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Inicio » Slider home » Turner, virtuoso del instante sublime

“No tengo más secreto que el trabajo duro, algo que muchos no consiguen aprender y por ello el éxito les resulta esquivo. El trabajo es ese geniecillo que troca la fealdad en belleza y una maldición en una bendición” aseguraba Turner, el niño prodigio, hijo de un humilde barbero, que alcanzó el olimpo de la pintura. Repasamos la apasionante biografía del “maestro de la luz” coincidiendo con su actual presentación en el Museo Jacquemart-André de París. Turner fue un hombre ferozmente reservado sobre su vida privada. Tuvo pocos amigos íntimos, pero mantuvo una relación estrechísima con su padre que vivió con él durante 30 años haciéndole de asistente, cocinero y jardinero. Su carácter misántropo queda confirmado en una anécdota relatada por un invitado que compartió velada con el artista, que a la sazón contaba 70 años, en la casa del escritor Charles Dickens. «Envuelto en un enorme pañuelo rojo que nada ni nadie consiguió que se quitara (…) se divirtió de una manera silenciosa y tranquila; se notaba que le divertían menos los discursos que las luces cambiantes del río». [Venecia: Vista de la laguna al atardecer, 1840 © Tate Gallery]

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