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Inicio » Archivo » La Biblioteca de Luis Alberto de Cuenca

Su colección de libros rebasa los 35.000 volúmenes. Apasionado por todo lo que concierne al mundo de la cultura, fue director de la Biblioteca Nacional, del Instituto de Filología del C.S.I.C. (hoy Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo) y Secretario de Estado de Cultura. Actualmente es profesor de investigación del C.S.I.C. Poeta, filólogo, traductor y ensayista, siente los libros como una parte esencial de su vida. Es, además, un enamorado del mundo del cómic y de los libros ilustrados. Su casa-biblioteca se encuentra repleta de libros con los temas más variados: misterio, ensayo, historia, poesía, arte, clásicos que cohabitan con un gran número de figuritas de superhéroes, desde Astérix y Obélix, a vampiros o Mickey Mouse y el pato Donald. Luis Alberto de Cuenca confiesa que también colecciona ‘chismes’ como las figuritas que contienen los huevos Kinder, coches de Tintín, personajes de La Guerra de las Galaxias, tebeos, o álbumes de cromos “como los antiguos de Nestlé de 1920 y 1930”.

¿Cómo nació su pasión por los libros?
En casa de mis padres existía mucha afición por la lectura, de hecho la biblioteca albergaba cerca de 3.000 libros. Mi gusto por la literatura surgió de niño “por culpa” de la colección Araluce, titulada Las obras maestras al alcance de los niños. Era una biblioteca de clásicos adaptados para la infancia que se inspiraba en una colección británica. ¡Al fin he conseguido reunir los 93 títulos de que consta!

No sólo colecciona libros, sino que tiene muchas colecciones completas…
Tengo varias, entre ellas, la colección Crisol con 420 volúmenes que representa mi adolescencia; otra de libros de viajes llamada El viajero universal que fue editado durante el reinado de Fernando VII; la colección Crisolín, la Biblioteca Clásica Gredos completa. La novela policíaca me gusta mucho, tengo varias colecciones como la de Júcar, Plaza & Janés y Bruguera. ¡Y presumo de tener los 15 volúmenes de la colección Aguilar de Agatha Christie!

¿Cuál es su obra favorita?
Mi libro más preciado es una primera edición de 1772 de El diablo enamorado de Jacques Cazotte (que murió guillotinado), es la primera novela de literatura fantástica europea. Me encanta la literatura fantástica y también colecciono figuras de vampiros, momias, el hombre lobo..

Como coleccionista de primeras ediciones. ¿De cuáles está más orgulloso?
De la primera edición en 70 volúmenes de las Obras Completas de Voltaire, editada en 1772 por Condorcet, con 125 grabados de los más hermosos editados que existen. Luego, para completar a Voltaire, adquirí su Epistolario en 13 volúmenes. También tengo la 1a edición de las Fábulas de Samaniego y de Iriarte, la 1a edición ilustrada de El conde de Montecristo de Dumas, y varias primeras ediciones de Víctor Hugo, Chateaubriand, Valéry, Cocteau, Gustavo Adolfo Bécquer, Valle Inclán, Pérez Galdós, etc. Del Duque de Rivas también tengo ediciones príncipe, de Zorrilla tengo la segunda de Don Juan Tenorio, pues la primera no existe en España. De uno de mis autores favoritos, José Cadalso, poseo todas sus primeras ediciones: Cartas marruecas, Los eruditos a la violeta… Y también tengo una primera edición impecable de La Regenta de Leopoldo Alas ‘Clarín’, otra de Quevedo de 1648, etc…
Merece consideración especial en mi colección la traducción que hizo Baudelaire de la obra de Allan Poe.
¡Poe existe por Baudelaire!. Yo tengo las primeras ediciones (1856,1857, 1858 y 1865) de las obras de Poe traducidas por él.

Todas las bibliotecas tienen libros ‘raros’, difíciles de encontrar en el mercado. ¿Cuáles son los suyos?
Tengo unos cuantos, como Historia Universal de la Infamia, mi titulo preferido de Borges, la primera edición de 1935 de Megáfono.. Otro muy especial es Poeta en Nueva York, en la edición americana de Norton. Muy difícil de encontrar es esta edición en dos tomos de las Fábulas de Samaniego, editada en 1832, porque cada fábula está adornada con una lámina – esto es rarísimo de encontrar – , de hecho al ejemplar de la Biblioteca Nacional le faltan varias. También la primera traducción de Hamlet de Shakespeare al castellano realizada en 1798 por Moratín (bajo el pseudónimo de Inarco Celenio).

Hablando de los libros ilustrados. ¿Cuáles son sus favoritos?
La joya del art nouveau en libros es la Revista Ibérica de Ex Libris hecha en Barcelona entre 1903-1906; es una colección de cuatro tomos de la que sólo existen 250 ejemplares. Precioso es el último libro ilustrado con láminas que hizo Eduardo Úrculo, con poemas míos, que está agotado y que puede llegar a valer 9.000 euros. Uno muy especial para mí son unas Memorias de Casanova, edición de 1950, ilustrado por Umberto Brunelleschi que fue uno de los más importantes ilustradores y escenógrafos de la primera mitad del siglo XX. Otro de mis favoritos es uno de los grandes poemas de la escuela romántica La balada del viejo marinero de Coleridge, en una cuidada primera edición con bellísimas ilustraciones victorianas. En las bibliotecas españolas no existen estas exquisiteces extranjeras. Me gusta la cultura alemana, española, egipcia, en definitiva: ¡me gusta todo!. Esta biblioteca es mi vida.

Laberinto de pasiones literarias
Todas las habitaciones de esta casa convertida en biblioteca están repletas de libros, que desbordan pasillos, dormitorios, terraza y cocina incluida, donde las cacerolas, sartenes y demás enseres han dejado paso a tebeos y libros.
Son tan variados los temas que resulta imposible perfilar los gustos de Luis Alberto de Cuenca porque, como el mismo admite, le gusta todo. En una habitación con dos ordenadores y colmada de libros está su despacho donde dice se siente arropado. Allí está su colección de la Generación del 27, con primeras ediciones de Lorca, Guillén, etc.
No podía faltar la Gran Enciclopedia Cervantina de su amigo Carlos Alvar y otras obras fundamentales de la literatura nacional. Otra habitación atesora su colección de Valle Inclán que incluye varias primeras ediciones. De Cuenca admite que ordena sus 35.000 volúmenes “principalmente por espacio y tamaño porque cuando se tienen tantos libros no hay espacio para clasificarlos por temas u orden cronológico”.

Lorena Mingorance

Cuenca