones destacan Lugares de paso (Valencia, 2003), Setting out (Nueva York, 2003) o Habitación 523 (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2005).

¿Qué hace usted antes de ponerse a trabajar?
La pregunta sería si salgo en algún momento del trabajo. Siempre estoy con proyectos. Creo que soy bastante disciplinado. Aunque trabajo con varios proyectos en paralelo, la doble vida que llevo de pintor y fotógrafo me ha hecho atento con los ritmos de trabajo. Yo trabajo por proyectos. Una cosa es la tendencia que tú tienes y otra lo que por circunstancias te vas encontrando por el camino. De la suma de estos dos aspectos surgen las ideas. Unas veces son ideas que exigen muchos capítulos, mucho esfuerzo, mucho trabajo y un orden muy bien organizado y otras veces es más rápido. Por ejemplo, en los trabajos fotográficos dependes mucho de autorizaciones, de permisos, de organizar un plan. Dependes de terceros. El trabajo pictórico es más individualista, te exige encerrarte en tu mundo sin casi necesidad del exterior. Las dos actividades son muy diferentes pero para mí muy complementarias. Eso en cuanto al proceso. No creo en la espontaneidad.

¿Cuál es su relación con las demás artes?
La música me acompaña siempre. Mi padre era profesor de música. Me hubiese gustado dedicarme más. Aunque toqué muchos años el piano, no supe llevar los dos mundos a la vez y tuve que sacrificar la música por las artes plásticas. Estoy muy vinculado a la música, me interesa y me rodeo de un ambiente musical para trabajar.

Usted se mueve dentro de un nuevo “picturalismo”. ¿Puede hablarnos de esos elementos que aparecen en sus fotografías como la perspectiva, el punto de fuga, el punto de vista, que vienen de la pintura?.
Yo hablo de neopicturalismo que proviene sin duda del picturalismo, el movimiento de un grupo de fotógrafos pioneros que querían equiparar su obra a un trabajo artístico de pintor. Las demás artes, en un principio, no reconocían la fotografía como un arte. Esa rivalidad duró un tiempo. Hubo una obsesión por parte de los fotógrafos de utilizar aspectos, atributos que eran de la pintura, como Edward Steichen. También se les llamo pintorealistas. Ahora, el picturalismo que se está produciendo es diferente. La fotografía se hizo independiente, vino de la mano de las nuevas tecnologías, de la incorporación de materiales nuevos, u otros que se usaban para uso artístico como los siliconados, los metacrilatos, papeles de gran formato o telas. Con el tiempo, llega la fotografía digital y se dispara un nuevo mundo, un nuevo continente visual, photoshop y todo el programa de retoque fotográfico. Estos programas abren la posibilidad de intervenir sobre la obra, como un pintor y un artista.
Estos últimos años, ha habido una saturación de la fotografía ortodoxa y, lo curioso, es que esa evolución nos ha acercado al mundo de la plástica, en los resultados y en el aspecto. Hay antecedentes, claro, uno de ellos fue Darío Villalba, pero no es el único. De empezar en casos aislados, ha pasado a ser casi una escuela. La fotografía está ahora más próxima a las características de la pintura. Y eso, de alguna forma, revitaliza también el carácter de la plástica que vuelve a estar presente en el escenario de las artes. Ha habido momentos en los que se la daba por muerta. Incluso la fotografía corre el riesgo de desaparecer con la llegada de la realidad virtual, el 3D, que se aplica al cine y a la fotografía.

¿Qué le hace elegir una técnica u otra?
Una vez que tengo una idea, busco el método más eficaz y apropiado para ello. Si tengo que hacer un paisaje urbano, consigo con la fotografía un resultado inmediato. Para los temas imaginativos, la pintura es más apropiada. A veces utilizo los dos y se contagian mutuamente. Mis cuadros son bastante fotográficos. Busco ese punto intermedio, experimento con los nuevos programas, busco nuevas soluciones, nuevos retos. Las últimas fotográficas son muy pictóricas hasta el punto de no saber si es pintura o fotografía.

