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Inicio » Archivo » Mera Rubell: “El arte es el lenguaje íntimo del alma”

La familia Rubell posee una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes del mundo. Poco después de casarse, en 1964, Don y Mera Rubell dieron sus primeros pasos en el mercado del arte; al poco tiempo la familia se amplió con la llegada de sus hijos Jason y Jennifer que han heredado la pasión coleccionista de sus padres. La Colección Rubell comprende obras de la década de los 60 hasta la actualidad, y se alberga en un peculiar edificio usado como almacén por la Agencia Antidroga. Abierto al público desde 1996, los Rubell organizan exposiciones itinerantes con obras de sus artistas como Maurizio Cattelan, Marlene Dumas, Keith Haring, Damien Hirst, Anselm Kiefer, Jeff Koons, Takashi Murakami, Cindy Sherman y Kara Walker entre los más destacados. Nuestra revista tuvo la oportunidad de conversar con Mera Rubell sobre los orígenes de su colección y sus proyectos futuros.

¿Cómo empezó a coleccionar?
Todo empezó hace 45 años. Mi esposo acudía a la Facultad de Medicina y yo daba clases. Para ambos empezó siendo casi como una forma de vida, nunca tuvimos la idea de formar una colección. En el proceso de conocer a nuestro vecindario, paseando por las calles durante las pausas de estudio, descubrimos un universo de jóvenes artistas. En el transcurso de aquellos recesos aprendimos mucho acerca de la gente creativa que vive en Nueva York y decidimos comprar todo el arte que pudiéramos. En 1964, cuando nos casamos, ¡teníamos 25 dólares como presupuesto mensual para comprar arte!. Al cabo del tiempo, nuestros fondos fueron aumentando y comprar arte se convirtió en una parte consustancial de nuestra vida. La colección fue creciendo y, antes de que se nos ocurriera la idea de crear una fundación pública, la gente venía a visitar nuestra casa y siempre quedaba fascinada con el arte joven que coleccionábamos.

¿Cuando y por qué decidieron mudarse de Nueva York a Miami?
Empezamos a venir a Miami cuando mi marido aún ejercía en Nueva York. Conforme nuestra colección crecía, fantaseábamos con la idea de lo bonito que sería tener un lugar donde compartir la colección con el público interesado. Cuando compras obras maravillosas adquieres una especie de compromiso de mostrarlas al público, ¡no puedes limitarte a meterlas en un almacén!.
En 1992 nos trasladamos a Miami y nos dimos cuenta de que era un sitio fantástico; había barrios enteros donde podías encontrar edificios no demasiado caros. Existían montones de oportunidades, porque era justo después del paso del huracán Andrew; también ahora puedes comprar bloques de pisos con apartamentos nuevos por una fracción del precio que hubiera costado construirlos ahora. Adquirimos un edificio obsoleto que era un antiguo almacén confiscado por la Agencia Antidroga. Mi marido Don siempre decía que este edificio tenía que ver con las adicciones de la gente y que, en cierta manera, nosotros habíamos traído nuestra adicción personal ¡el arte!. Efectuamos una renovación integral del edificio para hacerlo más acogedor y lo convertimos en la sede de la Colección Rubell.

¿Qué podría contarme de la Fundación? Cuenta con un museo, una gran biblioteca y según sus propias palabras “no es un escaparate, sino tan sólo parte de la comunidad”. ¿Tiene que ver esto con la idea de ‘servicio público’?
No tengo ni la más remota idea de adonde nos llevará este proyecto, es como cuando das el primer paso de un largo viaje y el sendero se bifurca.
Es muy excitante: te pasas el día hablando con personas que sólo piensan en el arte, en cómo crear obras de arte e interactuando con comunidades de todo el mundo. Iremos a cualquier sitio en busca de esta energía artística, no importa lo lejos que esté.

¿Cuál es su misión?
Apostamos por mantener nuestro compromiso como coleccionistas. Existen un montón de museos que poseen ‘por casualidad’ una colección, pero no logran conformar una colección en sentido pleno, todo lo más se limitan a exponer las obras. Nuestro caso es distinto. Este museo se beneficia de nuestra propia experiencia como coleccionistas. Ofrecemos al público nuestro proyecto de vida, nuestro compromiso con el arte y nuestro conocimiento. Ejercemos nuestra labor de coleccionistas bajo el sentido de la responsabilidad.

Uno se queda realmente impresionado por el sentimiento de diálogo intergeneracional que desprende la colección y que se materializa en las distintas exposiciones que se desarrollan en el museo. ¿Es una prioridad para usted?
Nuestra colección empezó hace muchos años y ofrece una especie de testimonio histórico; siempre intentamos articularla como un diálogo entre artistas. Por ejemplo, en la exposición actual -“30 Americanos”- muchos de los artistas son jóvenes afroamericanos que ‘dialogan’ con creadores que les han ayudado e influenciado. Por ejemplo Robert Colescott, que ronda los ochenta años, y Mickalene Thomas, treintañera. Las obras de Colescott que tenemos tienen cerca de treinta años, él ha dejado ya de trabajar … pero realmente era muy importante para Mickalene; Colescott estudió con Léger y sabe que podía haber ganado más dinero si se hubiera limitado a ser un pintor abstracto. Pero decidió plasmar la historia de los negros y, por ese motivo, sus pinturas nunca se vendieron bien porque era una temática que tenía pocos compradores potenciales…

¿Cómo ha sido el proceso de conformar una colección, con importantes grupos de pintores alemanes, de Los Angeles … ¿Cómo lo hacen? ¿Ejercen de comisarios y coleccionistas?
Organizamos una exposición sobre los artistas de Leipzig, con cerca de 100 obras, también hicimos otra titulada “Ojo rojo” con creadores de Los Ángeles. Sólo mostramos las obras que coleccionamos; viajamos por el mundo con nuestro equipo. No quiero usar la palabra ‘comisario’ prefiero la de ‘coleccionista’ porque creo que un coleccionista actúa como un comisario pero entabla una relación diferente con las obras.

