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Inicio » Entrevista » Francisco Leiro, un escultor a quemarropa

“De niño en vez de cromos, coleccionaba fotos de esculturas”, confiesa Francisco Leiro (Cambados, 1957) que construye y deconstruye con manos grandes y firmes, desterrando ideas rígidas para poder afinar la vista sobre la condición humana. Nació a orillas de la Ría de Arousa, en Cambados, villa marinera cuyas plazas, iglesias y pazos están hechos de granito, como casi todo lo antiguo en Galicia. Se fue a Madrid al despuntar la democracia, donde hoy reside alternando temporadas en Pontevedra. La suya es una carrera ascendente cuajada de muestras individuales y extensas retrospectivas como, entre las más recientes, Roteiro en la sala Tabacalera, y Antropomórfico en el MARCO de Vigo. El escultor gallego, nombrado este año académico por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se reencuentra este mes con el público madrileño en la galería Marlborough donde presenta A filla da porteira. [Amalia García Rubí]