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Inicio » Entrevista » José María Sicilia, polvo de estrellas

José María Sicilia (Madrid, 1954) es un referente de la pintura española de los años ochenta. Después de estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, se instaló en París donde coincidió con Miquel Barceló y Miguel Ángel Campano. La Galería Joan Prats de Barcelona acoge la séptima individual del creador madrileño en su espacio mostrando su trabajo reciente con obras abstractas que incorporan tejidos y bordados, cuyas formas proceden de sonagramas. En estas obras, Sicilia presenta luz sobre luz, pliegue sobre pliegue, una idea que podría llegar hasta el infinito, la idea de Leibniz y del Barroco, que todo se pliega, se despliega y se repliega. Marga Perera

Algunas de las imágenes de sus pinturas son traducciones de sonidos Traducir es aproximarse a la realidad; el acto de traducir no “es al mismo tiempo que”, es un acto de escritura, de creación. Antes teníamos la lengua-labio, luego tuvimos Babel y la confusión de los nombres, la multiplicación de lenguas. La lengua-labio es una forma de silencio, es la lengua reconciliada con el tiempo. En 2008 empecé a trabajar con los sonidos y composiciones musicales de Olivier Messiaen, quien tradujo los cantos de los pájaros a partir de mediados de los 40. Una pieza importante para mí entonces fue el canto del mirlo negro, más tarde vendrían el catálogo de pájaros del mediados de los 50. En 2009 empecé a trabajar con los sonagramas, descubiertos durante la II Guerra Mundial, un método de estudios de sonidos más objetivo; de ahí, con Sven Nebel, pasamos a traducirlos en 3D. Desde el principio dimos la misma relevancia a los sonidos que a los silencios o pausas entre dos sonidos, es decir, se le dio forma al silencio; en las obras de 2011 los silencios tienen más peso que los sonidos. Desde el principio, los colores para las formas fueron asignados aleatoriamente.

También muestra su interés por la luz La luz es el “esto ha sido” el “yo fui aquí”, la muerte lisa. Viene de un interés por lo visible invisible, un animal, el primero, creo que decía Lezama Lima. Esta tensión que se instaura entre la visibilidad y una invisibilidad condenadas a la mirada y agrupadas de acuerdo con una nueva proximidad de la vida y la muerte. La luz es una guillotina, “¿pero qué ves? –nada”. La invisibilidad del instante es propia de la guillotina. La luz puedes pensarla como una puerta batiente o giratoria, un palíndromo, espejo de sí mismo, algo que acaba como empieza, es lo inmóvil en lo móvil, y eso quizás sea la eternidad.

¿Y cómo llegó al experimento de Young? En los años de las traducciones de los cantos de pájaros estaba atraído por el moaré, que, como sabe, es simplemente una superposición de dos retículas con un cierto grado de inclinación, aquí ya estamos hablando de rejillas. El experimento de Young es el origen de la física cuántica, podemos pensar que todo lo que surja en nuestro interior va a crear todo lo que surja en el mundo, que la realidad probablemente no sea más que una ilusión, y que es posible que nunca sepamos lo que hay fuera de nosotros; la pieza que está ahora en la exposición de la Fundación El Instante, Matrix, de Nam June Paik, habla de esto, al igual que un pintor realista que da un curso a sus alumnos les habla del modelo. Ver, ver más, ver siempre más, es una idea del Barroco. Muchas veces creemos que ver es una suma de conocimientos que derivan del ver, y sin embargo, lo revelador, lo interesante se produce en esa acumulación del ver; ese exceso es la fisura. En esa superposición de la luz sobre ella misma se produce el pliegue, que es otra idea de Barroco. En Japón, en el siglo XII, también se da el espejo de apariciones y desapariciones, el mundo flotante, nuestra vanitas. Para Leibniz el pliegue era el infinito, carne y alma, encarnación, una alianza imprecisa entre agua que fluye del cielo y de la tierra, en el pliegue hay espejamiento, destello, mancha, ceguera; el espejo es piel, es vestido de los sentidos.

¿Podría hablar de la presencia de redes y bordados? Desde el principio de las traducciones trabajamos con la idea de red: de puntos de números en el ordenador, en la máquina de bordar. La red es malla, y es trampa, red es la estructura fibrosa de las plantas, de las ramificaciones de los nervios… El tiempo es una red psíquica, cada vez que la aguja rompe la seda nace una estrella, aquí no hay principio ni fin… las estrellas no tienen nombre, y la psique no tiene extensión. Freud pensaba que además la psique no sabía nada. Un cuadro con malla es una extensión; en la Edad Media era un lugar vertical, en esa época ese lugar era el de la fascinación, el lugar en el que, fascinado, caes en la trampa, ese lugar se invagina. Cuando hablamos de mallas, lo hacemos de hilos pero también de vacíos entre hilos, entonces hablamos de máculas, de pérdida de visión. Si hablamos de pérdida, hablamos de herida y deseo.

