
“El descubrimiento de la década” es el titular con el que la prensa internacional ha saludado a la pintora cubana Carmen Herrera preguntándose “cómo han podido perderse hasta ahora sus sensibles composiciones geométricas”. En un momento en el que el mundo del arte idolatra la juventud y la novedad, Carmen Herrera encarna un tipo de éxito diferente, mucho más raro, el de la artista largamente ignorada por el mercado y por la historia, que perseveró porque no tenía otra alternativa.
Herrera está considerada por la crítica una pionera de la Abstracción geométrica y del Modernismo Latinoamericano. La fama y el reconocimiento le han llegado cuando ya no los esperaba, casi a punto de alcanzar el siglo y su biografía, en la que se entremezclan una infancia acomodada en la Cuba pre-revolucionaria, el París de la postguerra y el convulso y floreciente mundo del arte neoyorkino, contiene todos los ingredientes para convertirse en una de las leyendas del mundo del arte.
Vendió su primera obra a los 89 años, tras más de seis décadas de silenciosa y tenaz carrera en solitario y hoy sus pinturas forman parte de las colecciones permanentes de instituciones como el MoMA de Nueva York, el Museo Hirshhorn, el Walker Art Center, el Museo del Barrio de Nueva York y la Tate Modern.
Tendencias del Mercado del Arte ha conversado con esta singular artista en su casa de Nueva York que a sus 97 años sigue describiendo su impulso de pintar como “algo que está dentro de mí, que no puede decirse con palabras y que expreso con líneas y colores”...
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