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Inicio » Entrevista » Cristina Iglesias: Más allá de los límites

Dentro del programa expositivo que desarrolla el Museo de las Artes de Grenoble, tiene lugar la muestra de Cristina Iglesias, un acontecimiento sin duda relevante que sitúa una vez más a la artista donostiarra en la brecha de la gran escultura contemporánea. Considerada por la crítica y el coleccionismo especializado la escultora española de nuestro tiempo con mayor eco en el panorama internacional, Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) es portadora de un lenguaje formal único, fraguado a lo largo de más de tres décadas de dedicación plena al arte. Su obra, abierta a los nuevos conceptos de escultura surgidos en los años sesenta y setenta con el land art y el minimal art, se inscribe en la tendencia rompedora de moldes académicos, que sacó definitivamente al objeto escultórico de su pedestal para conquistar el espacio arquitectónico o paisajístico con sus volúmenes y estructuras de amplio desarrollo tridimensional. Partiendo de la experimentación material con elementos naturales e industriales, los ejes constructivos de Iglesias nacen de la idea de escultura como lugar para habitar, un microcosmos urdido mediante lo esencial en donde la luz, el movimiento, el sonido, la textura, son imprescindibles para entender el alcance poético y humanístico de cada obra en particular y en su conjunto. Bajo el título Fuera de los Límites, la muestra de la escultora española abarca trabajos de indudable peso conceptual. La presencia del cubo que ordena contenidos, la idea del pozo como tránsito angustiante o liberador, las paredes de masa vegetal que construyen laberintos misteriosos para ser transitados lentamente, confluyen en una rica dialéctica de contrarios: dentro/fuera, masa/vacío, fondo/superficie, luz/oscuridad, constantes en el fascinante universo creativo de Cristina Iglesias. [Cristina Iglesias. Foto: Alfredo Cáliz. Cortesía de la artista y Galería Elba Benítez]. Amalia García Rubí

Una de sus exposiciones en Francia tuvo lugar en la emblemática ciudad de Nîmes, en 2000. Este año 2016 celebra una nueva exhibición, esta vez en el Museo de Arte de Grenoble, durante los meses de primavera, ¿qué proyectos presenta para esta muestra? Desde aquella muestra en Nîmes
he hecho algunas exposiciones más en Francia. En el Museo de Grenoble presentaremos obras de los últimos quince años. Se trata de una retrospectiva que pretende construir una experiencia activa entre obra y espectador, haciendo que éste transite desde las salas donde habrá dibujos a otra ocupada enteramente por una gran pieza de esparto suspendida del techo. Hay una obra traída del Pompidou de París, y otra más que configura un enorme laberinto. Espero poder crear un pulso único, con piezas venidas de distintos museos y colecciones públicas y privadas. El Museo de Grenoble posee fondos permanentes muy interesantes que engloban arte clásico, moderno y contemporáneo. En general, su programa de exposiciones temporales me interesa mucho.

Retrotraigámonos a los años 80. Sus comienzos y primeras exposiciones fuera de España con éxitos muy tempranos: individual en Juana de Aizpuru, Bienal de Venecia, etc. ¿Cómo vivió aquel tiempo de renovación e irrupción del entonces llamado “arte actual”? Fueron años muy activos y de una novedosa atención al arte contemporáneo. Los vivimos con pasión e ilusión. Se empezaban a hacer exposiciones de arte español en algunos museos públicos. El Reina Sofía abrió sus puertas con una programación ambiciosa volcada en lo nuevo, que fue a su vez un reclamo para profesionales del arte y artistas de otros países. También ARCO, la primera feria internacional de arte contemporáneo en España, cumplió un papel fundamental en esa difusión, atrayendo una notable atención internacional.

¿Cree que los escultores nacidos en los 40, como Susana Solano, Miquel Navarro, o Eva Lootz, abrieron puertas para los artistas españoles inmediatamente posteriores? En la configuración del panorama creativo de un país, todos los artistas ponen su granito de arena individualmente. En España, durante las dos últimas décadas del siglo XX, se vivió un momento en el que el gobierno apoyó de manera decisiva los eventos culturales, talleres, lugares de encuentro, museos, salas de exposiciones, concursos de arte actual, dando a conocer a artistas que ya hacían cosas diferentes pero que hasta entonces eran desconocidos para el gran público.

