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Inicio » Archivo » Sam Fogg: “Me gusta descubrir tesoros ocultos”

Hablar de Sam Fogg es hacerlo de uno de los más insignes marchantes internacionales especializados, primordialmente, en arte de la Edad Media aunque su galería, fundada hace un cuarto de siglo, cuenta también con departamentos de arte etíope, islámico y asiático. Por primera vez desde hace diez años, el experto londinense vuelve a participar en la feria TEFAF Maastricht, donde mostrará su exposición El arte gótico y renacentista, articulada a través de una valiosa selección de manuscritos, esculturas, pinturas y artes decorativas y vidrieras de los siglos XI al XVI. Entre sus clientes se encuentran algunos de los más prestigiosos coleccionistas privados así como instituciones del mundo.
Con motivo de su participación en el certamen holandés nuestra revista conversó con el afamado anticuario sobre su vocación y la evolución del mercado de las antigüedades.

¿Cómo descubrió que quería dedicarse a las antigüedades?
Simplemente ocurrió así. Mi aspiración inicial era convertirme en artista mientras me ganaba la vida vendiendo libros de segunda mano como trabajo complementario. Poco a poco fui introduciéndome en el campo de los libros de referencia para, al final, consagrarme definitivamente a los manuscritos medievales. Con el tiempo adquirí una buena reputación en este área lo que me permitió profundizar en otras ramas del arte medieval. Todas estrechamente vinculadas entre sí.

¿Recuerda cuál fue su primera experiencia relacionada con el arte?
Desear ser artista e intentar pintar

¿Qué le interesa como anticuario?
Me gusta descubrir tesoros ocultos…

¿Cómo se organiza su galería y cuáles son las prioridades de su programa expositivo?
Nuestra galería cuenta con un programa expositivo regular, también participamos en ferias (como este mes en Tefaf) y, otras veces, colaboramos con galerías de Nueva York, París y Berlín, entre otras.
En los últimos tiempos hemos celebrado importantes exposiciones como Imágenes de Luz: Vidrieras 1200- 1550 [El vidrio emplomado era desconocido en la antigüedad. Se inventó hacia 1000 d.C, y pronto adquirió una posición dominante en las artes de la Edad Media, no sólo en iglesias sino también en contextos seculares. Con su aparición revolucionó las artes decorativas de su tiempo -puede compararse con la llegada de la televisión; al igual que la televisión implica que un haz de luz atraviese una capa transparente, en los vidrios emplomados se apoyan en la luz del sol en vez de la luz generada por la electricidad, consiguiendo que la imagen de la vidriera esté en constante movimiento conforme la luz va variando su tonalidad]; El Arte de Etiopía [la singularidad del arte etíope obedece a su posición dominante en las montañas del Cuerno de África. Aunque remota y a veces aislada, Etiopía desarrolló una tradición, que se remonta al siglo IV a. C, impregnada de sus contactos con la cultura bizantina, europea e islámica]. Por último, la exposición Tinta y Oro que ofreció una visión completa del desarrollo de la caligrafía islámica a lo largo de mil años desde sus inicios en la Península Arábiga que se complementó con una muestra en el Museo de Cultura Islámica de Berlín.
Las dos primeras exposiciones fueron un hito, no existían precedentes en ninguna galería comercial. Un dato: el Museo Getty compró todas las piezas que componían la muestra Imágenes de Luz.

Su galería no tiene rival en el área de los manuscritos medievales. ¿Cuáles han sido los descubrimientos más emocionantes que ha efectuado en su carrera?
Una miniatura (página completa de un manuscrito) que recreaba la Huida a Egipto de Jean Bourdichon, emblemático pintor francés activo hacia 1500. Era una de las dieciséis miniaturas que se conservan de un Libro de las Horas hecho para Luis XII, sin duda, uno de los más grandes manuscritos de su tiempo. Las miniaturas desperdigadas de este manuscrito regio, son anteriores pero se parecen mucho a las pinturas que este artista realizó en las Horas de Ana de Britannia (1503-1508), y que será una de las estrellas de mi stand en Maastricht.

Desde su privilegiado observatorio ¿Cómo ha evolucionado el perfil del coleccionista en los últimos años?
Parece que hayan menos bibliófilos y más compradores generalistas que coleccionan arte medieval en sus distintas disciplinas…

¿Se ha encontrado muchas falsificaciones en su carrera?
Sí, y algunos fraudes del siglo XIX son realmente sofisticados. Hay que tener mucho cuidado.

El arte contemporáneo es la locomotora del mercado. ¿Cómo vislumbra el futuro de las antigüedades?
Veo un crecimiento lento pero firme, en contraste con el ascenso meteórico del arte contemporáneo que es un segmento más vulnerable que el de las antigüedades.

¿Han estado las antigüedades infravaloradas esta última década? Si así fuera, qué explicaría este resurgir (en lo que respecta al campo de la escultura medieval, parece que es un nicho de mercado cada vez más dinámico).
Las antigüedades no han estado infravaloradas aunque tal vez la cuestión sea que otros campos han estado sobredimensionados. Hoy día su valor se acrecienta de manera sostenida y segura. El arte medieval está viviendo un magnífico resurgir debido en parte a que sus precios no se han inflado en demasía y todavía constituye una opción asumible para el coleccionista, y además todavía se descubren obras maestras. Aún no está demasiado ‘trillado’ como dicen los expertos en Maestros Antiguos.

Algunos tesoros ocultos…
Sam Fogg mostrará en su stand en la feria de Maastricht un amplio abanico de obras de arte medieval cuyos precios oscilarán entre los 5.000 y los 500.000 euros.
Una de las piezas más preciadas será un cofre de matrimonio o cofanetto de madera decorado con marquetería alla certosina en hueso, datado entre 1400 y 1410, adornado con relieves de episodios de la leyenda de Jasón y el Vellocino de oro. Entre los manuscritos iluminados y miniaturas se ofrecerá una miniatura que muestra a Lancelot dando muerte a los gigantes, proveniente del Libro de Lancelot du Lac, iluminado c.1440 por el Maestro Dunois, sucesor del Maestro Bedford, la figura por antonomasia en el campo de la iluminación en París.
La oferta de vitrales incluye una magnífica pieza de la colección de la Casa de los Príncipes de Liechtenstein que muestra una joven y bella pareja con distinguidos ropajes, sentados en un jardín cercado que representa una imagen idealizada del amor cortesano. Procedente de la colección de la Casa Real de Hannover, del castillo de Schloss Marienburg, es un excelente panel que muestra a la Virgen y el Niño, y que estuvo en la Iglesia de San Pedro de Colonia (c. 1525-30). Este panel es un exponente del vidrio de mejor calidad producido en el taller de Colonia en el primer cuarto del siglo XVI. En pintura despunta una Crucifixión del maestro de la Leyenda de Santa Bárbara (que algunos eruditos atribuyen a Aert van den Bossche) pintado en Bruselas hacia 1480.

Raquel García-Osuna

Sam Fogg