En su obra la luz juega un punto importante, diría que primordial. Háblenos de su significado.
Me interesa el enfrentamiento entre la luz artificial y la luz natural. Jugar con la temperatura del color. La luz que se impone, la gran luz que lo baña todo y luego esos pequeños detalles de luz artificial, como se aproxima o se diferencia de la luz del día. La luz natural me interesa reflejada, no la directa del sol. Me gusta que las nubes hagan de paraguas, de protector, de filtro. Los antiguos lo tenían muy claro. De hecho, los estudios de artistas suelen estar orientados al norte. La luz es más estable, cambia sutilmente. La luz húmeda, después de la lluvia, el baño de luz de un atardecer, es la que busco. A veces, me quedo en un sitio para poder fotografiarlo a diferentes horas del día. El ordenador te permite manipular la luz, también. La luz representa lo extraterreno, lo mágico, lo que está por encima nuestro. Por eso, siempre he utilizado temas religiosos, la luz cegadora.

¿Y el tamaño en la fotografía, es tan importante?
El tamaño tiene que estar en armonía con el tema, con lo que quieres comunicar. Es fundamental. Los temas pequeños son como cápsulas donde se concentran aspectos más de intimidad, más líricos, más frágiles. Y los grandes hacen referencia a lo colectivo, a lo social, aspectos más relacionados con tu postura dentro de un colectivo. Esos monumentos grandiosos, fruto del sacrificio y de la unión de mucha gente. Por supuesto que esa relación tiene que venir reflejada en los tamaños.

Sus trabajos se han centrado en temas muy diferentes, me estoy refiriendo a sus estudios sobre China por un lado y, por otro a su trabajo del museo del Prado Espacios ocultos en donde está claro que conecta las dos artes, la fotografía y la pintura. Pero en los dos trabajos, por muy diferentes que sean, existe un tema en común, la desaparición del hombre. ¿A qué se debe?
El hombre está presente a través de las huellas que deja. Mis primeros trabajos eran estudios de figuras, uno de ellos se tituló, Hombre tumbado. Ese hombre aletargado, dormido, ausente, joven adolescente con toda su fortaleza, estaba dormido. Así yo veía el arte, y al hombre también. Veía más claro trabajar a través de los reflejos, de las huellas que ese hombre iba dejando. A partir de allí abandoné la figura y me centré en esas huellas, en el escenario arquitectónico, el gran escenario que es el mundo como un teatro. Cada escenario se ajusta a una forma de entender la vida, cada cultura genera un escenario. La forma de entender del espectador también varía. Puede entender un espacio vacío como un espacio desolador o como un espacio vacío atractivo. La luz puede resultarle atractiva o desoladora. La imagen que represento puede producirle los mismos efectos. El espectador es el receptor de un mensaje que él procesa con sus sensaciones. La obra no nace en el estudio sino cuando es contemplada. Si la guardas en un almacén, no se produce ese efecto, ese fenómeno de comunicación, esa magia. La soledad, el vacío, me ha interesado siempre mucho. El poema Once de Lao Tse del Tao de Chin, habla de la relación entre la forma y el vacío, como son necesarios y complementarios, no opuestos.
¿Qué representa el individuo en una sociedad masificada, una red de redes en la que estamos todos interactuando? ¿Qué papel tiene el individuo como tal? Eso es lo que me interesa poner de relieve en mi trabajo. El tiempo existe cuando hay acción. Si no, parece que deja de existir. Por eso está el tiempo psicológico, como se nos puede hacer eterno o pasar rápido.
Nosotros lo valoramos y tratamos de forma muy elástica. En estos escenarios míos en reposo, en donde el tiempo se queda almacenado, la luz me sugiere reflexionar sobre la vida, como morimos y renacemos, como todo aparece y desaparece. Como acumulamos el recuerdo. Como puede ser todo tan relativo y elástico, dependiendo de cada uno. Mi trabajo no da soluciones, entre otras cosas porque yo nos las tengo.

