Belleza, emoción, comunicación, son algunas de las palabras que Alex Ruas Wege utiliza para describir lo que espera de una obra de arte. El gusto de este joven diseñador de interiores brasileño, fundador del ARW Design Studio, gran amante de la arquitectura, se ha forjado en sus viajes por el mundo. Su colección, que supera el medio centenar de piezas, se despliega entre sus residencias de Lisboa y Londres y es una estimulante mezcla de artistas de vanguardia brasileños e internacionales. Entre sus compatriotas, aprecia la frescura con la que desafían las estéticas tradicionales artistas como Erika Verzutti, Laura Lima o Aislan Pankararu, pero también autores como Anna Maria Maiolino y Carlito Carvalhosa, que investigan el poder expresionista de las formas y los materiales, o Lucia Koch y Marina Perez Simão, que transforman los espacios con su cromatismo lírico y vibrante. Entre los creadores internacionales más afines encontramos una española, Teresa Solar Abboud, junto a nombres como Studio Drift, Tomas Saraceno y Olafur Eliasson, entre otros, cuyas instalaciones integran la luz y el movimiento para crear experiencias envolventes e interactivas. Ruas Wege fue distinguido en la última edición de ARCO con el Premio a la Colección Joven Internacional.
¿Cuál fue su primera experiencia memorable con el arte? A decir verdad, mi familia no era demasiado aficionada al arte, pero recuerdo que en mi adolescencia, cuando tenía unos 16 o 17 años, viajé a París con un amigo. Un día visitamos el Pompidou que en ese momento tenía una muestra de Pierre Soulages y me enamoré de su obra, de la intensidad de su pincelada. Aquella exposición me abrió los ojos a este mundo y sembró en mí una curiosidad que no había experimentado hasta entonces.
¿Cuándo empezó su colección? Lo hice tras comprar mi primer piso en Londres pues quise adquirir algunas obras con fines meramente decorativos. Por aquel entonces, una amiga mía, Camila Yunes, que también es una maravillosa asesora artística, me invitó a acompañarla a la feria Art Basel. Allí comprendí que coleccionar es mucho más que colgar piezas en una pared para decorar. Una vez que te pruebas “el veneno”, no hay vuelta atrás: las ansias por saber más y seguir descubriendo nuevas obras y artistas ya no te abandonan.
¿Qué le interesa? Sobre todo lo que los artistas sienten y la manera que tienen de transmitirlo. Es genial ver cómo exploran formas de comunicar tan diferentes. No niego que también me seducen aquellas piezas que proyectan, a través de la geometría, la arquitectura, la luz o el color, una sensación de orden y simetría, pero también de alegría y divertimento; o incluso de caos absoluto. De hecho, la dicotomía entre ambos me fascina. También soy un gran admirador del Arte Povera… [Vanessa García-Osuna. Foto: Alfredo Arias]









