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Inicio » Reportaje » Picasso, la llama incandescente

La aportación de Pablo Picasso al arte fue trascendental; primero, por el cubismo; después, por el collage. Llegó a París en 1900, joven y desconocido, y en 1907 asumía ya el liderazgo de la vanguardia en la capital francesa. Cuarenta y cinco años después de su muerte, su mito no se ha marchitado. Trabajador incansable, con su ávida mirada iba desmenuzando todo cuanto veía a su alrededor. Él mismo dijo que pintaba como otros escribían su autobiografía. Con motivo de la exposición que la Tate Modern dedica a su annus mirabilis, 1932, repasamos los hitos de la vida del artista que aseguraba no buscar sino encontrar. [Picasso en la rue la Boétie, 1932 ©Archivo Cecil Beaton]
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