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Inicio » Archivo » Laurie Rush, una arqueóloga en pie de guerra

Laurie Rush

Permítanme que en esta ocasión, con los malos tiempos que corren, me apunte al carro de presentarles a alguien que realiza una labor magnífica en el campo de la preservación del patrimonio arqueológico. Una mujer que tiene la fuerza gravitacional de un agujero negro: atrae y no deja escapar al oyente. Se la puede escuchar durante horas, y uno tiene la sensación que han pasado solo unos minutos. Pero en sus palabras esconde la fuerza de la sabiduría combinada con eso que llamo yo “arremangarse y dar el callo”. Ahora que la tensión narrativa ya está bien alta, les presento a Laurie Rush, arqueóloga senior del Ejército de los Estados Unidos. La doctora Rush decidió entrar como personal civil en el Departamento de Defensa, en Fort Drum (al norte del Estado de Nueva York), y de ahí lo excepcional de su labor diaria: cuando un conflicto armado amenaza el patrimonio arqueológico y cultural de un país, ahí está ella para ayudar a prevenir daños. Conocí a la doctora Rush en Siena, durante una conferencia sobre patrimonio cultural (es, además, una académica excelente, cercana, de las que explica materias increíblemente arcanas como si hablara de algo facilísimo). Créanme, una ponencia de ella es diferente a las del resto, porque esa mujer tan entrañable encierra una pasión por su trabajo envidiable, y ello se ve, se nota, y se disfruta. Paseo con ella por la campiña italiana, y el paisaje deviene por arte de magia en una lección de arqueología para no entendidos… En definitiva, ¿qué decirles? Mejor que “calle”, y les “deje” con la doctora Rush.

Doctora Rush, ¿cómo comenzó su carrera militar? ¿Representó para usted un “choque de culturas”? ¿Fue fácil pasar del mundo de la arqueología al Departamento de Defensa de los Estados Unidos?
Mi carrera en el ejército empezó en 1991 cuándo fui contratada por un plazo de dos años por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos para preparar una instalación destinada a preservar artefactos en Fort Drum. No me supuso un “choque de culturas” porque mi trabajo se centraba básicamente en los objetos que preservaba. En 1998, empecé a trabajar como Directora de Recursos Culturales, y ahí sí que necesité empaparme de la cultura militar, para tener éxito en mi labor. Y a su vez, se puede decir que el Ejército también me “cultivó” a mi, hasta el punto de que ahora siento una enorme lealtad al Ejército, su Décima División de Montaña, y Fort Drum.

Ya que nos conocimos en Italia, querría preguntarle por la admiración que usted siente por este país en lo que respecta a su labor dirigida a la tutela del patrimonio cultural. ¿Cuáles son sus estrategias y cómo pueden ser aplicadas en otros países?
Tiene toda la razón en lo que respecta a mi admiración por los italianos: creo que la división de tutela del patrimonio cultural de los Carabinieri es la mejor fuerza de seguridad mundial en lo que respecta a la protección de la cultura y en solventar delitos contra el patrimonio. El hecho de que el Estado italiano haya invertido tanto en esta fuerza de seguridad dice mucho de la importancia del arte y del patrimonio en la cultura italiana, y sus filas están formadas por miembros extremadamente profesionales y muy cualificados. A su vez, resulta admirable su voluntad de reclamar piezas ilícitamente obtenidas a museos, algunos de ellos muy prestigiosos y poderosos. Una de sus grandes herramientas de trabajo es su base de datos, Leonardo, y permiten tanto que cualquier otra fuerza policial extranjera pueda acceder a la misma, como que se fusionen sus contenidos con otras bases de datos sobre la materia. También está el hecho de que los italianos están dispuestos a devolver objetos robados a sus Estados de origen, cualquiera que éste sea, lo cual pone de relieve que sus esfuerzos siguen unos principios éticos notables; no se preocupan únicamente de que les sea devuelto lo que es suyo.

Dado que usted se desplaza a zonas en las que se desarrollan los conflictos armados, ¿cuál es el nivel de colaboración entre distintas fuerzas armadas por lo que respecta a la protección del patrimonio cultural?
Hay que aclarar una cosa, y es que la coalición entre diferentes fuerzas armadas es siempre muy compleja. 120 Estados han firmado el protocolo de La Haya de 1954, y uno se imagina que sus Fuerzas Armadas tendrán un punto de vista similar en cuanto a cómo operar respecto al patrimonio histórico de una zona en guerra. Si buscamos a una fuerza que sea excelente en cuanto al entrenamiento de sus soldados en protección del patrimonio cultural a nivel mundial, sin duda es la austríaca: utilizan juegos de guerra y escenarios para el entrenamiento (uno de esos escenarios es su propia academia como edificio histórico en peligro), o incluso ofrecen cursos a nivel internacional a fuerzas armadas de otros países e incluso a Ministerios de Cultura. Otro ejemplo de fuerza armada a seguir es, de nuevo, la italiana: las misiones italianas en Irak incluyen Nasiriyah, el Museo de Irak y el Monasterio de Decani. Todos ellos son ejemplos de cómo las fuerzas armadas pueden contribuir como elemento pacificador a la protección de yacimientos arqueológicos y otros elementos del patrimonio cultural de un Estado en guerra.

