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Inicio » Exposición » Picasso y el arte ibero: un hechizo atávico

“Picasso llegó a venerar las esculturas ibéricas arcaicas porque constituían una de las escasas contribuciones de España al arte de la Antigüedad y también porque representaban sus propias raíces –escribió John Richardson- Habían sido talladas por gentes mestizas que –como su propia familia- habían emigrado a Andalucía antes de trasladarse a tierras del norte. Además del hechizo atávico, su tosquedad y su falta de distinción eran obra de alguien que ansiaba demoler los cánones tradicionales de belleza”. Curiosamente el encuentro de Picasso con sus ancestros no tuvo lugar en su tierra natal, sino en París. En 1906, descubre en la sala de antigüedades orientales del Louvre el arte ibero, a través de algunas esculturas como las del Cerro de los Santos o la “Dama de Elche”, lo que le lleva a elaborar en los meses sucesivos varias obras inspiradas en la estatuaria monumental en piedra y en los pequeños exvotos de bronce que contempló en sus visitas al museo. Este hallazgo marcó un punto de inflexión en su trabajo y en última instancia le abriría el camino al cubismo. La exposición que presenta el Centro Botín en colaboración con el Musée national Picasso-Paris, una de las grandes citas de la temporada, revela la importancia que tuvo el arte ibero en la obra del genio malagueño. [Pablo Picasso, Autorretrato, 1906 © Sucesión Pablo Picasso. VEGAP, Madrid, 2020. Foto: © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris) / Mathieu Rabeau]

PICASSO-IBERO