“Sin Durand, los impresionistas nos habríamos muerto de hambre. Le debemos todo. Persistió, luchó sin descanso y se arriesgó a la bancarrota veinte veces para apoyarnos. Los críticos nos arrastraron por el barro, ¡pero para él fue aún peor! La gente escribió: ¡estos artistas están locos, pero hay alguien aún más chiflado que ellos, un galerista que compra su obra!”, rememoró Claude Monet en 1924. Y es que pocos individuos han ejercido una influencia más profunda en el éxito del impresionismo que Paul Durand-Ruel (1831-1922), hijo de un cartero al que nada parecía predestinar a convertirse en uno de los mayores marchantes de arte de la historia. Tras descubrir las obras de Delacroix en la Exposición Universal de 1855, decidió dedicar su vida a los artistas de su tiempo. Los pintores de la Escuela Barbizon, entre ellos Théodore Rousseau, Jean-François Millet y Charles-François Daubigny, eran entonces duramente criticados y tuvieron dificultades para encontrar su público. Durand-Ruel los defendió con convicción durante casi quince años, hasta que les llegó el reconocimiento. En 1871, en Londres, descubrió la obra de Claude Monet y Camille Pissarro. Una vez más, eligió confiar en artistas rechazados por la crítica y vistos con recelo por los coleccionistas. Renoir, Sisley, Degas, Morisot y Cassatt pronto se unieron a la lista de pintores a los que él promovía, casi en solitario. Durante casi otros quince años, adquirió cientos de sus obras, les adelantó dinero y les organizó exposiciones en París, Londres y más tarde Nueva York. Por esa apuesta visionaria pagó un alto precio. Considerado loco por muchos, acumuló deudas y comprometió su fortuna personal. En 1886, en Nueva York, su intuición se vio finalmente recompensada: la gran exposición impresionista que organizó allí fue acogida con entusiasmo por los críticos estadounidenses. Los coleccionistas acudieron en masa, nació un nuevo mercado y el destino del impresionismo se transformó para siempre. Los días 22 y 23 de octubre, Christie’s licita en París un grupo de 62 obras que llevaban desde entonces en la colección familiar. Estimada entre 30 y 43 millones de euros, incluye trabajos de Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Camille Pissarro, Eugène Boudin y Alfred Sisley, pero también de artistas promocionados por los descendientes de Durand-Ruel, como Albert André, Eugène Durenne, Gustave Loiseau, Maxime Maufra y Henry Moret. Amigo cercano de la familia Durand-Ruel, Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) fue uno de los artistas mejor representados por la galería. Uno de los lotes estelares de esta venta es Jeunes filles au bord de la mer, preciado entre 4 y 6 millones de euros, que demuestra el excepcional dominio del pintor de la luz y el color. [Christie’s, París. Subasta: 22 y 23 de octubre. Christies.com]