De su formación londinense en el Chelsea School se ha hablado mucho por el contacto directo con la nueva escultura y el land art anglosajón de los 60-70, Serra, Caro, Cragg, Nash… ¿Cómo le influyeron estos artistas? Bueno, yo diría que fue determinante para mí salir fuera de España y ver exposiciones, tomar contacto directo con el trabajo de artistas que yo no conocía salvo en libros y catálogos. Más que la escuela en la que me formé, para mí fue crucial disponer de un estudio propio en Londres donde iniciar mi carrera como artista. En los primeros años me relacioné con artistas ingleses y también alemanes, cuando fui a Düsseldorf, la cuna de figuras entonces muy en boga como Joseph Beuys, y también me brindó la posibilidad de trabajar con diferentes materiales.

Las escultoarquitecturas, un término acuñado, creo, por Anthony Caro ¿podría aplicarse a la máxima de “trabajar en y con el espacio” de Cristina Iglesias? Yo creo que es un término obsoleto. No sé si tuvo sentido alguna vez…A mí, sencillamente, me interesa trabajar en y con el espacio, transformarlo en otra cosa diferente a lo acostumbrado y crear, a partir de determinadas coordenadas, algo distinto, un lugar para ser vivido de otra manera por todo aquel que quiera indagarlo, habitarlo y recorrerlo física y mentalmente.

En los últimos años se ha centrado en los grandes proyectos públicos y privados. Para una artista que entiende la escultura como una “construcción poética” ¿qué supone poder abordar estas dimensiones casi ilimitadas? En realidad, esas dimensiones nunca son ilimitadas y siempre hay condiciones diferentes que las acompañan. Persigo que la obra de arte sea autónoma (funcione por sí misma) y a la vez esté integrada en un determinado contexto (paisaje abierto, urbano o natural, interior de un edificio…). Este es el verdadero reto de mi trabajo. En el ámbito público (plazas, parques…) creo lugares donde la gente pueda encontrarse, se relacione y al mismo tiempo interactúe con la pieza.

¿Qué momentos de su carrera constituyen puntos de inflexión, hitos determinantes en la evolución de su trayectoria posterior? Hay muchos momentos que han dado un vuelco a mi trayectoria, casi siempre para bien. Existe un deseo de llegar más allá, de situarse en el límite de las posibilidades técnicas y estéticas que da sentido real a mi carrera y convierte lo que hago en algo dinámico, siempre susceptible de ser mejorado. Poder hacer una escultura en el fondo del mar como la que realicé en 2010 en el Mar de Cortés, fue algo muy especial. También intervenir en la naturaleza salvaje de la selva de Brasil, ese mismo año, con otro gran proyecto, fue realmente mágico. De una manera distinta, las esculturas realizadas en distintos espacios urbanos, en ciudades con historia como la Leopold Wael Plazt de Amberes o en un museo excepcional como el Prado, con la obra Entrada-Umbral que da acceso al Edificio Moneo, es sin duda una experiencia única e irrepetible.

Hábleme de la gran escultura Estancias, sumergida frente a la Costa de Baja California… Me interesa el universo que habitamos. La naturaleza es poderosa y persiste en la memoria, es capaz de transformar constantemente lo creado por el hombre hasta convertirlo en algo diferente, enriquecido por el ciclo vital de los elementos. En este complejo proyecto compuesto por grandes paredes de celosías tuvimos que actuar con mucha cautela y respetando al máximo el medioambiente a través del empleo de materiales inocuos para la fauna y flora marina. Se trata de una zona protegida, en el archipiélago mexicano de Santo Espíritu, un lugar con un
alto valor ecológico por albergar un arrecife de coral. La idea simbólica de esta gran pieza era crear un nuevo hábitat para seres vivos que están modificando con su presencia la morfología inicial de lo construido por el ser humano, de tal forma que el mensaje fuera esa posible conciliación entre civilización y naturaleza, dando al arte y a la escultura en particular un sentido positivo, no destructivo.

