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Inicio » Entrevista » La España en blanco y negro de Ramón Masats

Ramón Masats descubrió la fotografía en 1953, durante el servicio militar, gracias a la revista Arte Fotográfico. Dos años después se integró en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, y en 1956 recibió su primer premio, el Luis Navarro de Fotografía de Vanguardia. Se unió al grupo fotográfico AFAL en 1957, al que pertenecían Ricard Terré y Xavier Miserachs, con los que había compartido la muestra TMM en 1956 y junto a los que volvería a exponer en 1959, en la Sala Aixelà de Barcelona. Ambas exposiciones supusieron un punto de inflexión en la revolución fotográfica del momento. Instalado 
en Madrid, fundó el grupo La Palangana junto a Gabriel Cualladó, Francisco Ontañón, Rubio Camín, Leonardo Cantero y Paco Gómez, y comenzó a trabajar como fotógrafo profesional y a publicar en prensa. Habiendo colaborado también con Carlos Saura, en 1965 aparcó la fotografía para dedicarse al cine y a dirigir series documentales para Televisión Española. Retomó su labor fotográfica en 1982. Reportero nato, su carrera se consolidó en pocos años gracias a su visión irónica, fresca y potente, capaz de sintetizar intuitivamente lo con- sustancial de los tópicos culturales, pero también de contar una historia usando complejos discursos narrativos. Es además director de la película Topical Spanish (1970). Su primera gran retrospectiva 
tuvo lugar en 1999 en el Círculo de Bellas Artes
 de Madrid, recibiendo el Premio Nacional de Fotografía en 2004. Su obra está presente en las colecciones del MoMA de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid, la Fundació Foto Colectania de Barcelona y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Conversamos con el prestigioso fotógrafo catalán con motivo de su exposición en la galería Blanca Berlín de Madrid. Marga Perera

¿Cómo se inició usted en la fotografía? Estaba haciendo el servicio militar en Lleida y, como tenía mucho tiempo libre, me compré una cámara, una Retina. Durante un tiempo conté que me había tocado en una tómbola porque, como yo sisaba pequeñas cantidades en la tienda de mi padre, no quería que supiera que la cámara me la había comprado yo; y cuando él murió pensé que ya no tenía sentido seguir diciendo esto.

¿Su padre no quería que se dedicara a la fotografía? Mi padre no tenía ni idea de que yo hacía fotos; en realidad, yo tampoco sabía entonces que me dedicaría a la fotografía; para mí, la cámara era solamente para hacer fotos de la familia, de cosas que veía… hasta que la fotografía me enganchó. Había un grupo de fotógrafos en el Casino del Comerç de Terrassa y allí me mostraron un tipo diferente de fotografía, me enseñaron a revelar y muchas cosas. Después ya fui a la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, y así empezó todo.

Usted era amigo de los fotógrafos Oriol Maspons, Ricard Terré y Xavier Miserachs, ¿cuáles son sus mejores recuerdos? Lo mejor es que había mucha camaradería entre nosotros; nos unimos a la Agrupació Fotogràfica de Catalunya y, como nosotros estábamos en contra de los salonistas, íbamos por nuestra cuenta y así fuimos haciendo amistad. También estaba allí Català- Roca, pero él ya era de una generación anterior.

Oriol Maspons escribió el artículo “Salonismo” en 1956 en la revista Arte Fotográfica criticando la dictadura de los jurados de concursos y premios. ¿Cómo les afectó esto? Bueno, a Oriol Maspons lo expulsaron de la Agrupación y entonces nosotros nos fuimos también para ponernos de su parte. No tuvimos más problemas y seguimos haciendo la fotografía que nos gustaba, pero nuestra relación con la Agrupación ya fue diferente.

Se les considera renovadores de la fotografía española en los años 50, ¿qué cree usted que aportaron? Una forma distinta de ver la vida. Nuestra fotografía era más de reportaje y no tanto de paisaje, muy distinta de los motivos que interesaban a los salonistas; era más espontánea.

Y más relacionada con el neorrealismo o la fotografía social porque ustedes realmente dejaron un retrato de la sociedad de la época Sí se nos ha relacionado, pero no éramos conscientes de ello. Nosotros queríamos hacer una fotografía diferente y las generaciones posteriores se dieron cuenta –y es verdad– de que estábamos retratando una época. Esto ha sido un descubrimiento para ellos y también para nosotros porque nos dimos cuenta de que realmente nuestras fotografías mostraban lo que fueron aquellos años, dentro de lo que se podía, claro.

Antes, la gente no tenía ningún problema en que se la retratara, ¿no? ¡Qué va! Retratábamos a la gente y nos lo agradecían; sí que preguntaban para qué era, pero estaban agradecidos. Ahora ya es distinto, y no quiero decir que ahora la gente sea desagradecida, pero tienen derecho a su imagen y a saber qué se va a hacer con ella, porque se han producido muchos abusos.

