• Paolo
  • Un alegato ecopoético

    Artistas de múltiples generaciones y de culturas radicalmente diversas, se han preguntado cómo trabajar con la tierra cuando más cuidados y regeneración necesita; cómo apreciar y retribuir sus dones; cómo aprender de lo que nos ofrece, cuando parece despojada de su riqueza biológica, mineral, orgánica y química. Sobre todo ello versa la exposición Artes de la Tierra organizada por el Guggenheim bilbaíno. La muestra, comisariada por Manuel Cirauqui y patrocinada por Iberdrola, ofrece una cartografía de formas artísticas —que incluye artes visuales, arquitectura, artesanía y diseño—, que reflejan herramientas, posibilidades y escenarios futuros ante el cambio climático y la crisis ecosocial que vive nuestro planeta. Así, se reúnen obras de arte desde el siglo pasado hasta la actualidad, incluyendo medios como la escultura, la instalación, el dibujo y la performance, además de una amplia selección de material de archivo. Artes de la Tierra subraya la colaboración con los ecosistemas como alternativas a la mera extracción de recursos o la modificación de materiales. Esta propuesta conecta artefactos elaborados con tierra, madera, hojas, raíces y plantas —medios ancestrales que han cobrado nueva relevancia— con intervenciones sobre el territorio que trascienden las etiquetas de movimientos y corrientes establecidas. 

    “En esta exposición vemos la labor de 48 artistas y colectivos de distintas procedencias y contextos y se reflejan las principales corrientes artísticas contemporáneas: el Land Art, el arte conceptual, el minimalismo, la performance, el body art, etc. Estos creadores abordan preocupaciones similares y las reflejan mediante su arte. ¿Cómo podemos aprender de la Tierra? ¿cómo podemos devolverle todo lo que nos da? Todas estas preguntas y muchas más son el punto de partida y el eje principal de esta muestra”, manifestó Miren Arzalluz, directora del museo vasco, durante la presentación. “Han sido dos años de trabajo intenso para llevar a cabo esta exposición que tiene por objeto no tanto prescribir, prometer o anticipar, sino más bien documentar las transformaciones que se han dado en las prácticas artísticas a lo largo de las últimas seis décadas. En cierto momento las obras de arte abandonan el concepto de posteridad y en muchos casos se empiezan a utilizar materiales que van a perecer, que se van a reencontrar con sus ecosistemas de origen y esto plantea un desafío a los museos. Y ésta es una de las bases del proyecto pues nos parece que esta historia es indisociable del cambio climático y de la progresiva crisis medioambiental”, apuntó Manuel Cirauqui. 

    Sumayya Vally, Granos del Paraíso © Sumayya Valley, Bilbao 2025. Foto: Brugues Triennial 2024/Filip Dujardin

    La exposición no cuenta con secciones ni sigue un orden de capítulos; más bien, deja que se formen enjambres de afinidad material y ecopoética en cada uno de los espacios. El recorrido expositivo comienza con un reconocimiento histórico de algunas figuras que pudieron intuir, prefigurar o encarnar la mutación que el arte habría de experimentar a la luz del cambio climático a finales del siglo XX y principios del XXI. Ciertos artistas aparecen como emisarios tempranos, como Jean Dubuffet o Joseph Beuys a través de delicados collages, o Jimmy Lipundja, artista de la nación Milingimbi en Australia, con sus pinturas sobre corteza de árbol que recogen visiones míticas e íntimamente ligadas a su bioma nativo. Entrados los años setenta y ochenta, el desarrollo de obras efímeras en el paisaje, como las de la artista rumana Ana Lupas, la catalana Fina Miralles o la cubana Ana Mendieta, convergen con la producción de esculturas antimonumentales realizadas con arena, sustrato o paja, como las de la gran escultora estadounidense Meg Webster o del italiano Giovanni Anselmo.

    Un apunte: dos de las salas (206 y 207) se encuentran en un régimen especial de luz, temperatura y humedad para poder acoger a especies vivas y garantizar su bienestar. En esta última, el visitante se encuentra con composiciones botánicas como las históricas esculturas vivas del famoso artista conceptual Hans Haacke. A su gran montículo de hierba le acompañan las “cajas de Ward” de la alemana Isa Melscheimer y la instalación Root Sequence (copse) del pakistaní-americano Asad Raza, que reúne 26 árboles de múltiples especies locales que serán replantadas en el territorio vasco al término de la exposición. Esta instalación acogerá, además, diversas performances y actividades durante los cinco meses que dure la muestra.  

    En la amplia sala que concluye el recorrido, se ofrece una meditación sobre la posibilidad de un “arte sostenible” como futuro ya vivido por la abstracción moderna. En extremos opuestos de la galería se encuentran trabajos de Giuseppe Penone y el vasco Agustín Ibarrola. Del italiano, máximo exponente vivo del Arte Povera, se presenta uno de los primeros árboles tallados dentro de grandes troncos de otros árboles; así como una gran uña de cristal que reposa sobre miles de hojas de laurel que ocupan tanto olfativa como visualmente el espacio expositivo. [Hasta el 3 de mayo. Museo Guggenheim Bilbao. Guggenheim-bilbao.eus]

    Gabriel Orozco, Roiseau 6 © Gabriel Orozco, Bilbao 2025. Foto: Florian Kleinefenn
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