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Inicio » Mercado » La última musa picassiana

Con su vibrante paleta y sus pinceladas en remolino, Nu au chapeau, buste, el retrato en el que Pablo Picasso inmortaliza a Jacqueline Roque, cautiva al espectador por su halo de intimidad y pincelada espontánea. Sotheby’s lo saca a pujas el 14 de mayo en Nueva York con una estimación previa de 5,8 a 7,5 millones de euros. Jacqueline y Picasso se vieron por primera vez en el taller de alfarería de Madoura, en Vallauris. Ella estaba empleada de forma temporal en la tienda, mientras que el artista trabajaba en sus piezas de cerámica. Salieron juntos durante algún tiempo y en octubre de 1954, cuando ella tenía 27 años y él 72, iniciaron su vida en común. Se casaron en Vallauris en 1961 instalándose en Mougins, en la Costa Azul, donde vivieron hasta la muerte de Picasso en 1973. Reflejando su armoniosa unión, Picasso pintó a Jacqueline más que a ninguna otra de sus amantes. El historiador y comisario William Rubin asegura: “Jacqueline nunca le obligó a elegir; su relación no era el amor agonizante y novelesco que el artista había experimentado en algunas de sus primeras relaciones. Picasso no tuvo que arrebatársela a otro hombre, ni luchar por conservarla a su lado. Su personalidad discreta, amable y amorosa, unida a su devoción incondicional hacia él, le brindó una desconocida estabilidad sentimental.”  Jacqueline nunca posó para Picasso, sino que su presencia constante en su estudio le servía de inspiración. Marie-Laure Bernadac ha observado: “Es característico de Picasso, a diferencia de Matisse y muchos otros pintores del siglo XX, que tome como modelo -o como su musa- a la mujer que ama y que vive con él, no a una modelo profesional; la mujer amada encarna la “pintura”, y la mujer pintada es la “amada”. Picasso se hizo cada vez más prolífico en sus últimos años, pero Nu au chapeau, buste, ejecutado el 31 de mayo de 1965, es inusual entre sus lienzos de ese año tanto por su rica paleta como por su impactante perspectiva frontal.

Picasso