Con la idea de pérdida, llegamos a Japón Para mí, hablar de Japón es hablar del accidente, el del 11 de marzo de 2011, cuando el tsunami barre la costa de Tohoku y el reactor 1 de Fukushima Daichi explota. Desastre es estar separado de las estrellas, “accidens” quiere decir lo que sucede, no es ni positivo ni negativo, puedes pensarlo como imagen de la felicidad, como estética del instante, en una playa un niño barre de un puntapié el castillo que había construido. En la costa de Tohoku y en tu casa hay un presente en el que el pasado espera, este presente es ya fantasma, es un “después de vivir”, este fantasma habla también de tu futuro. La costa de Tohoku está llena de fantasmas, caminando, cogiendo taxis, esos fantasmas los puedes imaginar como leguas de fuego que te buscan, a ti y a otros, y todos nosotros somos imágenes mariposa. Desde entonces trabajo como voluntario en escuelas, hospitales, intentando saber qué pasa, qué pasó. En marzo tenemos previsto con la Fundación El Instante organizar un food truck sobre gastronomía y fusión nuclear.

¿Qué es la Fundación El Instante? Es una organización sin ánimo de lucro en la que colaboro, cuyo objetivo es reflexionar sobre el “qué nos pasa”. Está en el centro de Madrid, a dos manzanas del Reina Sofía. En ella colaboran personas que provienen de muy diferentes ámbitos: cine, música, psiquiatría, arquitectura, biología, artes plásticas, literatura… El pasado no existe, el futuro tampoco, si algo existe es esa nada infinitesimal que te constituye, el instante.

¿Cuáles son sus actividades en Japón? El primer taller en Noda fue sobre la radiación, les puse una traducción de la radiación del reactor 1 de Fukushima Daichi, a los niños y niñas de 10 años, y a los profesores les pareció una flor; cuando acabó el taller me preguntaron qué clase de flor era, les dije que era una traducción de la radioactividad, que deberían conocerla, desde todos los ángulos, pues iban a vivir con ella toda su vida probablemente. Cada taller era diferente, hablaba sobre los deseos, lo perdido, etc. en escuelas, hospitales, centros para niños maltratados, violaciones, casas temporales. A veces había reticencias que superar, pero al final creo que lo entendían, como por ejemplo, cuando les pedí que me escribiesen en un calendario lo que hacían la mañana del tsunami, justo antes, pero las autoridades de la escuela y del gobierno eran reacios; querían que contasen lo que hicieron después, pero a mí sólo me interesaba el antes, justo porque era perdido, lo conseguimos. El food truck lo lleva la Fundación El Instante, se llama Hoshikuzu Yatai, que quiere decir “Pólvora de estrellas, carricoche”, en él participan Miguel de Torres, cocinero, y Juanra Knaster, director del proyecto ITER en Rokkasho, y en este proyecto relacionamos la gastronomía y la fusión nuclear, y también colabora June Mitani, informático y creador de origamis. Todas estas actividades no podrían haberse realizado sin I’m Group, es una ONG que cuando la conocí era un pequeño grupo de tres chicas psicoterapeutas dedicadas al suicidio. Esa es una de las razones por la que trabajamos ahora con el suicidio; en mi caso, particularmente, la razón principal era acercarme al pasado de estas chicas, ¿qué hacían antes del tsunami?

¿Qué es lo que le ha dejado más huella? Tsunami y suicidio se tocan y se tocarán más todavía. Lo que me ha dejado más huella son los rostros y las voces de las familias de los suicidados, viven el suicidio del otro como propio; hay una tumba en Leyde que habla de esto, en ella las esculturas que acompañan al muerto se mueven, te hablan, te ofrecen un poco de arroz, un poco de visibilidad. Los vivos suicidados se repliegan al interior de ellos mismos, yo creo que se auto obstruyen, por eso la luz es impracticable.

¿Por qué les pregunta por el primer recuerdo? Porque nos lo inventamos; en Japón lo preguntaba en las escuelas de menores de 4 años, y contaban unas historias curiosísimas. El primer recuerdo es casi siempre inventado, es algo así como una aparición, algo que creamos, que nos representa; en Minamisanriku, una niña de tres años me dijo que su primer recuerdo era que soñaba que vivía. En Japón grabé muchos, en Iwate, Myagi y Fukushima, luego en Aranjuez, en un curso de verano, allí alguien me dijo que el suyo era la belleza del mundo. El primer recuerdo es una creación antidatada.

¿Y cuál fue el suyo? El olor del mar en la oscuridad de un túnel.

Usted también trabaja sobre el sakura, la flor del cerezo en Japón Cuando llega el tiempo del sakura, los parques de cerezos se llenan de gente, amigos, familias, despliegan grandes plásticos azules bajo los cerezos, oyen música, comen, beben, y cuando caen muchos pétalos hacen exclamaciones, como ¡oh!… El año pasado hacíamos vídeos de taichi, los movimientos expresaban la fragilidad del instante, el tiempo de la flor, el ciclo de la vida. Tengo la sensación de haber trabajado muchos años este tema. El asunto de la belleza es delicado, siempre estamos hablando de lo bello y lo feo y, sin embargo, tenemos una idea pobre y difícilmente articulable.

¿Podría hablarnos de la relación entre la gastronomía y la fusión nuclear? Polvo de estrellas somos; hago moldes para wagachis [tipo de dulce] hechos con las traducciones del experimento de Young, Nour ala Nour es una sura del Corán y quiere decir Luz sobre La Luz. Podría ser el nombre de un pájaro, un ave que quería simplemente ser y para ello fijaba sus ojos en el sol, comía luz, y cantaba. La gente decía, mira es un pájaro que quiere ser imagen. Mis wagachis van un poco por ahí, si los comes puede que llegues a ser imagen.

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