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Inicio » Entrevista » Rafael Canogar: “La pintura debe recuperar su dimensión poética y metafórica”

Canogar

Rafael Canogar (Toledo, 1935), fundador del grupo El Paso en 1957, acaba de presentar su obra reciente en la Galería Álvaro Alcázar de Madrid. Como pintor de la generación de los 50, cree en la pintura y le gusta expresarse con ella, empezó con el informalismo y su obra fue evolucionando con el tiempo, primero hacia el realismo y luego hacia la abstracción.
Artista comprometido desde sus inicios, su obra se ha basado en una constante reflexión sobre el ser humano: los sentimientos, el amor, el dolor, la tragedia, la trascendencia, la elevación… tanto en su contexto cotidiano como en el marco espiritual. Y frente a la percepción fragmentada del ser humano y del mundo, Canogar busca la recomposición, algo tan natural en el hombre, que se convierte en fuerza, destino y esperanza; Canogar busca de nuevo la reestructuración, la síntesis, la esencia. “Mi obra ha querido dejar testimonio de esas fuerzas, esas constantes de demoler lo construido para volver a construir sobre las ruinas de lo anterior”.

¿Qué ha sido lo más importante de El Paso para usted?, ¿y qué cree que ha sido lo más importante en el contexto del arte español?
Es difícil resumirlo en unas pocas palabras. El Paso aportó su conexión con las nuevas estéticas del mundo moderno, una visión vanguardista y puntual con su entorno cultural, del que fuimos apartados por la guerra civil española.
Las obras de los artistas de nuestro grupo, junto a la de otros que, sin formar parte de El Paso, como Tàpies y Chillida, fueron referencia para los jóvenes artistas españoles. En diversas ocasiones he mencionado que la falta de información y distanciamiento con los centros culturales nos obligó y permitió desarrollar lenguajes muy personales y auténticos. Nuestros grandes artistas: Velázquez, Goya, Zurbarán, etc., fueron espejo donde mirarnos y medirnos, y los tuvimos siempre muy cerca, el hilo conductor que entroncaba nuestro nuevo lenguaje con nuestra cultura de siempre. Para mí fue un privilegio trabajar junto a grandes artistas, un reto significativo y una referencia para mi trabajo.

¿Qué resonancia política tuvieron ustedes en el franquismo?
Nosotros no significamos nada para el franquismo, por lo menos no en los primeros momentos. Éramos un grupo insignificante e incluso podía ser utilizado como declaración de la libertad que se disfrutaba. Pero el franquismo tenía muchas fisuras y personas liberales y demócratas –dentro del régimen-, utilizaron esas fisuras para abrir brechas de libertad.

¿Cómo se hicieron amigos los artistas del grupo y cómo se les ocurrió agruparse?, ¿qué les separó?
La amistad vino por el interés común en la nueva estética, también coincidíamos en la necesidad de crear una sociedad nueva, libre y democrática, donde nuestra pintura ocupara el puesto y el respeto merecido. Coincidimos en determinado momento en Madrid y, discutiendo sobre estos temas, llegamos a la conclusión de que solo agrupados llegaríamos a resolver algunos de los problemas más inmediatos, que la acción colectiva del grupo sería más eficaz y nuestra labor de divulgación y defensa de las nuevas estéticas sería más pujante, y así nació El Paso. Pero antes del nacimiento de nuestro grupo, concretamente en el año 55, se abrió una nueva galería de arte en Madrid: la Galería Fernando Fe, en la madrileña Puerta del Sol, que defendía al arte abstracto y fue la línea de la Galería. Manuel Conde fue nombrado Director artístico de la galería y entre los artistas de la misma estábamos Feito y yo. Creo que la labor de esta Galería fue importante y, cuando Millares y Saura llegaron a Madrid contactaron con nosotros.
Fue un importante antecedente que sin duda ayudó al nacimiento a posteriori de El Paso. Nos separó el rapidísimo cambio en las circunstancias del arte español. También la eterna dificultad de trabajar juntos por mucho tiempo.
Los artistas somos por naturaleza muy independientes, podemos unir nuestro trabajo por temas urgentes y lo fue entonces. Las nuevas circunstancias nos demandaban cambios: abrir el grupo a otros artistas, o cerrar este como testimonio histórico.

¿Recuerda alguna anécdota que pueda contarnos?
Puedo contar, como anécdota, cómo nació el logotipo de El Paso, al mismo tiempo que ilustra el temperamento acaparador y manipulador de Saura. Habíamos quedado citados en el estudio de Antonio Saura (el más idóneo de todos los nuestros en aquellos momentos) para decidir el logotipo. Al llegar, cuál no sería nuestra sorpresa al ver que había rellenado cuatro o cinco grandes papeles con infinidad de signos. Ante ese trabajo realizado aceptamos decidir sobre uno de ellos, y como acuerdo, que era de todos.

¿Cómo era la relación con el entonces mítico París?, ¿cómo les veían allí?
La pintura informalista española tuvo mucho éxito en Paris, como en muchos otros países. El Museo de Artes Decorativas organizó una gran exposición en el año 59. Pero si la pregunta es concretamente por el grupo El Paso les diré que solo se hizo una exposición fuera de España: en la Galleria L´Attico de Roma, mi galería, y se hizo porque yo lo organicé. Con motivo de esta exposición se preparó una carpeta, la única que existe, de obra gráfica de nuestro grupo, al mismo tiempo que se publicó, acompañando a esta carpeta, el manifiesto de la terminación de nuestras actividades como tal grupo. No debe de extrañar la falta de más exposiciones fuera de España. Nuestro grupo no fue de defensa de una determinada estética sino de una acción por un cambio radical de las circunstancias de nuestro país; no tenía mucho sentido llevar nuestras actividades a otros lugares.

