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Inicio » Archivo » La colección Gori

En la bella Toscana, a 35 Km de Florencia y a 5 de Pistoia, en una colina de verdes prados y arboledas, en el siglo XIX se diseñó un parque romántico con cascadas y lagos; en ese lugar privilegiado, de 20 hectáreas, está la Fattoria di Celle, que acoge una importante colección de Arte Ambiental iniciada a finales de los años 40 por Giuliano y Giuseppina Gori, apasionados coleccionistas de arte, una pasión que han sabido transmitir a su familia. Hemos podido hablar con Paolo Gori, continuador de la actividad textil familiar y de la pasión por el arte, sintiendo una especial atracción por las rarezas bellas y artesanas, como muebles, objetos decorativos y joyas étnicas, a los que dedica buena parte de su tiempo, viajando, para descubrirlos por países exóticos de todo el mundo.

¿Cómo surge la vinculación de la familia Gori con el mecenazgo de arte?
Teniendo en cuenta que el mecenazgo, entendido a la manera medicea, lo consideramos suplantado por el patrocinador, ni yo ni nadie de nuestra familia creemos pertenecer a ninguna de estas categorías.

¿De qué categoría de coleccionistas se considerarían ustedes?
No somos un sponsor tipo, porque nuestra actividad es un conjunto de patrocinio e investigación, que nos lleva a coleccionar y promover la discusión en el seno de la colección. Somos un estímulo para producir objetos nuevos con una capacidad constructiva nueva, porque muchos artistas han descubierto nuevas posibilidades para su trabajo en el parque de Celle. Por ejemplo, Anne et Patrick Poirier hicieron su primer trabajo en mármol al aire libre [La morte di Efialte, 1982]. Algunos artistas son reacios a trabajar en otros materiales que no sean los suyos habituales, pero cuando reciben el estímulo de trabajar al aire libre se produce un cambio, como Magdalena Abakanowicz, que hizo su primer trabajo en bronce en nuestro parque [Katarsis, 1985] y nunca antes había trabajado con este material; después de interesantes discusiones vio que era la única posibilidad de hacer lo que quería, y luego se ha hecho famosa por sus bronces. En el caso de Richard Serra, en vez de trabajar en plancha de hierro, hizo su primera escultura en piedra [Open field vertical elevations, 1982].

¿Hay personas que nacen coleccionistas?
Hay personas que nacen con una gran curiosidad y normalmente acaban coleccionando; aunque una colección puede nacer con diversas finalidades, por lo general, con el crecimiento de una pasión puede también revelarse como una verdadera y real urgencia.

Como mecenas, ¿cuáles son los intereses de su familia? ¿Qué tipo de arte les estimula, les interesa? O ¿qué clase de obras no les interesan nada?
El Arte Ambiental nos ha abierto el más amplio panorama que pudiera ofrecer el mundo de las artes visuales. Si al arte le añadimos la interdisciplinariedad cultural, no podemos hacer exclusiones.

¿Está abierta al público permanentemente la colección?
La colección, además de su amplio espacio interno, ocupa cuarenta hectáreas de superficie al aire libre, cosa que obliga a abrir de primavera a otoño, y se puede visitar con cita previa.
Los varios millares de visitantes, provenientes de todo el mundo, están en su mayoría organizados por museos e instituciones culturales nacionales e internacionales. Las visitas son gratuitas y se desarrollan con guías expertos en diversas lenguas.

La particularidad de su colección es que invita a una selección de artistas internacionales a crear instalaciones (Arte Ambientale) en los espacios de la Fattoria di Celle. ¿Cómo surge esa idea?
La idea original nació en la primavera de 1961 en una visita al Museu Nacional d’Art de Catalunya, en Barcelona, en el que estaban expuestas no sólo las obras sino las reconstrucciones del ambiente en el que habían sido concebidas. Fue en los años 70 cuando fue posible dotarse de los espacios adecuados para realizar este nuevo modelo de coleccionar, que podría conducir al artista a restablecer la antigua relación con el comitente. A finales de los años 70, la Documenta de Kassel y la Bienal de Venecia presentaron obras de carácter ambiental, con la característica de la precariedad de los materiales, aunque las obras, de hecho, debían satisfacer los requisitos de duración durante el tiempo de la exhibición. Fattoria di Celle se encargó de resolver este problema, y la obra ambiental, más allá de su característica de confrontarse e involucrar el ambiente circundante, debía desafiar al tiempo.

¿Tienen las obras un tema común? ¿Qué requisitos deben tener?
Tienen en común el mismo derecho-deber que siempre debe existir entre el hombre y la naturaleza. La obra puede declararse óptimamente terminada cuando el ambiente, en lugar de aportar el ritual de simple contenedor, asume el papel de parte integrante de la obra del artista.

