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Inicio » Entrevista » Jacobo Siruela: “He rendido tributo a la memoria de mi sangre”

Jacobo Fitz James Stuart, conde de Siruela (Madrid, 1954), es escritor, diseñador gráfico y afamado editor. El tercer hijo de la duquesa de Alba ha rendido un homenaje a su linaje mediante un enjundioso libro de investigación (El Palacio de Liria. Ediciones Atalanta), que viene a llenar un incomprensible vacío. En él reivindica la valiosa labor como mecenas de las artes que llevaron a cabo sus antepasados y que fue condensada en las colecciones que alberga el madrileño palacio familiar. Liria es “un pozo inagotable de historia y cultura” en palabras del editor.

Jacobo Siruela
El editor Jacobo Siruela © Inka Martí

El Palacio de Liria es, después del Palacio Real, el edificio particular de Madrid más importante del siglo XVIII. Sus gruesos muros de granito custodian desde hace siglos una notable colección de cuadros de las escuelas italiana, flamenca y española –Fra Angelico, Bellini, Palma el Viejo, Tiziano, Perugino, Rembrandt, Rubens, Teniers, Murillo, Velázquez, Ribera, El Greco…- sin olvidar los valiosos fondos documentales y libros, como es el caso de los diarios de a bordo de Cristóbal Colón, una Biblia miniada del siglo XV o el testamento autógrafo de Felipe II.

Tanto el palacio como sus valiosos cuadros y objetos de arte reflejan el esfuerzo continuado de los Alba por enriquecer, desarrollar y conservar su patrimonio artístico durante más de quinientos años.

¿Recuerda su primera experiencia memorable con el arte?
Fue a los diez años, cuando mis padres me llevaron a París y ahí pude contemplar por primera vez cuadros de Monet y Van Gogh, entonces en el Jeu de Paume, y de Picasso en el Museo de Arte Contemporáneo. Esos cuadros me sobrecogieron. Como también Goya en el Museo del Prado.

¿Cómo era para un niño, y adolescente, crecer rodeado de valiosas obras de arte?
Para un niño un enorme corredor de salones silenciosos, no habitados por nadie, con retratos de señores muy serios y armaduras resulta más bien inquietante y misterioso. Más tarde, uno aprende y aprecia estas obras de arte. Pero tengo que decir que hasta el momento en que he recopilado todo el material del libro sobre Liria y redactado mi texto sobre la historia de la familia, y ordenado los textos y hecho la maqueta del libro, no he tomado completa conciencia de la enorme carga de historia y arte que gravita en esa casa. No es una colección normal, casi todos los objetos artísticos han sido plenamente vividos históricamente por alguno de mis antepasados.

¿Qué obras o artistas tenían un significado especial para usted o le inspiraban de forma singular?
De niño no me interesaba nada todo ello. Yo era un chico moderno al que le gustaban los Beatles y bailaba el twist. Fue a partir de los 15 años que me empezó a interesar lo que albergaba la casa. Pero todo ello no cobra total sentido hasta que no has estudiado bien la historia del arte y de la familia. Es entonces cuando eres consciente de toda su complejidad, de cómo el tiempo ha ido dejando su poso siglo a siglo, y eso es lo maravilloso, ser consciente de ello.

¿Cuáles eran sus rincones favoritos en el Palacio de Liria?
El salón italiano, con todos los cuadros que compró con tanta pasión el duque Carlos Miguel en Italia, tanta que arruinó honrosamente a mi familia. El salón dedicado al tercer duque de Alba, con su espada, sus soberbios retratos y los tapices de sus batallas. El salón con las esculturas griegas, presidido por un enigmático Dioniso arcaico sonriente. El salón con el retrato de Cayetana, pintado por Goya, el vaso y la extraña cruz de cera con espirales, que se encontró en su ataúd, y con la carta de Rousseau escrita a su abuelo. Cada salón tiene su cosa.

De la colección artística que alberga el Palacio de Liria, ¿cuál es su pieza favorita?
Es difícil escoger una sola, pero uno de mis favoritos es el Retrato del personaje desconocido de Palma el Viejo. El paisaje de Rembrandt y los dos Goyas claro.

Del arte de nuestro tiempo ¿Qué artistas le hubiera gustado incorporar a la Colección del Palacio de Liria?
Faltaría una escultura de Brancusi, un cuadro de Max Ernst de los años treinta, un Rothko de los años sesenta, un Picasso de los buenos, porque Picasso tiene mucha obra irrelevante; un Francis Bacon, que visitó con gran gozo el palacio… Pero ahora que pienso, no me imagino estos cuadros en Liria. Los salones tienen un marcado cariz historicista. Hay pintura italiana, española, holandesa, salones estilo Segundo Imperio, salones del XVIII, y todos existen gracias al esfuerzo o experiencia vital o a una idea concreta de algún antepasado o bien por herencias.

De su círculo de amistades del mundo cultural ¿quiénes le causaron mayor impacto?
Borges, mi maestro en literatura, a quien invité a participar a un curso de literatura fantástica en Sevilla en el año, creo, 1984; Ítalo Calvino con quien mantuve una corta amistad, prematuramente truncada con su muerte repentina; Octavio Paz, uno de los hombres más lúcidos y universales de nuestra época; Cioran, el fatalista con el que me pasaba la tarde riendo; el poeta místico Edmond Jabès, a quien publiqué, que murió mientras tenía en sus manos el Libro del Tránsito; María Zambrano, que siempre me cogía de la mano, la pintora Leonora Carrington, que una vez me dijo que ya sólo le interesaban dos temas, la vejez y la muerte, y cuando le pregunté qué era la vejez me contestó sin ningún tipo de patetismo: “la vejez es como entrar despacio y de espaldas en una caverna mientras el paisaje que ven tus ojos va oscureciéndose lentamente”… Tremendo, ¿no? En fin, he conocido muchas personas fascinantes.

De las personalidades que frecuentaron sus antepasados, ¿a quiénes le hubiera gustado conocer?
Me hubiera gustado conocer a Goya, por supuesto, un artista que adoro. También a Tiziano, que tuvo bastante trato con el tercer duque de Alba; a Chesterton, al que conoció mi abuelo. Y, cómo no, tendría gran curiosidad por conocer al rey Fernando el Católico, muy próximo al segundo duque de Alba, que fue modelo de príncipe para Maquiavelo. Y también a Rousseau.

¿Es usted coleccionista? ¿Cuáles son sus intereses como amante del arte?
No soy coleccionista, me gusta vivir rodeado de objetos bellos, pero no colecciono nada en especial. Mi pasión es el jardín. Cultivo la jardinería, que es un arte modesto, efímero, pues dura lo que dura su dueño; un arte generoso, en el que sólo se da y al que se ha de cuidar con esmero, y que te hace comprender la maravilla que es la naturaleza y también el sentido del tiempo: cómo todo depende del tiempo y es obra del tiempo.

Raquel García-Osuna