En 1889, un grupo de jóvenes artistas vanguardistas fundaron en París una hermandad para promover un nuevo rumbo radical en el arte. Adoptando el nombre nabis –derivado de la palabra hebrea neviim (profetas, iluminados), su objetivo era captar en sus pinturas y obras sobre papel la experiencia subjetiva y las emociones. Los nabis eran postimpresionistas y formaban parte del movimiento simbolista -que también influyó en la literatura, la música y el teatro- que se alejó de retratar los efectos fugaces de la naturaleza en pro de una percepción más emotiva del mundo. De ahí que fueran apodados la «generación de los intimistas».

Una exposición sobre ellos no puede encontrar mejor escenario que la Casa Milà, un edificio emblemático del movimiento modernista catalán construido por Antoni Gaudí en Barcelona entre 1906 y 1912, donde el ornamento asociado a la funcionalidad se une armónicamente con la arquitectura. Como los nabis y sus creaciones son poco conocidos en Cataluña, la muestra, organizada en colaboración con el Musée d’Orsay y comisariada por Isabelle Cahn, comienza con una presentación del círculo de los nabis. Dos corrientes principales conviven dentro de la pequeña comunidad. Los primeros se aglutinaron en torno a Paul Sérusier: eran los nabis preocupados por principios estéticos y teorías, como Maurice Denis, Paul Ranson, Ker-Xavier Roussel, Jan Verkade y Charles Filiger. Se sentían atraídos por asuntos como la espiritualidad, la poesía y el esoterismo.

La otra corriente incluye a Pierre Bonnard, Edouard Vuillard, Félix Vallotton y József Rippl-Rónai, más cercanos a los temas relacionados con la vida contemporánea. A pesar de sus diferencias, los nabis se mantuvieron unidos en torno a la idea de un arte esencialmente decorativo. Hubo un tiempo en el que parecían estar por todas partes. Si uno iba al teatro a ver las nuevas obras de Ibsen y Strindberg, el programa seguramente había sido diseñado por un nabi (también existía la posibilidad de que uno de ellos hubiera colaborado con la escenografía). Louis Comfort Tiffany les encargó diseños de vitrales para sus lámparas. Y la fábrica de porcelana Haviland & Company recurrió a ellos para sus decoraciones, desde centros de mesa hasta cajitas de caramelos. A través de dos centenares de piezas, la muestra Los Nabis: de Bonnard a Vuillard ofrece una oportunidad única para redescubrir el imaginario creativo de un movimiento que defendió la unidad del arte y abrió el camino a la modernidad. [Hasta el 28 de junio. La Pedrera. Barcelona. Lapedrera.com]






