Rafael (Raffaello di Giovanni Santi, 1483-1520), está considerado uno de los más grandes artistas de todos los tiempos. El museo Metropolitan de Nueva York le dedica una histórica exposición, Rafael: Sublime poesía, en cuyos preparativos ha invertido ocho años y millones de dólares. La muestra recorre su itinerario vital, desde la etapa germinal en su Urbino natal hasta sus fecundos años en Florencia, donde rivalizó con artistas como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, hasta su última década en Roma, encumbrado en la corte papal. Se exponen más 200 piezas, entre pinturas, dibujos, tapices y artes decorativas procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo, que retratan a una mente extraordinariamente creativa.
Entre las obras icónicas expuestas se halla La Virgen y el Niño con el infante San Juan Bautista en un paisaje (La Virgen de Alba), que fue propiedad de la española Casa de Alba, que ha sido prestada por la National Gallery of Art de Washington al igual que el elegante retrato de Bindo Altoviti que ilumina nuestra portada, sin obviar el de Baldassarre Castiglione, procedente del Louvre parisino.
El recorrido comienza poniendo el foco en las raíces del artista en Urbino, cuya refinada corte jugó un papel determinante en su vida. Rafael recibió su primera formación de su propio padre, Giovanni Santi, pintor y prolífico poeta que en aquel momento se hallaba enfrascado en la composición de un poema épico sobre Federico III da Montefeltro, el famoso gobernante que había traído paz, riqueza y fama al Ducado de Urbino. Viendo las dotes de su hijo, pronto lo llevó al taller de Pietro Perugino. Ambicioso, estudioso y disciplinado, el joven Rafael se estableció como profesional independiente en Città di Castello, una pequeña y rica ciudad cerca de Perugia, donde pintó exquisitos retablos para sus iglesias. Su siguiente parada fue Florencia donde permaneció entre 1504 y 1508, y donde estudió las esculturas de Miguel Ángel y las pinturas y dibujos de Leonardo, asimilando ciertos aspectos y técnicas de ambos maestros.
En 1508, llegó a Roma con una recomendación bajo el brazo de un pariente lejano, el arquitecto Donato Bramante. En la Ciudad Eterna se convertiría en el favorito de los papas Julio II y León X. Si bien la idea inicial era que participase junto a otros artistas en la decoración de la biblioteca personal de Julio II cuando el pontífice vio de lo que el recién llegado era capaz, se deshizo de los demás y le confió todo el trabajo. Los expertos todavía se preguntan cómo un artista de 25 años consiguió reemplazar a una generación de pintores veteranos y asumir en solitario la decoración de la más representativa de las salas del Vaticano, la Stanza della Segnatura (la Estancia del Sello) para la que creó sus frescos más célebres: la Escuela de Atenas y la Disputa del Santísimo Sacramento. En la exposición se pueden ver bocetos preparatorios para ambos. Hacia 1510, Rafael ya era el pintor más visible y prolífico en la corte vaticana cuando León X le encargó la abrumadora tarea de diseñar unos grandiosos tapices para ser colgados en la Capilla Sixtina en las ocasiones especiales. Tejidos en Bruselas con materiales lujosos, estos tapices estratosféricamente caros contribuyeron a la bancarrota del papado. Con sus innovadoras composiciones, insólitas armonías de colores y una escala monumental, pronto fueron la envidia de los monarcas en toda Europa. Tres gobernantes -Enrique VIII, Francisco I y Carlos V- encargaron segundas ediciones tejidas a partir de los cartones de Rafael. La exposición concluye analizando cómo Roma y sus antiguos monumentos transformaron el arte de Rafael, y también cómo su propia obra cambiaría la cara de Roma. En 1517, el artista adquirió el Palazzo Caprini, donde vivió sus últimos años. El «príncipe de los pintores» murió un Viernes Santo con apenas 37 años convirtiéndose en leyenda desde ese mismo instante. Toda Roma acudió a su entierro en el Panteón cuyo sepulcro contiene la siguiente inscripción: “Aquí yace Rafael. Mientras vivió, la madre de todas las cosas (Naturaleza) temió verse superada por él; tras su muerte, temió ella a su vez fallecer.” [Foto: Retrato de Baldassare Castiglione. Musée du Louvre © RMN-Grand Palais / Art Resource, NY] Hasta el 28 de junio. The Metropolitan Museum of Art. Nueva York. Metmuseum.com












