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Inicio » Entrevista » Abraham Lacalle: Pintor de batallas

Formado en Sevilla, Abraham Lacalle (Almería, 1962) es heredero de la tradición pictórica española de los años 80; tras los vivos y amables colores de su pintura, asoma la crítica social, las dificultades del ser humano y la soledad. La Galería Marlborough de Madrid expone Tiempo de guerra, su obra reciente en la que pueden verse tres lienzos de grandes dimensiones, el mayor de ellos Un iconoclasta anda suelto (300 x 800 cm), que han formado parte de la exposición recientemente celebrada en el CAC de Málaga.

¿Cuál es su primera experiencia memorable con el arte?
Mis primeros contactos se produjeron curioseando en enciclopedias de arte. Libros que estaban en las estanterías, supongo que simplemente para rellenar o decorar. Un libro en una estantería es siempre una posibilidad. Posteriormente viajé a Barcelona, tendría diez años, mi padre me llevó al Museo Picasso y me compró el catálogo, que se convirtió en mi enciclopedia para pintar. Yo vivía en Almería y rara vez podía ver pintura en directo, por lo que mi formación primera está centrada en las reproducciones de los libros.

Ahora está escribiendo el texto para el catálogo de su exposición, ¿cuáles son los puntos fuertes de su reflexión?
Estoy escribiendo sobre cada cuadro. Una especie de guía cuadro a cuadro. Esto no se hace habitualmente y me parece interesante. Siempre me impresionaron los prefacios a modo de explicación que hacía J. Conrad en cada libro. Malcom Lowry, después de que su editor rechazara el manuscrito de Bajo el volcán, le escribió una extensa carta justificando su novela capítulo a capítulo. Son documentos fascinantes que nos ayudan a entender, no la obra, sino la forma de trabajar del autor.

En el Tríptico de Málaga usted hace referencia a unas ‘batallas’, ¿podría hablar de ellas?
En Málaga lo planteé como un tríptico que debería ir desde lo personal hasta lo más universal pasando por el contexto más cercano. Esos tres cuadros vienen ahora a Marlborough, acompañados de una serie de lienzos que reflexionan sobre el mismo tema. Se trata de una relación muy simple. Creo que asociar la realidad que estamos viviendo a un campo de batalla puede ser hasta un lugar común. Esto, desde luego, no quiere decir que “la guerra” haya terminado. Lo cierto es que desde el ámbito más cercano hasta lo que conocemos por los medios de comunicación y nos afecta pero no nos toca, se asemeja mucho a un lugar devastado. Un desierto, un bosque arrasado y la jungla por destruir forman la trama que soporta el relato. Ayer mismo conocimos la noticia de la muerte de, al menos, setecientas personas en el Mediterráneo. ¿Alguien puede decir que estos acontecimientos no pertenecen a una situación de guerra?

 ¿Tiene algo de apocalíptico el mensaje de estas batallas?, ¿dónde ve usted la esperanza?
Sólo me refiero a la actualidad. Soy incapaz de hacer un pronóstico pero sí intuyo un futuro incierto, algo apocalíptico. Quizás con la “conciencia” se pueda conseguir un poco más de equilibrio, pero se trata de un asunto complejísimo.

 Usted hace referencia a la dificultad del ser humano de luchar honestamente por sus ideales. ¿Cuáles cree que son –o que deberían ser– esos ideales?
Aquí se establece una paradoja. El individuo, el que maneja “los ideales”, es el centro del problema. De él viene el peligro. Por ejemplo, un gobierno tiene que velar por ganarse a las masas –hasta en el campo de fútbol– y liquidar al individuo o, en lo posible, hacer caso omiso de él. No tiene otra posibilidad. Es bien conocida la metástasis del “yo” occidental.

 ¿Cómo ve la situación social en la actualidad?
Nuestra actualidad, en Europa, está dominada por el Bundesbank, esto significa que estamos en una economía regida por el capital especulativo. Esa es la realidad económica (que creo es la que se impone), haciendo del nuestro un mundo uniforme donde se está agotando la diferencia, un mundo movido por criterios no ya económicos sino financieros (me refiero al capital especulativo, no al que producen los medios de trabajo); donde se va a procesos ciegos como la mundialización, en los que cooperan todas las organizaciones como el FMI, sostenidas por las nuevas tecnologías e industrias de la comunicación. Estamos en un balneario en decadencia rodeado por un mundo en plena batalla. Es un tema de difícil solución porque tiende a reforzar todos los elementos propios de la confrontación. Hablo de las fronteras y del miedo.

¿Hasta qué punto le parece eficaz la crítica social a través de la pintura?
La pintura es una profesión y, aunque parezca que llevando un contenido social lucha por obtener un lugar dentro del “compromiso”, en realidad hace lo mismo que cualquier otra profesión. Pensar en la eficacia no creo que sirva de mucho. Hay que pensar en hacer el trabajo lo mejor posible. En realidad es tan sencillo como ocuparse de una forma de “ganarse la vida”.

 ¿Cómo ve la situación social del artista en la actualidad?
El artista occidental tiene una buena situación en la actualidad. Hay plataformas muy amplias para desarrollar su trabajo. Tanto en el mundo privado como en el institucional. También hay un amplio mercado con multitud de posibilidades que incluyen todas las disciplinas, desde el videoarte hasta la pintura, incluyendo formas que niegan en esencia cualquier relación con el mercado y las instituciones.

 ¿Hay elementos autobiográficos en su obra?
También he utilizado elementos autobiográficos, por la situación que estamos viviendo ahora mismo. De alguna manera en nuestro país hemos alcanzado una situación que recuerda a los años setenta. Política, social y culturalmente están sin resolver problemas enquistados en una transición fallida. Da la sensación que tendremos que volver a vivir nuestra propia modernidad y esto es reconstruir un lugar destruido, en ruinas.

M.Perera

Del 7 de mayo al 20 de junio
Galería Marlborough
Orfila, 5. Madrid
Precios: de 5.000 a 100.000 euros

Abraham Lacalle