A finales del siglo XIX, Japón atravesaba un proceso de modernización que hacía peligrar sus formas artísticas más folclóricas, entre ellas el ukiyo-e. Aquel universo de “imágenes del mundo flotante” poblado de cortesanas, samuráis, geishas y actores del kabuki se veía amenazado por una creciente influencia de Occidente. Años más tarde, una serie de artistas y editores reavivaban aquel arte tradicional gracias al shin hanga, del que fue un notable exponente Itō Shinsui, pintor que alcanzó la fama y el éxito comercial principalmente con sus retratos de mujeres que encarnaban el ideal de belleza clásico nipón, y que son el objeto de esta deliciosa muestra.