¿Podría comentarnos cuáles son sus instalaciones favoritas, y por qué?
Cada obra tiene una historia propia, creada en un clima de estima compartida, a menudo convertida en sincero afecto, extendido, por consiguiente, a las respectivas familias. Realizar una obra ambiental significa normalmente pasar meses en Celle, incluso años; por eso es muy difícil preferir una u otra obra porque todas han contribuido a hacer maravillosa esta aventura. De alguna manera, cada trabajo está tan integrado, que podría hablarse de un conjunto único. Cada uno con la propia especificidad pero integrado en un gran organismo.

¿Realizan adquisiciones en ferias y salas de subastas, o únicamente son encargos?
No para la colección de Arte Ambiental, cuyos trabajos nacen de una invitación específica dirigida a artistas de los que se ha hecho un seguimiento durante largo tiempo. Ciertamente, hoy día, frecuentar las ferias, con las manifestaciones relacionadas: muestras, debates, presentaciones de proyectos, resulta muy interesante.

¿Quienes han sido los artistas más significativos que han creado instalaciones para su colección? ¿Hay alguno español?
Muchos artistas se han vinculado a Celle cuando eran jóvenes para después afirmarse en el ámbito internacional, entre ellos, los españoles Jaume Plensa [Gemelli, 1982] y Susana Solano [Acotación, 1990], mientras que en la “colección histórica” (1950/70), España está representada con numerosas presencias de los más celebrados maestros del siglo XX.

¿Qué proyectos han sido los más especiales, y por qué? (¿tiene algún recuerdo, anécdota, personal?)
Hay proyectos que han durado varios años desde el primer acercamiento hasta su realización, así como hay trabajos que por su complejidad de realización nos han obligado a una larga gestación de realización. Ha habido artistas que en la búsqueda de materiales han experimentado más soluciones y no han faltado las dificultades objetivas, pero todo esto ha sido un estímulo para atreverse siempre más, y amar cada una de esta obras.

Cuando Giuliano Gori comenzó la colección, ¿qué artistas, movimientos, le interesaban?
La colección empezó al final de los años 40, enfatizando la renovación del lenguaje artístico; desde los inicios, la relación directa con los autores ha sido siempre una predilección, por ello las relaciones de gran amistad entre mi padre y los artistas han sido siempre para nosotros una fuente inagotable de novedades e ideas.

¿Han evolucionado de alguna forma los principios de la colección establecidos por Giuliano Gori?
La actividad del fundador de la colección actualmente prosigue, siempre con renovado empeño.

¿Quién elige el proyecto y el artista? ¿Cómo es el proceso de selección?
El artista en Celle no puede ni proponerse ni hacerse proponer, las elecciones son algo sagrado para el coleccionista; muchas de las obras de Arte Ambiental presentan problemas que, a primera vista, podrían aparecer como irrealizables, pero en general, es tal el empeño del artista y del comitente, que lo hacen viable.

¿Qué obras considera las estrellas de su colección?
¡Una elección difícil para un “padre”!.

Una boda sorpresa
“Son muchas las anécdotas que hemos vivido gracias a frecuentar a los artistas durante largo tiempo, ya que a menudo hemos convivido durante largos períodos. Y también hay episodios divertidos ocurridos con los visitantes durante las visitas guiadas –explica Paolo Gori- Me gusta recordar una de las primeras experiencias: era junio de 1982, cuando desaparecieron, sin dejar rastro, dos artistas americanos de distinto sexo, comprometidos en Celle, y al cabo de dos o tres días, cuando estábamos a punto de hacer la denuncia, reaparecieron. A nuestra pregunta de por qué, respondieron: ¡nos hemos casado!. Este no es más que un episodio emblemático de un espíritu y un clima de familiaridad y afecto, que es el leit-motiv de toda la experiencia de Celle.”

Buscando la pieza perfecta
La empresa Gori, además de tejidos se dedica a la importación de piezas singulares, como muebles, objetos de adorno y joyas. “Son piezas de todo el mundo; trabajamos en países como India, China, Vietnam, Indonesia, en África… importamos grandes contenedores de muebles y objetos de todo el mundo, que no son producciones grandes y son muy variados; son casi piezas únicas, las hay actuales y también antiguas, finalmente destinadas al mercado más simple y hasta grandes empresas. Las piezas más antiguas pueden tener unos 150 años; los muebles son muy particulares, realizados con diversas maderas de raíz, como teca, por ejemplo, y con formas creadas por la naturaleza, lo que los convierte en únicos porque la naturaleza no hace dos cosas idénticas.
Viajo mucho, unos tres meses al año, buscando curiosidades… además de muebles me atraen los objetos de adorno que sean originales; algunos son muy grandes, casi esculturas, aunque no tienen el valor de las esculturas. Adquirimos también piezas de joyería, son joyas muy particulares, bellísimas, especialmente las que vienen de una región de China próxima a Camboya. Son creaciones étnicas trabajadas con un artesanado bellísimo.”

Marga Perera

Gori