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Inicio » Mercado » Un chapuzón millonario

La fantasía californiana de David Hockney, The Splash se entregó ayer en Sotheby’s por 27,4 millones de euros, el tercer mejor precio conseguido por el artista de Yorkshire en subasta. Este óleo inmortaliza un instante justo después de que alguien se haya lanzado a la piscina rompiendo su superficie en calma. El protagonista del cuadro está presente, pero ausente, escondido en un torrente de agua desplazada. Esta tela es la segunda de una serie de tres ‘salpicaduras’, la más grande de las cuales, A Bigger Splash, es una de las joyas de la colección de la Tate Gallery. Con sólo una ligera variación en la composición, esta versión es la ‘hermana’ más próxima a la conservada en la Tate. La otra de la serie, A Little Splash (1966), permanece en una colección privada, y no ha salido nunca a la venta.  Ejecutadas en un momento decisivo de la carrera de Hockney, las tres «salpicaduras» consolidaron su reputación internacional como uno de los artistas más talentosos de su generación y confirmaron su capacidad para combinar elementos de movimientos dispares -minimalismo, abstracción y arte pop- en un nuevo estilo totalmente propio. Hockney visitó Los Ángeles por primera vez en 1964. A su regreso a Londres a finales de ese año, comenzó a trabajar de inmediato en su primer cuadro de una piscina, Picture of a Hollywood Swimming Pool (vendido en Sotheby’s en noviembre de 2019 por 6,5 millones de euros). Sin embargo, no fue hasta 1966 cuando comenzó realmente la obsesión de Hockney por este tema. El artista se trasladó a Los Ángeles, instalándose en un apartamento-estudio situado en el cruce de los Bulevares Pico y Crenshaw. Fue aquí, entre los veranos de 1966 y 1967, donde The Splash y muchas de las obras más reconocibles de Hockney vieron la luz. La inspiración para esta obra -con su composición recortada, trampolín en ángulo y un edificio de techo plano- le vino de una fotografía que vio en una revista de Hollywood sobre cómo construir piscinas. Los Ángeles cumplió todas las expectativas del pintor nacido en Yorkshire: una tierra de oportunidades, casas soleadas, arquitectura moderna, piscinas color turquesa, palmeras y cuerpos esculturales. La ciudad le abrió las puertas a un mundo idílico de placeres, luces brillantes y libertad sexual, completamente alejado de la Gran Bretaña que había dejado atrás. Embelesado por esta embriagadora combinación, comenzó el romance de Hockney con Los Ángeles, y el mismo año en que pintó The Splash se enamoró también apasionadamente de Peter Schlesinger, a quien inmortalizaría en sus cuadros más famosos.

David Hockney