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  • Los mundos de Alicia

    Las aventuras de Alicia comenzaron como una historia fantástica que Charles Lutwidge Dodgson (Lewis Carroll, 1832-1898) fue narrando a Alice Liddell y a sus hermanas a lo largo de una «tarde dorada» de 1862. Para crear la historia, Dodgson se inspiró en su propia vida, en sus estudios en la universidad de Oxford, donde impartía Matemáticas, y en el mundo que lo rodeaba. Traducida a más de 170 lenguas, el imaginario que creó en esta novela sigue vigente y ha influido en numerosas generaciones de artistas. Los mundos de Alicia. Soñar el país de las maravillas, que se presenta en la sede madrileña de CaixaForum, propone un viaje onírico a los orígenes, adaptaciones y reinvenciones artísticas de este libro a través del tiempo y distintas disciplinas hasta hoy. Se trata de la primera y más amplia exposición sobre el fenómeno generado por esta heroína moderna. Al reunir 283 objetos y obras de arte, la muestra constata la influencia de los dos libros protagonizados por esta niña curiosa 160 años después de su creación. Una puesta en escena inmersiva y sorprendente diseñada por el escenógrafo y dramaturgo Ignasi Cristià, propone a los visitantes convertirse en Alicia y seguir el viaje de la protagonista a través de los textos. La museografía juega con cambios de escala, color, escenarios y formas en las diferentes salas para llevar a los visitantes a un viaje entre lo real y lo imaginario. En ellas se van sucediendo escenas icónicas, como la caída a través de la madriguera del conejo, la fiesta del té del Sombrerero Loco, el estanque de lágrimas y los naipes de la Reina de Corazones, entre otras.

    Grabado de Dalziel Brothers a partir de un dibujo de John Tenniel. © Victoria and Albert Museum, Londres

    Para la comisaria Kate Bailey, conservadora del Victoria & Albert Museum de Londres, Alicia es también un estado mental y un agente de cambio: “Hay algo muy empoderador en la historia de una niña que marca la diferencia, que dice verdades al poder”.  En la primera sección, se pueden ver imágenes de la biblioteca Christ Church de Oxford, cuyos espacios también han servido de inspiración para la saga de Harry Potter, así como fotografías, puzles, juegos lógicos y objetos relativos a la fascinación sobre el mundo y la naturaleza para transportar a los visitantes al universo de su creador.  También se exhiben bocetos del propio autor, además de los que creó el afamado dibujante John Tenniel que reflejan los procesos creativos iniciales. Descubrimos así que Alicia era originalmente morena, tanto en las ilustraciones iniciales como la auténtica Alice Liddell. Fue Hollywood quien la transformaría en rubia en sus películas. La historia de Alicia se hizo rápidamente popular entre los cineastas. La primera adaptación cinematográfica, dirigida por Cecil Hepworth y Percy Stow, se remonta a 1903, solo cinco años después de la muerte de Lewis Carroll. Con sus diez minutos de metraje, fue la película más larga producida hasta entonces en Gran Bretaña. En ella se emplearon trucajes entonces vanguardistas para resolver escenas como la del pasaje en el que Alicia se encoge. 

    Pero fue finalmente Walt Disney quien consolidó este icono en el filme que estrenó en 1951. El empresario y animador estadounidense siempre había estado interesado en los libros de Alicia y comenzó a planificar un largometraje ya en la década de 1930. Su amistad con Salvador Dalí potenció el contenido surrealista de las imágenes de la película. En esta exposición también aparece la que Tim Burton rodó en 2010 sobre una Alicia muy empoderada.

    El influjo de Alicia en la creación artística, musical y cultural popular ha sido indiscutible, especialmente en dos periodos: en los años veinte del pasado siglo, con el surgimiento del surrealismo, y en la década de los sesenta, con todas las transformaciones que trajo consigo. Para artistas plásticos, músicos, cineastas y demás creadores, el modo en que Alicia cuestiona la línea entre la percepción y la realidad, así como su carácter independiente y rebelde la convirtieron en un símbolo antiautoritario de la contracultura. [Hasta el 3 de agosto. CaixaForum. Madrid. Caixaforum.org]

    Vestuario diseñado por Gladys Calthrop para el Conejo Blanco en el Acto I, escena del juicio, 1943 © Victoria and Albert Museum, Londres
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