El empleo tan singular que hace de la materia vegetal y mineral, ramas, arena, agua (alma mater de casi todos sus trabajos de la última etapa), es algo que la identifica rápidamente ¿Qué busca/encuentra en los elementos naturales? Sí, el agua está muy presente en mi escultura. Me interesa el agua de los ríos que fluye, pero también la de los pozos y remansos que se estanca y almacena. El agua está, por ejemplo, en el proyecto Tres Aguas, de Toledo, realizado hace dos años, donde adquiere un sentido simbólico e histórico. El agua fluye, añade un elemento tiempo como lo hace la luz, pero no sólo porque atraviesa o modela las formas de la escultura, sino porque funciona como secuencia construida, pensada previamente. Además tiene que ver con las formas por donde discurre, haciendo que corra de una determinada manera. El agua es un elemento más de mi escultura.

¿Hay siempre una lectura simbólica en su escultura o a veces es sólo cuestión de despertar los sentidos? Creo que ambas cosas están presentes. El aspecto sensitivo visual, sonoro, táctil… de mis piezas no está reñido con otros que pueden ser significativos y que quizá hagan más alusión a planteamientos conceptuales que tienen que ver con indagaciones intelectuales y parten de una búsqueda inicial quizá de mayor profundidad de hechos, sentimientos, realidades que me conmueven. A través del arte puedo llegar a comprenderlos, a clarificarlos, de algún modo.

Es usted lectora de autores complejos: Raymond Russell, Maurice Blanchot, Georges Bataille, ¿es importante el pensamiento filosófico para hacer arte? Todo pensamiento profundo nos acerca al arte. Para mí los libros son inseparables de mi esencia como persona y en consecuencia, como artista. Siempre me han acompañado.

La escultura es la hermana mayor del arte contemporáneo ¿Quizá por eso no hay demasiados buenos escultores y sí muchos artistas que practican el parachutaje? Hay arte bueno y malo, sin más.

¿El ready made es escultura? Lo ha sido y puede serlo, al margen del tiempo histórico. Lo fue con Duchamp y lo puede seguir siendo con otros artistas posteriores a él.

A lo largo de su producción encontramos varios videos que en algún sentido se podrían considerar performance, como Guide Tour, de 1999/2000, ¿se considera una artista multimedia o no le importan las etiquetas? Los “Guided Tours” son simplemente documentales que yo hago con colaboradores sobre mi propia obra y mi mirada al mundo. No tienen otra finalidad más que ser un medio (muy directo) para dar a conocer los distintos procesos a los que me enfrento en cada creación, es un modo de acercamiento que ofrece amplias posibilidades de aproximación a mi personal manera de observar.

¿Dibuja a menudo? ¿Existe la Cristina Iglesias del trabajo intimista, del capricho de taller, como existió el Chillida de los papeles, las gravitaciones, etc…? No, del capricho trato de huir. Pero sí existe el trabajo de estudio, donde se desarrolla el dibujo, las maquetas y la fotografía.

Yo siempre he hecho paredes”, he leído que dijo en una ocasión. ¿Qué hay detrás o dentro de esas paredes? La construcción necesita de verticales en el espacio, con el tiempo las paredes construyen lugares donde estar, donde encontrarse. Sobre todo si se trata de un lugar público. Aunque, la verdad, también he construido muchas obras en el subsuelo, donde priman las horizontales.

¿Tiene siempre en cuenta al espectador/paseador de sus obras cuando emprende una nueva creación? ¿Hay algo que usted sienta que es imprescindible transmitir en esa conexión entre artista y público? Es obvio que mi obra necesita del espectador. Siempre lo he tenido en cuenta. Lo que es imprescindible es la atención y cuando se consigue esa conexión, todo cobra sentido. El pensamiento filosófico y poético ayuda a explorar caminos, yo buceo en lecturas bastante desordenadamente.

CRISTINA IGLESIAS