• Paolo
  • La forja de un genio

    Peter Paul Rubens (1577-1640), “príncipe de pintores, pintor de príncipes”, nació en la ciudad alemana de Siegen y recibió una esmerada educación. Hablaba varios idiomas, entre ellos latín e italiano, y su profundo conocimiento de la literatura, la filosofía, la mitología y la teología le ayudaron a ejecutar grandes escenas históricas y mitológicas de maneras innovadoras y emocionantes. El Museo de Bellas Artes de Valencia (muBAV) que dirige Pablo González Tornel reivindica al “Homero de la pintura”, como lo llamó Delacroix, con la exposición Rubens. El florecimiento de un genio. Comisariada por Ana Diéguez-Rodríguez, directora del Instituto Moll, la muestra traza su desarrollo artístico desde su aprendizaje en los talleres de Tobias Verhaecht, Adam van Noort y Otto van Veen hasta su admisión como maestro en el Gremio de San Lucas de Amberes en 1598 y su posterior trabajo para la corte. “Rubens tomó la tradición y la renovó para adaptarse a las necesidades de sus comitentes logrando unas escenas únicas y reconocibles”, sintetiza la comisaria sobre las claves del impacto de su estilo en Europa.  

    La exposición recorre las etapas de su itinerario profesional entre las que merece atención especial la que pasó en Italia (1600 – 1608). “El viaje a la península italiana era parte del proceso de formación de los artistas flamencos de la Edad Moderna. No era algo excepcional”, observa Diéguez-Rodríguez, “en su caso fue un viaje consensuado, pues no era un artista “in training”, sino que entró a trabajar como pintor para una de las cortes más cosmopolitas como era la del duque de Mantua. Allí tuvo oportunidad de conocer de primera mano el trabajo de Giulio Romano y sus monumentales escenas, así como acceder a obras clásicas que copió. Sus viajes por el resto del territorio, le dieron la oportunidad de seguir viendo y conociendo. Recibió importantes encargos desde muy pronto en los que ya mostró todo de lo que era capaz.” La muestra se apoya en 61 obras entre las que hay algunas realizadas en colaboración. A este respecto la comisaria hace hincapié en la capacidad de Rubens para trabajar con especialistas temáticos, “no sólo con pintores generalistas de los que pudiera servirse en un momento determinado para pasar sus ideas (bocetos) a grandes formatos, sino aquellos maestros ya reconocidos y con talleres independientes que no tienen ningún complejo en aunar fuerzas para sacar adelante obras de una calidad técnica extraordinaria. Eso, además de ganar en calidad, también es algo que le ayuda a ser muy eficaz en su trabajo, pues funciona como una especie de “fábrica por piezas” (para que se entienda en un lenguaje contemporáneo) donde cada uno pone lo mejor de su especialidad y ganar tiempo. Rubens no tiene complejos con ninguno de sus colegas y es realmente generoso, dándole su sitio a cada uno de ellos dentro del taller. Son muchos los artistas que colaboraron con él y el estilo de cada uno les delata, desde Jan Brueghel I a Jan Wildens.” 

    Rubens, Virgen de Cumberland

    En la muestra el visitante podrá disfrutar de descubrimientos y préstamos excepcionales. Entre los más significativos hay que citar una de las pinturas de la serie de la Creación de Pietro Facchetti que Rubens debió restaurar tras los daños sufridos durante su traslado desde Mantua a la corte de Felipe III en Valladolid; un boceto al óleo para el altar mayor de la Chiesa Nuova de Roma; y la posible identificación, dentro de un fragmento conservado, de parte de la composición perdida de La continencia de Escipión de Rubens.

    Otro de los alicientes es la posibilidad de contemplar obras recién restauradas o que no se exhiben habitualmente. “Hemos tenido la suerte de contar con la generosidad de muchos prestadores que entendieron la importancia de que sus obras lucieran lo mejor posible dentro de la muestra”, afirma la comisaria, “obras que si no fuera por esta exposición sería muy difícil que entraran en los cauces habituales de restauraciones en sus centros o museos. Esta presentación ha dado la oportunidad de sacar del anonimato piezas de una belleza extraordinaria, que será la primera vez que puedan verse, no sólo restauradas sino también puestas en su contexto.”

    Pintor, diplomático y erudito, la figura de Rubens desborda la del mero artista. “Me fascina toda la cultura que manejaba, no sólo fuentes literarias sino también visuales. Era un artista muy mental, y así lo refleja en el taller que crea en Amberes, donde uno de los lugares más interesantes es su “gabinete de curiosidades”, apunta Diéguez-Rodríguez, “un lugar que recrea a modo de espacios clásicos con importantes antigüedades que conservará durante toda su vida y donde también guardaba diseños y dibujos propios que luego empleaba para inspirar sus composiciones. Era un hombre muy trabajador y con un gran sentido del deber. Además de valorar de forma especial a la familia y a las buenas amistades.” [Hasta el 4 de octubre. Museo de Bellas Artes. Valencia. Museobellasartesvalencia.gva.es]

    Joost de Momper y Jan Brueghel II, Paisaje de montaña con mulas
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