¿Qué espacios le despiertan su inspiración?
Me valen muchos espacios vulgares, no tienen porqué ser de grandes arquitectos. A veces coinciden pero no es lo que busco. También me gustan los lugares de paso, que no tienen firma de arquitecto y que con ciertos ingredientes, se convierten en especial para mí. Me interesa mucho lo fronterizo. La relación entre lo público y lo privado. Los hoteles, por ejemplo.
Son espacios para uso público pero se privatizan. En el momento en el que uno entra en su habitación se transforma en un espacio privado. En el momento en el que cuelgas la ropa en tu armario, te impones sobre el espacio. Cuando dejas la habitación, se acaba. Es psicológico.

¿Hay una búsqueda de la pureza en la creación de espacios y estructuras?
Más bien, una búsqueda de belleza, que surge de muchas formas y se esconde en muchos sitios distintos. El arte persigue la belleza y es el resultado de aquello que resulta útil y funciona.
Yo extendería el arte a toda actividad humana, es un atributo del ser humano y el arte de hacer bien las cosas no es un don que solo tengamos los artistas. Toda actividad humana bien hecha es un arte. Se baña de belleza y de armonía. Todo puede ser arte.

Después de sus viajes a Asia ¿Se siente usted más cercano a Oriente?
Yo creo que Europa tiene unos cimientos muy conectados con la filosofía oriental y su estética. Lo único que en esa relación son como dos amigos que a veces se pelean, otras se dan la espalda. Hay ciclos en la historia del arte y de nuestra civilización en la que hemos estado más unidos. En este país han convivido tres culturas, tres religiones, durante muchos años, por ejemplo. Luego ha habido una especie de ruptura, de aislamiento. La cultura española ha sido un crisol donde se contemplaban formas de entender la vida diferentes y eso es un enriquecimiento.
La cultura europea ha pasado por esos ciclos. El romanticismo, los orientalistas, que veían el exotismo de los países orientales, como un viaje iniciático en donde encontrabas tus orígenes, la necesidad de aproximarte y de ver que no era tan distinto. Yo no he renunciado a esa posibilidad de buscar conexiones. Una cultura cerrada no existe y si existe acaba desapareciendo.
La conexión, el enfrentamiento, es necesario para evolucionar.

¿Se considera un hombre sociable?
No. Me siento muy a gusto en solitario. Viajo solo. Al principio me sorprendía, pero igual que cuando me toca relacionarme lo hago, tengo la tendencia a aislarme, recogerme y trabajar en solitario. Los principales enfrentamientos vienen del temor al otro, del miedo. Y eso es lo que más daño hace.

