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Inicio » Agenda » Una lección de generosidad

Hasta el próximo 24 de octubre, el visitante del Museo del Prado podrá contemplar las obras adquiridas gracias al legado de Carmen Sánchez García, maestra y directora del Colegio Nervión y miembro de la Fundación Amigos Museo del Prado, que nombró a la pinacoteca heredera universal de sus bienes.
La donación de 758.646 euros la convierte en una de las mecenas más destacadas en la historia del Museo y se ha destinado, conforme al deseo expresado en su testamento, a la adquisición de pinturas. Sobresale la Alegoría de la Templanza de Alonso Berruguete, obra del periodo italiano de su autor, uno de los artistas españoles de mayor prestigio internacional, con cuyo ingreso el Prado cumple un viejo anhelo [en imagen].

Alegoria de la Templanza

Destacan también San Francisco arrodillado en meditación de Mariana de la Cueva y la Virgen del Carmen imponiendo el escapulario a san Simón Stock de Gabriel Antonio Corvoysier. Estas dos últimas obras son las primeras que se han identificado de sus respectivos autores, lo que tiene un especial significado para la historia de la pintura española. Mariana de la Cueva fue elogiada por los principales biógrafos de artistas, pero desconocíamos su actividad pictórica. Esto mismo sucede también con otras mujeres del Siglo de Oro, lo que dota de mayor interés a esta obra, por cuanto supone un avance en el conocimiento de la labor artística de las mujeres durante este periodo, y más concretamente en la segunda mitad del siglo XVII. Por su parte, el descubrimiento del lienzo de Corvoysier permite avanzar en el estudio de la pintura madrileña de finales del siglo XVII. Destaca también Mujer en el baño (¿Diana de Poitiers?), ya que apenas se conservan obras de François Clouet o de su taller en nuestro país [en imagen].

JOVEN EN EL BAÑO

Por último, La boloñesa (La boulonnaise) de María Blanchard [en imagen] es la primera obra que ingresa de esta artista, la pintora española más importante anterior a Picasso.

JOVEN CON COFIA. MARIA BLANCHARD

El legado también ha permitido enriquecer la presencia de otros pintores ya representados en el Museo con nuevos cuadros, en su mayoría inéditos, entre ellos, el todo el portentoso Autorretrato de Pedro de Campaña, que constituye una notable aportación para las colecciones del siglo XVI.
En la pintura de historia se han incorporado diferentes obras, todas ellas de gran interés. Los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, de Antonio Gisbert, es réplica de la conservada en el Congreso de los Diputados, que ha sido considerada una de las principales pinturas del género en todo el siglo XIX. Eduardo Rosales es el artista más beneficiado por este legado: Doña Blanca de Navarra entregada al captal de Buch y la Reina doña Juana en los adarves del castillo de la Mota se encuentran entre las más destacadas del artista que aún permanecían en colección particular. La pintura de paisaje del siglo XIX se enriquece con Paisaje napolitano, que condensa muchas de las búsquedas que ocuparon a Mariano Fortuny durante su estancia estival en Portici, Nápoles.

Autorretrato, Pedro de Campaña

Autorretrato, Pedro de Campaña