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Inicio » Entrevista » Wim Delvoye, sagrado y profano

Todo empezó con los dibujos que Wim Delvoye (Wervik, Bélgica, 1965) hacía de niño, y que anticipaban lo que estaba por venir. En ellos ya se apreciaba el espíritu curioso, la tendencia a la monumentalidad y la atracción por lo extraño que ha caracterizado tanto al hombre como a su obra. El próximo 14 de junio el Museo Tinguely de Basilea inaugura una retrospectiva del artista belga, con quien conversamos en nuestro número de mayo, que repasa su carrera desde finales de los años 80 y en la que se reunirán sus obras más emblemáticas. Sus esculturas y dibujos son una hermosa excusa para reflexionar sobre el arte, la vida y el mundo, y parecen contradecir una de sus frases lapidarias: “Todo arte es inútil”. Vanessa García-Osuna

¿Cuál fue su primera experiencia memorable con el arte? Una procesión. Gente portando la escultura de una dama con un corazón sangrante. Yo era muy pequeño entonces, pero noté enseguida que las esculturas eran algo importante. La gente incluso se arrodillaba ante ellas.

Una de sus series más famosas son las Cloacas, complejas máquinas que reconstruyen artificialmente el proceso digestivo. ¿Qué le motivó a crearlas? ¿Por qué les puso un nombre en español? Eran los días de Dolly, la oveja clonada, y yo también estaba obsesionado con Darwin, con Dawkins, la genética, la biotecnología, y todo eso. En ese momento había muchos modelos nuevos de vehículos cuyos nombres llevaban la letra A, y a mi la palabra “Cloaca” me sonaba un poco como “Laguna”, un nombre perfecto para un coche. En cuanto al propósito de la obra, lo que quería era ver al ser humano de una manera puramente mecánica, bajo una visión materialista, como si fuera una criatura sin alma, como un golem, pero también una máquina.

En algunas de sus obras, las consideraciones artísticas se mezclan inevitablemente con las morales; por ejemplo, Tim, el hombre suizo que le vendió su piel tatuada. Tim es una reflexión sobre nuestro tiempo, sobre el hecho de que todo esté mercantilizado. Así que pensé que si conseguíamos vender a Tim como una obra de arte (o más específicamente como portador de una obra de arte), como material biológico vivo, se hablaría mucho de lo que el mercado le hace al arte, y sobre la época que nos ha tocado vivir. Este proyecto me ayudó a descubrir que el arte siempre es algo muerto y que cuando está vivo, ya no es arte. Me gusta asumir algunos proyectos artísticos sin preocuparme demasiado por el resultado. Hago algo y luego veo lo que sucede.

Su arte se fundamenta en reinterpretaciones subversivas e irónicas de estilos pretéritos. Por ejemplo, creó vidrieras con imágenes modernas que eran rayos X de escenas sexuales. ¿Cuál era su sentido? El que el ser humano es como una máquina sin alma. Las vidrieras de las iglesias simbolizaban la virginidad de la Virgen, porque estos cristales dejaban filtrar la luz a través pero no la ventana. En la Edad Media incluso el vidrio tenía un especial significado simbólico en nombre de Dios.

¿Cómo armoniza su fascinación por el arte gótico, con las cloacas y los cerdos tatuados? Todo es gótico en el sentido de que éste no es sólo un periodo histórico, sino también un estado de ánimo. Igual que existen novelas góticas y novelas románticas, que no se refieren necesariamente a una época específica, sino a un estilo formal concreto. Uno podría tener un momento romántico, lo que no supone obligatoriamente tener que vivir en el siglo XIX. Las novelas de Edgar Allan Poe son góticas, por ejemplo.

Siendo uno de los artistas contemporáneos más cotizados. ¿Cómo ve la indiferencia que parece existir hacia el arte antiguo? ¿Es coleccionista? Colecciono todo tipo de cosas, desde arqueología a obras contemporáneas. El desdén por el arte antiguo es un fenómeno del mundo occidental. Hay mucho dinero en Occidente, pero el nivel de educación ha descendido clamorosamente. Para el arte antiguo se requiere erudición y eso ya no se estila. Vivimos una época en la que ser rico parece estar mucho más de moda que ser culto o experto en algo. Como coleccionista, hoy en día se pueden conseguir auténticas gangas. Pero no espere sacarles un beneficio pues las generaciones futuras podrían ser incluso peores que la nuestra.

Su obra es una combinación de imaginación desatada, artesanía e ingeniería. Háblenos de su colaboración con artesanos e ingenieros de China, Indonesia e Irán. Bueno, mi obra no es una especie de evolución lineal en un vacío sino que tiene mucho que ver con las relaciones humanas. Y estas personas viven en un lugar concreto. Me encanta mezclarme en los sitios a los que voy y lo hago siempre sin prejuicios. La “imaginación ilimitada” es también una duda ilimitada. Ser creativo consiste en cambiar de opinión acerca de lo que es el arte.

La arquitectura tiene una importancia capital en su obra. ¿Diferencia entre arte y arquitectura? Sí. Son diferentes. Si se trata de arquitectura, necesito de algunos compromisos adicionales para llevarla a cabo. La arquitectura reclama el consenso de una comunidad, y como artista al hacer objetos autónomos, uno puede eludir mejor estos compromisos.

El Louvre le invitó a intervenir varios espacios dentro del museo y en los alrededores. ¿Qué significó para usted exponer allí? Es algo que todavía resulta útil en sitios como Filipinas, Irán o China, porque allí se siente mucho más respeto por el Louvre que en los países europeos. Aquella exposición sigue siendo la referencia cuando me presentan en alguna parte. El Louvre es un poco como una marca y yo soy consciente de que también lo soy, aunque no tan sólida como la del Louvre.

RETRATO WIM DELVOYE