CHINA
China es un laboratorio en donde están pasando muchas cosas. Aunque sea una dictadura, un sistema que viola los derechos humanos, Occidente es cómplice de ese sistema. De hecho, China ha crecido por la codicia occidental, la gran inversión de capital extranjero que ha ido allí a aprovecharse de esas circunstancias. Quienes han violado los derechos humanos han sido las empresas multinacionales que se han aprovechado de esa situación. En China se encuentra la mano de obra barata, un ejército de personas disponibles y dispuestas, al servicio de un capital extranjero. ¿Hasta que punto somos conscientes de ello? ¿Sabemos en Occidente lo que ha pasado en China? O en cualquier país en fase de desarrollo, como Brasil. El dinero ha ido allí donde el beneficio era mayor, sin escrúpulo. Ajustándose a las normas locales. Lo que aquí es intolerable, se hace allí con nuestro dinero. La globalización no se puede admitir de esa manera. ¿No deberían ser los derechos humanos los mismos en todas partes? Es un país que ha sufrido unas transformaciones descomunales estos últimos años. Los movimientos migratorios han supuesto la llegada de miles de campesinos a las grandes ciudades. Mil trescientos millones de habitantes tiene China, ¿cómo se maneja eso? Gente que vivía en el campo, con una estructura medieval, sin luz, sin agua corriente, ha pasado a vivir en un piso, aunque sean colmenas de edificios, donde tienen agua corriente y luz. Ese señor no puede tener criterio de urbanismo. Para él supone un salto de 300 años. Eso es China. Su reto ahora es equilibrar el interior para evitar que se sigan saturando las ciudades. ¿Qué China acabe siendo una democracia? No lo sé. Lo quiere Occidente, pero no el mercado. El país ha utilizado las tres grandes ciudades, Hong Kong, Shanghai y Beijing para hacerse un hueco en el mundo y demostrar su grandeza, con carácter faraónico.”
Ballester relata cómo surgió su primer viaje al país asiático: “Un ciudadano chino vio mi trabajo y me dijo que tenía que ir a China. Fui por curiosidad. Llegué y a partir de allí me hice un programa de viajes. He hecho ocho viajes en los que suelo estar un mes. Parto de Beijing, es la ciudad que más me interesa y, desde allí, organizo mi plan de ruta, hacía el norte, hacia el sur, depende. Suelo ir solo aunque allí tengo ya amigos, y traductores. Es un país en que el idioma es un obstáculo muy fuerte. El chino es hospitalario pero no cede su patrimonio al primero que llega. Tiene esos dos extremos. Allí es muy fácil comprar pero no vender. Las empresas extranjeras están teniendo este problema. Creyeron que podían producir allí barato y vender a millones de chinos. Y ellos no quieren comprar a empresas extranjeras. El chino ha aprendido a fabricar coches, por ejemplo, y ahora ya no dependen de Ford. Ahora, su gran revolución es apostar por la calidad. China preolímpica y El sueño chino fue el tema de mi primera exposición, los anuncios, el modelo del nuevo ciudadano chino, muy occidentalizado pero ajustándose a su esquema. Eso era el sueño chino y relacionado con el preolímpico, los preparativos de las olimpiadas. Con todo lo que supuso que China dijese al mundo que ahí estaba. Ahora está en el G2, ya no es G20, muchas discusiones ya se hacen entre Estados Unidos y China directamente”.

De Brasil al convento de clausura
“Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto, que nos propuso a Juan Manuel Bonet y a mí mi galería de Brasil, Dan – detalla el artista- Hicimos un primer viaje y la idea era retratar Sao Paulo y el comienzo de la modernidad de un punto de vista arquitectónico, desde 1928, momento en el que se construye la primera casa moderna, hasta nuestros días. Como se asentaba y se integraba ese movimiento en Brasil. Como las ideas de Le Corbusier allí coge su propio carácter. Hicimos tres viajes durante tres años. Hubo un viaje literario, en el que Bonet estableció un guión. él conoce bien la cultura brasileña. El resultado fue una exposición en la pinacoteca de Sao Paulo, que se tituló Fervor de Metrópoli y allí se resumió el primer capítulo. También hemos hecho Río de Janeiro y Brasilia. Son capítulos en marcha. Sigo con Espacios ocultos. Hice una presentación en Madrid en 2008 del primer capítulo. Ahora voy a representar la pintura española. También un grabado chino del siglo XVI de unos ocho metros en los que se representa como se desarrolla la cultura china y lo presento sin personajes.
Mi tercer proyecto será para el Esteban Vicente y se llama Al otro lado del mundo. Es una referencia a lo visible y lo oculto. Hice una serie sobre el Teatro Real, todo lo que hace posible que aquel mundo de fantasía funcione. Y ahora querría registrar con la cámara fotográfica ciertos conventos de clausura. Este proyecto lo acabo de empezar. Es un reto también para mí, a ver si soy capaz de ver y transmitir lo que hay allí dentro”.

Jacinta Cremades

Jose Manuel Ballester