¿Qué le llevó a Madrid en 1957?, ¿fue el trabajo en la revista Gaceta Ilustrada? Sí, cuando tomé la decisión de ser profesional, hablando con Oriol Maspons y Xavier Miserachs, que trabajaban para la Gaceta Ilustrada, Oriol me dijo que, como en la redacción de Barcelona ya estaban ellos, hablaría con el director de Madrid; era una revista que por cuestiones políticas tenía dos direcciones, una en Madrid y otra en Barcelona. Entonces, el director de Madrid me dijo que fuera y le enseñara fotografías y cuando fui me propuso ser colaborador; para mí fue muy bueno porque yo no quería ser fijo, así que empecé a hacer fotografías como colaborador para la Gaceta Ilustrada en Madrid, aunque si hubiera habido una vacante en Barcelona me hubiera quedado porque era la misma empresa.

Y se quedó en Madrid desde entonces… Sí, sí, los veranos los pasaba en Cadaqués, pero el trabajo lo he tenido siempre en Madrid.

En Madrid creó el grupo La Palangana, ¿podría hablar de ello? Nos reuníamos en la Real Sociedad Fotográfica y luego nos íbamos a un bar de al lado y hablábamos de muchas cosas… Éramos un grupo y había mucha amistad entre nosotros; un día se me ocurrió decir que podríamos llamarlo La Palangana; no sé por qué, pero era un nombre que me hacía gracia, y entonces Paco Ontañón hizo una foto del grupo con una palangana.

¿Era un grupo parecido al que tenía con sus amigos en Barcelona? No, era diferente, aunque más o menos fue lo mismo. La diferencia es que nuestro grupo de Barcelona no tenía nombre, pero la relación que teníamos era muy parecida; otra diferencia es que en Barcelona nos reuníamos en la Agrupación Fotográfica y no nos íbamos a ningún bar; en cambio, en Madrid, teníamos la costumbre de reunirnos en la Real Sociedad Fotográfica y luego irnos a un bar a charlar tomando una cerveza. Después, ha habido gente que dijo que había pertenecido al grupo La Palangana, pero en realidad fuimos sólo seis: Gabriel Cualladó, Paco Gómez, Paco Ontañón, Leonardo Cantero, Joaquín Rubio Codín, que era arquitecto pero también hacía fotografía, y yo.

Usted recibió el Premio Nacional de Fotografía en 2004, ¿cambió algo en su carrera? No cambió nada porque cuando me dieron el Premio yo ya estaba dejando la fotografía.

Hace un tiempo que ha dejado de fotografiar Sí, dejé de fotografiar porque ya no me hacía ilusión; ahora me dedico más a leer y, como ya tengo menos memoria, me interesan más los relatos cortos. Por ejemplo, ahora acabo de leer uno de Gabriel García Márquez que son sus notas periodísticas sobre lo que él escribía.

Aún así, durante su larga carrera como fotógrafo ha creado escuela… No, no… al menos no conscientemente.

Cristina García-Rodero dice que todo lo que sabe lo aprendió de usted. [Sonríe]. Lo celebro porque es una fotógrafa que me gusta mucho y somos muy amigos… pero no le he enseñado nada directamente. Es verdad que a veces me dicen que han aprendido mucho de mí; bueno, quizás sea por alguna conferencia, pero no me he dedicado a la enseñanza.

¿Cómo ha incidido el desarrollo técnico en la fotografía? Ahora, con la tecnología digital, la fotografía se ha popularizado mucho… todo el mundo tiene una cámara, se hacen selfie, y todo el mundo hace fotografía. Yo no estoy en contra de la fotografía digital, seguramente si todavía hiciera fotografía también lo haría, porque en el fondo la fotografía analógica tiene un poco de nostalgia.

Ahora expone en la galería Blanca Berlín de Madrid, ¿cómo ha planteado la exposición? El planteamiento es exponer fotografías de los años 50, o sea que del 59 en adelante ya no he expuesto nada, y la mayoría son vintage, aunque algunas son de revelado actual; el valor, naturalmente, es distinto.

Durante 18 años trabajó en cine y televisión, ¿cuáles son sus mejores recuerdos? Tengo buenas experiencias, hice una película, Topical Spanish (1970), y para televisión hice un programa, titulado Insular, sobre la isla de Lanzarote, sin palabras, sólo con música de Luis de Pablo. [Producido por Radio Televisión Española, Insular (1971) es un filme documental considerado uno de los más significativos en relación al acoplamiento entre música y experimentación visual]. La cuestión es que yo tenía una gran afición por el cine, lo intenté e hice una película, pero el ambiente era tan conflictivo, que trabajar con un equipo de esta manera… me dije que nunca más; la ventaja de la fotografía es que trabajas solo, sin depender de nada ni de nadie.

¿Cómo ve la situación de la fotografía en nuestro país? La veo muy bien, hay jóvenes fotógrafos estupendos, aunque no sé los nombres de todos; algunos hacen fotografía conceptual, que a mí no me gusta, pero hay que reconocer que hay muy buenos fotógrafos.

Ramón Masats