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Inicio » Exposición » Homenaje al legado de Fernando Meana

El pasado 9 de abril, la familia Meana Larrucea y Carlos Garaicoa inauguraron la exposición Razón y Locura con motivo del primer aniversario del fallecimiento de Fernando Meana Green. Iniciativa que, a modo de despedida, ha rememorado la importancia del mecenazgo cultural por él desempeñado en los últimos cincuenta años. Se presentó una pequeña y meticulosa selección de piezas, integrantes de la colección que Fernando formó junto a su esposa y su hija Estefanía, así como un conjunto de fotografías intervenidas de Carlos Garaicoa. La estrecha relación personal que existía entre el artista y el coleccionista quedó reflejada en el sutil y enriquecedor contrapunto surgido de la coexistencia de estas obras. Se produce así un escenario conceptual en el que el artista parece solucionar – también en su rol de (co) curador- el vacío de una última conversación con el amigo querido.
Solo una mente tan visionaria como la de Fernando podía suponer un escenario donde el arte de nuestro tiempo se plantee como herencia poética. En este aspecto, su visión tiene muchos puntos en común con la historia del mítico Cif Amotan II, propietario del tesoro del Increíble, recientemente rescatado del fondo del Océano Indico y apropiado por el atrevido Damien Hirst. En ambos casos coleccionar significa legar al hombre del futuro fragmentos de una aventura intelectual y emotiva muy personal, pero entrecruzada con la historia.
Ello se percibe en la organización de la muestra, a partir de cuatro núcleos fundamentales. El primero es un inventario de artefactos fantásticos, revelación de las fisuras de la razón. Destaca, junto a un magnífico papel de Sol Lewitt, un volumen voluntariamente místico de Miroslaw Balka. Un punto muy atractivo de este conjunto es Excercise on 3D de Rosangela Renno, que tiene el plus de ser la última pieza adquirida por el coleccionista. El segundo resulta un ejercicio pasional muy especialmente enfocado en la personalidad de Fernando y su amor por el mar. Razão o locura, obra de Cildo Meireles que da título a la exposición, es el centro alrededor del cual giran las osadas marinas de Carlos Garaicoa, Asunción Molinos, José Antonio Suárez Londoño y un video de Chen Chie-Jen. El tercer conjunto reúne un grupo de obras versadas en las maneras en las que el hombre contemporáneo se apropia de la naturaleza. Una pintoresca y juguetona pieza de B. Wurtz nos hace cómplices de una historia de derroche e indiferencia; mientras la artificiosa brújula de Olafur Eliasson rememora una época en la que aún sabíamos escuchar las señales más sutiles del cosmos. Por último, el cuarto conjunto es un descenso a los secretos más cálidos del ser y la conciencia. Closure, video de William Doherty fechado en 2005, nos sumerge en una suave atmósfera de turbación espiritual. Se emprende un viaje, quizás el último, al centro del ánimo; alegoría quizás de la ausencia física de Fernando. Las fotografías de Ana Mendieta diluyen todas las dudas al respecto, al ser panegírico de la tierra, el reposo del cuerpo, la huella, la eternidad.
Este pequeño, tibio y emocionante homenaje es también una reflexión sobre el verdadero sentido de “lo contemporáneo”, pregunta que alimentó siempre la curiosidad de Fernando, no solo por el arte, sino también por la vida. Hoy su legado nos habla de la imagen y la ficción que a través de nuestros actos dejaremos a las futuras generaciones. Luis Enrique Padrón [Fotos: Estudio Carlos Garaicoa © Oak Taylor-Smith]