¿Cómo surgió la idea de inventar una baraja de cartas para entrenar a los soldados en la protección del patrimonio arqueológico, mientras juegan?
Creo que esta baraja ha sido mi salto a la fama. Muchos le dirán que está inspirada en la baraja de cartas cuyo reverso plasmaba a los criminales más buscados en Irak. ¡Pues no es verdad!. Uno de los programas en Fort Drum daba barajas a los jugadores, y sus reversos eran sobre temas medioambientales: una sobre como cambiar el aceite sin dañar el ecosistema de una determinada zona, otra sobre pantanos… Solamente dos cartas estaban relacionadas con la arqueología, y yo sabía que era posible mejorar esta situación. Así que a Jim Zeidler y a mi se nos ocurrió idear una baraja sobre este tema: primero buscamos las fotos y el texto que acompañaría a cada carta. Tracy Wagner, de la Universidad de Colorado, propuso que todas juntas formaran un gran puzzle, así como que tuvieran un fondo negro que las hace preciosas. Mis hijas reclaman la propiedad de la idea, pero yo sostengo que es total y exclusivamente mía. Lo que más me ha sorprendido es la acogida que han tenido a nivel internacional: ¡hasta a Beth, una de mis hijas, en un viaje de estudios a Londres, le preguntaron si su madre era la arqueóloga que hacía cartas! Nos sorprendió la increíble cobertura mediática que consiguió en Reino Unido, y evidentemente, hizo que mi hija se sintiera como una estrella del rock. Por no decir que ha inspirado proyectos similares en Salisbury, Oregón, Holanda o Noruega.

Además de unas Fuerzas Armadas bien entrenadas en cuidar el patrimonio arqueológico, ¿qué otros factores contribuyen a una buena prevención?
Según mi experiencia, salvar el patrimonio cultural en situaciones de conflicto armado requiere de la participación ciudadana: individuos y grupos de ciudadanos con un coraje increíble que realmente creen en la importancia y el valor de su patrimonio. Por ejemplo, los afganos que arriesgaron sus vidas para salvar el tesoro guardado en el Museo Nacional de Afganistán de la invasión rusa y posteriormente, de la talibán. El señor Feroozi, exDirector General de Patrimonio del país, me comentó una vez que sortearon la invasión talibán en el museo colocando las estatuas de menor valor de forma más visible para que así [los talibanes] saciaran su sed de destrucción. A su vez, intentó entablar diálogo con el mismísimo Mulah Omar y paralizar la destrucción de los Budas de Bamiyán, aún a sabiendas de que podía ser una decisión fatal para él.

¿Qué opina sobre la situación actual en zonas como Libia o Mali?
Enlazando esta pregunta con la anterior, varios informes describen la valentía de muchos ciudadanos libios, que arriesgaron sus vidas para guardar bajo llave su patrimonio museístico, o para alejar combates de los yacimientos arqueológicos. El caso de Mali habla también del coraje de sus ciudadanos que ayudaron a guardar, transportar y esconder muchos objetos valiosos de su patrimonio. Para gente como nosotros que vivimos en situaciones de relativa seguridad es muy difícil llegar a imaginar el riesgo que estos ciudadanos asumían al esconder manuscritos en sus casas, conociendo las terribles consecuencias que ello les podía llegar a acarrear.

Antes de finalizar la entrevista la doctora Rush, mientras reflexionaba en silencio sobre los buenos momentos vividos en su carrera, añadió de forma muy sincera, a corazón abierto, “me doy cuenta de lo afortunada que soy”. Admito que me pareció una frase final épatant. De una persona que ha hecho de su día a día el salvar el patrimonio en peligro por culpa de obuses, misiles, granadas, dinamita y balas, esa sencilla frase dejaba muy claro que, dentro de la oscuridad que emana una guerra, Laurie Rush es un faro de esperanza para el arte y la arqueología.

Marc Balcells es criminólogo, profesor y abogado penalista barcelonés, que actualmente reside en Nueva York gracias a una beca Fulbright, donde imparte lecciones en el John Jay College of Criminal Justice, en la City University of New York. Su área principal de investigación en el campo de la Criminología es la delincuencia contra las obras de arte y su nexo con el crimen organizado y la delincuencia transnacional. Es miembro de ARCA y de otras organizaciones dedicadas a la defensa del patrimonio artístico. Puede seguir los acontecimientos recientes en el mundo de la criminalidad contra el patrimonio artístico en su cuenta de Twitter @artcrimeHQ o en la página Facebook con el mismo nombre (http://www.facebook.com/ArtCrimeHQ).