Se ha criticado mucho a Saura por su voluntad de liderazgo en el grupo, ¿qué opina usted?
Saura fue un gran aglutinador y animador del grupo, pero al mismo tiempo creaba cierto rechazo por su espíritu manipulador, que era hasta cómico en algunos momentos. Recuerdo que, para la portada del número especial de Son Armadans dedicado a El Paso, se decidió echarlo a suertes con unos papeles dentro de un recipiente.
Pues bien, le tocó a Saura. Nos reíamos a posteriori en ausencia de Saura, todos pensábamos que de alguna manera tenía que haber hecho trampa. Siempre quiso, después de terminar el grupo, atribuirse el liderazgo, pero no fue así, y nos cansábamos de desmentirle, también en prensa, cuando hacía gala de su pretendida dirección.

En su obra siempre ha habido fragmentaciones y recomposición de fragmentos, ¿qué relación tiene con el hombre?
Tiene total relación, es la historia misma del hombre: ‘construcción- deconstrucción’. Mi obra ha querido dejar testimonio de esas fuerzas, esas constantes de demoler lo construido para volver a construir sobre las ruinas de lo anterior.

¿Cómo materializa en su obra actual la memoria, los viajes y la experiencia?
En ocasiones he hablado de la influencia del entorno, del tiempo y de la memoria sobre mi obra. Efectivamente, han sido importantes en mi pintura, incluso en estos momentos de síntesis, como lo ha definido Antonio García Berrio en un artículo reciente sobre mi última exposición. Pero también existe otro elemento a tener en cuenta: mi propio trabajo como diálogo y argumento de análisis. Mis viajes y mis experiencias se acumulan inexorablemente en una especie de almacén o archivo, de donde me alimento en el momento y el lugar oportuno.

¿Por qué cree -como ha manifestado usted- que la cultura es lo que puede salvar al mundo?
La cultura nos permite respetar y entender lo que es diferente a nosotros, paso fundamental de la convivencia en un mundo globalizado, que es ya nuestra realidad. La cultura también nos ayudará a escapar de la cruda realidad de lo cotidiano y prosaico, nos permitirá gozar con la sensibilidad, la nuestra y la de los demás y percibir la armonía y belleza de las cosas.

Usted siempre ha sido reivindicativo, ¿sigue siéndolo?, ¿cree que la sociedad actual es más conformista?, ¿qué es lo que hoy debería ser reivindicado?, ¿era más fácil ser reivindicativo en los años 50 y 60?.
Hoy, para mí, el compromiso del artista no puede ser como en años anteriores. No nos sirve pedir libertad y democracia. Se supone que tenemos ese nivel en nuestro estado de derecho. Pero sí demandar el desarrollo y el perfeccionamiento de la democracia, amén de la convivencia de los diversos pueblos.
Creo que el artista debe de comprometerse socialmente, mantener una distancia crítica que te permita ver y denunciar los atropellos del poder. Y como artista también existe otro elemento para mí fundamental: ser libre artísticamente al mismo tiempo que responsable. No traicionar los principios de esa sagrada libertad artística que defendemos para caer en los brazos de un manipulador mercado cultural de consumo, que te obliga a rebajar el listón de exigencia creativa.

¿Cómo se alejó del informalismo?
Yo experimenté la crisis del informalismo a principio de los 60, al mismo tiempo que ocurrió en otros países culturalmente avanzados. Pero el informalismo marcó mi vida artística y siempre ha estado ahí presente de una forma o de otra. La crisis del informalismo fue consecuencia de la dinámica del propio lenguaje creativo. Cada artista intentaba ir cada vez más lejos, aportar algún elemento nuevo, ser más radical. Esa libertad que se pensaba total terminó en un camino sin salida y, las nuevas posturas artísticas, como me ocurrió a mí, querían dar nuevas soluciones a las nuevas realidades sociales, una respuesta nueva donde la ética era también parte de la solución.

¿Qué fue para usted la abstracción?
La palabra ‘abstracción’ es, sin duda, ambigua. Un cuadro ‘abstracto’ puede ser más realista que un cuadro figurativo, no es una reproducción de la apariencia visual de las cosas, pero puede profundizar más en la realidad en la naturaleza de las cosas.

¿Qué le han aportado las nuevas técnicas con las que trabaja hoy?
Yo no he utilizado muchas nuevas técnicas, y si las he utilizado ha sido por necesidades expresivas, como lo fue sacar mis personajes del plano pictórico. Necesité de un nuevo material, entonces nuevo, como fue el poliéster y la fibra de vidrio para que mis figuras apareciesen físicamente ante nosotros.
También tuve necesidad de utilizar un material, la pasta de papel, que me permitiese trocearlo, y después recomponerlo como una nueva realidad, para dejar traza de mis fragmentaciones.
Pero en estos momentos, en mis últimas obras, he vuelto al plano pictórico y sus materiales. Creo que ha llegado el momento de rescatar el espacio de la pintura, recuperar su dimensión poética y metafórica, su capacidad de ilusionarnos, de enamorarnos y vibrar con su lenguaje como alternativa de vanguardia. Recuperar lo trascendente, lo sublime, lo profético; reinventar la pintura quizás. He necesitado, con este fin, desnudar y reducir los elementos en juego; sin guiños ni concesiones fáciles a un posible espectador.

Marga Perera