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Inicio » Archivo » John Eskenazi: “El arte oriental es profundamente espiritual”

John Eskenazi es uno de los más afamados especialistas de arte asiático del mundo. Miembro de una mítica dinastía de anticuarios, tras estudiar Historia del Arte, se unió al negocio familiar en 1977 en Milán, inaugurando en 1994 su propia galería en el exclusivo barrio londinense de Mayfair. Una década más tarde decidió cerrarla al público, y desde entonces, él y su mujer Fausta, trabajan exclusivamente mediante cita previa con sus clientes. Fundador del diario The Art Newspaper, Eskenazi es un profundo conocedor del arte indio y del Sudeste Asiático lo que le ha granjeado una reputación internacional y una distinguida clientela que incluye museos como el Metropolitan de Nueva York y el Victoria & Albert de Londres. Su galería participa con regularidad en las principales ferias como TEFAF Maastricht y The International Asian Art Fair en Nueva York.

El apellido Eskenazi ha estado asociado al arte oriental desde 1925. Su padre, Victor Eskenazi fue uno de los marchantes más célebres, parece que usted estaba predestinado a seguir la senda familiar…
¡Definitivamente sí! Aunque tuve una breve, aunque muy exitosa, carrera como escenógrafo, la fascinación por Oriente inducida por mis viajes, me cautivó totalmente y acabé por integrarme en el negocio familiar.

¿Recuerda cuál fue su primera experiencia relacionada con el arte?
Se remonta a cuando tenía dieciocho años y se cruzó en mi vida un extraordinario torso en bronce de la cultura jemer propiedad de un coleccionista europeo. Esta escultura ejerció una influencia decisiva en mi carrera; cuando pude comprarla, quince años más tarde, fue una de las obras que expuse en la inauguración de mi galería en Londres en 1994. Ahora está en el Museo de Cleveland. Entrar en contacto con ella fue una especie de revelación que me empujó a especializarme en la escultura. Como anticuario mis principales intereses abarcan el subcontinente indio –hasta el siglo XII- la escultura del Sudeste Asiático, los bronces tibetanos, los thangkas [pinturas místicas de los monjes tibetanos] y el arte originario de Gandhara [región histórica que corresponde al sureste del actual Afganistán y al noroeste de India. Conquistada por los griegos se mantuvo helenística con los soberanos grecohindúes, hasta su anexión al imperio hindú de los Gupta. Como centro budista, su arte es conocido como arte ‘grecobudista’].

¿Qué cambios ha detectado en el mercado de las antigüedades orientales?
Se ha producido un progresivo abandono de esa especie de ‘coleccionismo obsesivo’ en favor de un acercamiento más estético y culto. En cuanto a mi especialidad, parece que los compradores prefieren imágenes más poderosas e icónicas. Los coleccionistas actuales son personas que han viajado mucho, son ilustradas y refinadas y buscan las mejores piezas antes que las más ‘extravagantes’ que es lo que hasta ahora hacían a menudo.

En 1997 usted fue co-fundador de la feria de Arte Asiático en Londres y, en 2004, de la Semana de la Escultura de Londres. ¿Cómo surgió la idea de celebrar ambos eventos?
La idea consistía en atraer a los coleccionistas a Londres y sus galerías. Pensé que sería magnífico contar con una plataforma que sirviera para mostrar la sabiduría y la personalidad de cada galerista y evidenciara la fuerza del arte asiático en Londres.

¿Qué opina del boom mundial que vive el arte asiático –antiguo y contemporáneo?
Creo que obedece al interés que han despertado las culturas extranjeras y el aliciente que supone adentrarse en su idiosincrasia. La espiritualidad del arte asiático es una dimensión muy apreciada por los coleccionistas occidentales.

¿Cuáles han sido las obras más valiosas que han pasado por sus manos?
Durante mi carrera, que dura ya más de treinta años, he tenido la oportunidad de vender piezas a instituciones y museos de todo el mundo así como a importantes colecciones privadas. La lista sería muy larga pero no puedo dejar de mencionar dos que fueron a parar a prestigiosas instituciones públicas; una en Londres, adquirida conjuntamente por el British Museum y el Victoria & Albert, era un extraordinario Buda del periodo Gupta, datado en el siglo VII.
La segunda venta de la que estoy particularmente orgulloso fue un soberbio torso de un Bodhissatva, realizado en esquisto gris, procedente de la región de Gandhara, datado entre el siglo I y II, que ahora está en la entrada de las salas dedicadas a la India en el Metropolitan de Nueva York [los Bodhisattva son individuos que han superado las 10 etapas de la perfección espiritual, pero eligen, por compasión, aplazar el premio final, el ‘nirvana’, por la salvación de todos los seres sensibles transfiriéndoles el mérito].

¿Piensa que el mercado de las antigüedades, menos volátil, se verá afectado por la crisis? ¿Volverán los precios a un nivel razonable?
No creo que las antigüedades vayan a ver su valor o relevancia disminuido en el futuro pues serán piezas cada vez más raras y cotizadas. Por otro lado, pienso que los precios del arte contemporáneo se han vuelto inexplicables. El crecimiento seguro y sostenido del valor de las antigüedades lo convierte en un mercado más sólido en estos momentos difíciles.

¿Qué le interesa como coleccionista?
Colecciono un poco de todo, desde terciopelos otomanos a escultura medieval occidental, de fotografía moderna a kitsch religioso hindú.

M. S

Entre dioses y mitos
Coincidiendo con la Semana de Asia en Nueva York (4-21 de marzo), Eskenazi renueva su colaboración con la galería Adam Williams Fine Art en cuya sede mostrará una selección de importantes esculturas. Destaca una magnífica cabeza leonina en terracota del siglo IV-V del reino de Nagarahara en Afganistán, que representa a Vajrapani –el guía espiritual de Buda- que está inspirada en las imágenes helenísticas de Heracles. También se ofrecerá un Buda de pie, datado entre los siglos I-II, procedente de la mítica región de Gandhara, encrucijada de rutas de comerciales situada en la ladera oeste del Himalaya, cuya riqueza le permitió gozar de autonomía política dentro del imperio Kushan.
Los visitantes podrán admirar piezas de las diferentes regiones de India entre la que despunta una enigmática figura en arenisca, del siglo VI, procedente de Punjab que representa una deidad hindú vestida con los ropajes de un gobernador sasánida [última dinastía de reyes persas antes de la conquista árabe]. El cosmopolita arte de Punjab, región dividida entre los imperios sasánida y gupta, era un híbrido de ambas tradiciones culturales.
Datado a finales del siglo XI, es un elegante bronce que representa a Lakshmana, el hermano menor del dios hindú Rama quien, según la épica india, sacrificó su libertad personal por su hermano encarnando el símbolo de la fraternidad y altruismo. Entre las últimas adquisiciones de la galería Eskenazi sobresale un importante bronce camboyano del siglo XII del periodo Angkor Wat que plasma al dios Vishnu a hombros de Garuda, figura mitológica mitad hombre, mitad pájaro. Este grupo escultórico se realizó bajo el reinado de Suryavarman II, el rey responsable de la construcción de Angkor Wat, el mayor complejo dedicado a las deidades hindúes fuera del territorio de la India.

Eskenazi