¿Tiene algún artista favorito entre los representados en su colección? ¿Donde reside la singularidad de su colección?
Eso es como preguntarle a alguien a qué hijo quiere más … ¡es imposible de contestar!. Mientras charlo con usted, en nuestro jardín de esculturas, estoy mirando un magnífico trabajo de Richard Long que adquirimos en 1990. ¡Qué experiencia tan bonita vivimos colocando estas rocas de Richard!. Y ahora veo una mujer de Thomas Schutte, que parece estuviera viva tumbada aquí mismo, es tan poderosa, sexual, masculina y femenina, ¡es fantástica!. Para mí, la fuerza de la colección reside en su capacidad para inspirarme cada día. Y también a mi marido; seguimos madrugando y charlamos sobre arte durante dos horas. ¡Mientras sigamos así, nuestra colección tendrá fuerza!

¿Qué podría contarme de la exposición ‘Polos opuestos: Arte Polaco Contemporáneo’ de 2006. ¿Le acercó a sus raíces polacas?
Cuando decidimos comprar obra de jóvenes artistas polacos, no podíamos saber si en el futuro serían de los ‘grandes’ porque los artistas siempre son los jóvenes. Mi marido, mi hijo y yo vimos algo en el arte polaco que nos sedujo. Tal vez fueran mis raíces polacas las que me dieron más perspicacia o mejor entendimiento. El arte comparte un hermoso lenguaje común pero posee su singularidad; aunque todos seamos humanos, cada uno tenemos nuestra cultura propia, y en definitiva, nuestra individualidad.
Adoro a Obama y aquello que dijo: ‘Nos vemos en el otro’. ¡Me encanta! Todos somos diferentes, es como los idiomas, cada lengua es única …¡cada persona es especial e inimitable!

¿Cómo se les ocurrió la idea de crear Art Basel Miami?
Fuimos de los primeros americanos en visitar Art Basel y entender en qué consiste el coleccionismo europeo. Hemos estado yendo a Basilea alrededor de treinta años, y la gente que organizaba Art Basel solía venir a Miami. Siempre vimos a Miami como una especie de Basilea de Suiza porque Miami es también una encrucijada, casi como Basilea que está muy cerca de Francia y Alemania, y casi en el centro de Europa.
Tenemos un aeropuerto internacional y buenas comunicaciones con Suramérica. No te sientes perdido como sucede en Nueva York, en Miami la gente puede sentir la cercanía, la proximidad, igual que en Basilea, lo que es además una de las causas que explican que haya funcionado tan bien.
Mi hijo Jason les dijo ‘¿Por qué no lleváis el arte a la playa, en un contenedor?. Playa y Arte. ¡Será increíble!’. Y esta idea de los contenedores en la playa les pareció genial y dijeron ‘¡Vamos a hacer algo inédito en Miami que nunca se haya visto en ningún otro lugar del mundo!’.

Alguien le preguntó una vez ‘¿Cuál es el propósito del arte? Usted replicó que ‘no trata sobre preguntas sino sobre respuestas, es la vía para tener la mente abierta’. ¿Cómo contestaría ahora?
Es probablemente el lenguaje íntimo de nuestra alma y el buen artista logra comunicar de manera más profunda y penetrante que cualquier palabra o discurso. ¡Todo tiene que ver con el hecho de ser abierto de mente, sobre la comunicación y conocer al otro!

“All in the Family”
La Colección Rubell expone hasta el próximo noviembre “30 Americanos”, una muestra que versa principalmente sobre el arte afroamericano. “Sólo exponemos los que poseemos” dice Mera Rubell. “Hemos dedicado tres años a viajar por el mundo, hablando con todos los artistas, críticos y comisarios posibles, buscando y comprando las mejores obras a nuestro alcance, y agrupándolas para ofrecer el mejor retrato del arte afroamericano contemporáneo que nos permiten nuestras limitaciones intelectuales, físicas y financieras”. Para los Rubell “la nacionalidad es una declaración de intenciones” y coleccionar arte afroamericano ha sido una opción natural desde los años 60. Nombres como Andy Warhol, Damien Hirst, Jeff Koons, Cindy Sherman, Takashi Murakami, Kara Walker, Marlene Dumas, Richard Prince, Maurizio Cattelan, Jean-Michel Basquiat, por nombrar solo unos pocos, son algunas de las estrellas de su colección, en permanente estado de expansión pues los Rubell “coleccionan hasta el último minuto antes de inaugurar una exposición” y ésa es la razón por la que, en la muestra “30 Americanos” participen, en realidad, 31 artistas.

Teresa Pearce de Azevedo

Rubell