• La Colección Albuquerque: el hechizo de Oriente

    Fue Marco Polo quien habló por primera vez de la porcelana en un texto occidental. Durante sus viajes por China el mercader veneciano descubrió un material de extraordinaria blancura y transparencia que describió en su Libro de las maravillas del mundo como “de tal belleza que nada más hermoso se podría imaginar.” La fascinación que el “oro blanco” provocó en el aventurero hace setecientos años, y durante siglos en emperadores, alquimistas, filósofos, artesanos y coleccionistas, la experimentó también Renato de Albuquerque que ha dedicado sesenta años de su vida a hacer acopio de piezas únicas de porcelana y cerámica china. El resultado es una colección de renombre mundial que atesora dos millares de objetos de las dinastías Ming y Qing, además de ejemplos de periodos anteriores y de otras partes del mundo. Consciente del valor de sus fondos, el empresario brasileño decidió traer su colección a Europa, a Portugal, y constituir la Fundación Albuquerque con el objetivo de compartirla tanto con los estudiosos como con el público general. Así, abrió un museo en la Quinta de São João, una histórica finca del siglo XVIII en la ciudad de Sintra. A sus 97 años, Renato de Albuquerque, que se mantiene alejado del foco mediático, cuenta para difundir este extraordinario legado con la complicidad de su nieta, Mariana Teixeira de Carvalho, ella misma entusiasta coleccionista de arte contemporáneo.

    Su abuelo no creció en un entorno en el que se fomentara el amor al arte. ¿Cómo se convirtió en coleccionista? El suele decir que coleccionar es como una enfermedad, que no hay que buscar una explicación demasiado intelectual, se trata sobre todo de un impulso emocional. Su amor por la porcelana surgió de forma inesperada. En 1961, en Santa Catarina (Brasil), adquirió su primera pieza en una subasta de dudosa calidad como le gusta recordar con su habitual sentido del humor. Era una lámpara de queroseno de Meissen que le cautivó por su artesanía.

    Y así, en paralelo a su carrera como ingeniero y empresario de la construcción, formó una colección de calidad museística. Cuantas más adquisiciones hacía, más se acrecentaban sus ganas de saber. Además de la colección de porcelana, también reunió una notable biblioteca monográfica. Se sumergió profundamente en el tema y poco a poco fue integrándose en una red de especialistas y conocedores. ¡Las piezas eran casi como miembros de sus familia!.

    ¿Cómo le transmitió su pasión? Él comenzó a coleccionar mucho antes de que yo naciera, así que la apreciación por la artesanía y la historia de estos objetos han ido desarrollándose de forma natural en mí. Más tarde me interesé por el arte contemporáneo, tal vez con la misma pasión que mi abuelo por la porcelana antigua.

    A pesar de la importancia de la colección, su abuelo mantiene un perfil bajo, no le gusta salir en los medios. ¿Qué le llevó a cambiar de idea y abrir un museo? ¡No lo ha hecho! Lo digo en broma… Lo que quiero decir es que él es realmente un hombre muy discreto que nunca se sintió cómodo bajo los focos. Cuando la colección todavía estaba en São Paulo, se pasaba cada día horas estudiando y contemplando las piezas. Traerla a Portugal y abrirla al público fue un gesto extraordinariamente generoso, ya que suponía abandonar esta íntima interacción diaria que tenía con ella. Pero él valora mucho el hecho de que un público más amplio pueda aprender de ella y, tal vez, sentirse inspirado para formar sus propias colecciones.

    Son más de 2.600 piezas las que componen la colección, con un foco especial en la porcelana china de exportación. ¿Qué obras destacaría? En una colección de esta envergadura y calidad, es difícil destacar solo unos pocos ejemplos. Hay numerosos objetos extraordinarios y rarezas para todos los gustos. Tal vez una pieza particularmente singular sea la figura de un Niño Jesús como Salvator Mundi que está tallada en cristal de cuarzo y montada con filigrana de plata dorada. Si bien la mayoría de piezas de la colección son porcelanas chinas de exportación, también hay algunas interculturales que reflejan siglos de interacción entre Oriente y Occidente, de las que este Niño Jesús es un estupendo ejemplo. El cristal de cuarzo, asociado desde antiguo con Sri Lanka y que se trabajó allí durante más de un milenio, fue moldeado por lapidarios altamente cualificados, cuyas técnicas se adaptaron en los siglos XVI y XVII a la producción de objetos devocionales vinculados a las imágenes cristianas que circulaban por las rutas comerciales marítimas. Excepcionalmente raro y extraordinariamente refinado, este objeto condensa el encuentro entre la artesanía local y la iconografía religiosa global. Pero también hablaría de los objetos que llevan inscripciones, ya sean chinas, árabes o europeas. Son muy significativos pues nos proporcionan referencias concretas para datar otras piezas del mismo período, es decir, nos ayudan a anclar cronologías más amplias dentro de la porcelana china de exportación.

    ¿Cuál es la pieza más icónica? Sin duda una sopera con forma de cangrejo, que data de la década de 1770. Sus ojos en movimiento, sus colores vibrantes resaltados en oro y una decoración exquisitamente minuciosa, hacen de ella una pieza que condensa el virtuosismo técnico y la inventiva de la porcelana china de exportación. Es una de esas obras por las que sienten un flechazo instantáneo tanto los expertos como los visitantes del museo… [Vanessa García-Osuna. Foto: Joana Linda © Albuquerque Foundation]

  • Portada

     

  • Finearts

  • Parcours

  • Vasconcelos

  • San Telmo

  • Ibercaja

  • Maca

  • Carmen Thyssen Archipielago

  • Jesus Vico

  • Bilbao curso

  • Arte Santander

  • Azkuna Glenda

  • Suscripción