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    El Príncipe Ravi de Camboya y los ladrones de estatuas

    Algo no encajaba con los pies. Para ser exactos, éstos habían desaparecido. Solamente había trozos de hueso coloreados que, en sí mismos, no eran motivo de sospecha. Lo curioso era como terminaban los muñones. Ni rasgados ni rotos, sino limpiamente seccionados como si hubieran sido cortados por una máquina moderna, por una sierra de banda. Era el verano de 2012, y el Príncipe Ravivaddhana Monipong Sisowath, conocido por sus amigos como Ravi, miraba fijamente la portada del catálogo de Sotheby’s. «Mi primera reacción fue, ‘otra vez, Sotheby’s’ –recuerda- seguido de ‘será una recuperación difícil porque básicamente se trata de una cuestión de dinero y política.” La estatua sin pies era la estrella de la subasta, su estimación rondaba los 2 millones de dólares, y obviamente había sido robada de un templo de su originaria Camboya, país del que la Familia Real llevaba exiliada desde 1970, y en el que había puesto el pie por primera vez en 2000, a los 29 años. “Me pregunté, ‘¿cómo pueden ponerle precio a algo que para mi tiene un valor incalculable?’ Quedé totalmente conmocionado.” Ravi descolgó el teléfono e hizo algunas llamadas. Al cabo de unos minutos ya sabía exactamente de qué templo habían arrancado esa estatua de tamaño natural. Lo supo porque sus pies todavía seguían allí. La estatua en cuestión se llamaba Duryodhana, y representaba al protagonista del Mahabharata, la epopeya sánscrita hindú que se piensa fue escrita en el siglo IX a.C. Duryodhana, el mayor de los cien hijos de un rey ciego, fue forzado a exiliarse como heredero legítimo cuando sus primos, los hermanos Pandava, guiados por Bhima, le arrebataron el trono. La estatua fue esculpida alrededor del siglo X, en la cúspide del Imperio Jemer. Había sido consignada a Sotheby’s en 2011 por una coleccionista belga, pero los expertos sospechaban que había sido expoliada en los años 70. El príncipe Ravi sacudió la cabeza y suspiró. Éste era sólo el ejemplo más reciente y elocuente de un fenómeno que llevaba décadas sucediendo cuyo origen estaba en el saqueo sistemático de sitios religiosos camboyanos iniciado por los Jemeres Rojos, el régimen comunista que tomó por la fuerza el poder el 18 de marzo de 1970 y mandó al exilio a la familia real, un año antes de que Ravi naciera. Durante la Guerra Civil camboyana (1970-1998) el tráfico de antigüedades expoliadas, mayoritariamente procedentes de templos, era algo normal. No existen estimaciones sobre el número de obras robadas, dañados, o destruidas, pero hoy los turistas, sin salirse de las rutas más trilladas, pueden ver cientos de plintos y nichos vacíos que una vez albergaron obras de arte. Sería raro encontrar en el mercado una estatua camboyana originaria de un templo que fuera auténtica y no hubiera sido robada. Noah Charney aborda el tráfico ilícito de obras de arte en Camboya en un reportaje que publicamos en nuestro número de diciembre. [En imagen: El príncipe Ravi de Camboya]

    El príncipe Ravi de Camboya
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